sábado. 20.04.2024
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Opinión • Mundo interior – intimidad • Arturo Mora

“Tener intimidad con uno mismo no es un juego de palabras…”
Opinión • Mundo interior – intimidad • Arturo Mora

La paz es aceptar hoy, liberar el ayer, y renunciar a la necesidad de controlar el mañana.
Lori Deschene

Mire, respire, sienta el viento, o el calor, o la brisa, analice las nubes, prediga que va a llover. Y, sobre todo, escuche: no hay sonido más reconfortante y más ignorado que el de la vida cotidiana.
Julio Cortázar

A mi edad uno es sincero forzadamente, mentir cansa mucho.
Albert Camus

El único amor consecuente, fiel, comprensivo, que todo lo perdona, que nunca defrauda y nos acompaña hasta la muerte, es el Amor Propio.
Oscar Wilde

Se llega a un punto en que no hay nada más que la esperanza y entonces descubrimos que aún lo tenemos todo.
José Saramago

Frédéric Beigbeder escribió:  "Estar solo se ha convertido en una enfermedad vergonzosa. ¿Por qué todo el mundo huye de la soledad? Porque obliga a pensar. En nuestros días, Descartes ya no escribiría "pienso, luego existo". Diría: "Estoy solo, luego pienso." Nadie desea la soledad porque te deja demasiado tiempo para pensar. No obstante, cuanto más piensa uno, más inteligente es, o sea, más triste".

Uno de los procesos de comunicación más importantes en la constitución de la vida psíquica de una persona es el diálogo interno - la comunicación intrapersonal-. Es un soliloquio que se construye desde el lenguaje que nos ha dado el “otro”, en un nivel de conciencia que es al final de cuentas la posibilidad de dar orden a las ideas, emociones, sentimientos,  convicciones y valores personales interiorizados a través de nuestra trayectoria de vida.

Pensar es dialogar con uno mismo, desde nuestros referentes culturales, con las palabras -sus significados y sus significantes-. Es una manera de confrontar nuestra realidad versus nuestros deseos explícitos, latentes y del inconsciente.

Hay cosas que nos motivan, que nos animan y otras que nos preocupan, que nos ponen en lugares de incertidumbre, desasosiego, intranquilidad, aun ansiedad y congoja. La viday el pensarla es un océano individual, que se mueve como un mar propio, que a veces tiene la serenidad de la calma sosa y en otras es mar agitado por el viento y por las corrientes que se mueven en su interior, entre densidad y temperatura, que crean una dinámica de fluidos que crea olas enormes que revientan contra acantilados majestuosos, que descargan su fuerza sobre rocas inmensas o bien terminan en las playas de arena fina. Que son testimonio de la constancia de océano para triturar afiladas rocas y muros descomunales. Así nuestros pensamientos y sentimientos.

Tener un mundo interior, una intimidad con uno mismo, es una necesidad más que urgente en estos tiempos de frenesí, de sobreexposición en pantallas, en la falaz idea del sincericidio, que no es otra cosa que un acto egoísta que no toma en cuenta el estado de ánimo de los demás, y que se ampara en el supuesto valor intachable de la verdad para hacer daño de forma deliberada o inconsciente, en una sociedad que cree tramposamente que la transparencia de lo que lo que se piensa y siente es honestidad.

La verdad es relativa siempre. Nunca “es” lo que “es” desde quien la pronuncia. La subjetividad que nos hace personas nos obliga al diálogo, y con ello a la construcción de una intersubjetividad que nos hace corresponsables socialmente de nuestras miradas y opiniones, que -dicho sea de paso-implica asumir que “Cuando comprendes que toda opinión es una versión cargada de historia personal, empiezas a comprender que todo juicio es una confesión”, como escribió Nikola Tesla.

Tener intimidad con uno mismo no es un juego de palabras. Tener un mundo propio, un mundo interior nos lleva a aceptar, y asumir que quien no tiene secretos no tiene piedad, y no se trata de mentir, engañar, se trata de aceptar la vida que tenemos y hacernos cargo de nuestras decesiones de las motivaciones, intereses y deseos que nos llevaron a actuar de una forma determinada y que ese “yo sé por qué lo hice” nos lleva a mesurar lo que se dice, a filtrar a través de las palabras, a gestionar las emociones y a la expresión de los sentimientos y las ideas de las forma más pertinente, de la manera más adecuada y por tanto inteligente lo que somos y lo que vamos siendo.

Un mundo en donde somos observados, en donde el fetiche del voyerismo es una demanda social, en donde la vida de actores, actrices, deportistas, políticos y figuras publicas es expuesta sin ningún pudor y que alientan programas que muestran la vida como en la icónica película Truman Show, y que ahora la “Casa de los famosos” o “Acapulco Shore” son replicas grotescas de eso que el Big Brother de George Orwell anunció en su novela 1984. Control social a través la propia exposición y difusión de lo que se hace todos los días, lo que se come, lo que se viste, lo que realizas, una sociedad de la transparencia que el mercado le ha dado un valor, bajo la premisa de que la vida vale solamente si es vista y se difunde en Facebook, Instagram, Twitter y ahora TikTok, en donde cada sujeto es su propio objeto de publicidad, siguiendo las reflexiones de Byung-Chul Han.

Comparto tres poemas, que ponen en palabras este acto de pensar desde y con un mundo interior, con la intimidad como valor humano, que sin duda alguna nos lleva a las preguntas y las respuestas que nos damos a nosotros mismos para conocernos, para tener la posibilidad de tener esos secretos que nos hacen tener una singularidad y que nos permiten acceder a la consciencia para no mentir y para no mentir a otros, para tener el diálogo interpersonal la posibilidad de ser uno junto con otros, eso otros que nos constituyen y nos hacen necesariamente sujetos con dignidad y libertad. Saramago, Yourcenar y Benedetti nos dan unas pistas desde la poesía para cultivar la intimidad y dar valor a tener un mundo interior.

Intimidad
En el corazón de la mina más secreta,
En el interior del fruto más distante,
En la vibración de la nota más discreta,
En la caracola espiral y resonante,

En la capa más densa de pintura,
En la vena que en el cuerpo más nos sonde,
En la palabra que diga más blandura,
En la raíz que más baje, más esconda,

En el silencio más hondo de esta pausa,
Donde la vida se hizo eternidad,
Busco tu mano y descifro la causa
De querer y no creer, final, intimidad.
José Saramago



Una parte
Una parte de cada vida,
y aun de cada vida insignificante,
transcurre en buscar las razones de ser,
los puntos de partida,
las fuentes.
Mi impotencia para descubrirlos
me llevó a veces a las explicaciones mágicas,
a buscar en los delirios de lo oculto
lo que el sentido común no alcanzaba a darme.
Cuando los cálculos complicados resultan falsos,
cuando los mismos filósofos no tienen ya nada que decirnos,
es excusable volverse hacia el parloteo fortuito de las aves,
o hacia el lejano contrapeso de los astros.
Marguerite Yourcenar





De vez en cuando

De vez en cuando hay que hacer
una pausa
contemplarse a sí mismo
sin la fruición cotidiana
examinar el pasado
rubro por rubro
etapa por etapa
baldosa por baldosa
y no llorarse las mentiras
sino cantarse las verdades.
Mario Benedetti