Opinión • Puntas de la madeja • Arturo Mora

“Nuestra existencia es un tejido que se crea en el telar de la vida…”
Opinión • Puntas de la madeja • Arturo Mora

He dejado de acordarme de lo que ayer ocurrió y de preguntarme qué ocurrirá mañana. Lo que ocurre hoy, en el minuto presente, es lo que me interesa.

Nikos Kazantzakis

Toda mi vida mi corazón ha añorado algo que no puedo nombrar.
Sylvia Plath

Sí, merezco una primavera, y no le debo nada a nadie.
Virginia Woolf

Nada está nunca acabado, basta un poco de felicidad para que todo vuelva a empezar.
Émile Zola



Encontrar las puntas de la madeja, sabiendo que no conocemos dónde es el principio o el final, es la analogía que nos puede ayudar a visualizar la forma en la que podemos explicarnos lo que somos. Una madeja también llega a tener nudos, pocos o muchos sobre la propia hebra, y otros amarres que unen otros tramos al azar, haciendo que obtener una sola línea sin nudos sea un desafío, y que desenredarla implica paciencia, control de emociones y dedicación de tiempo, lo que se asemeja al proceso de conocernos como personas. 

La memoria opera de la misma manera. Las conexiones que hacemos desde de los recuerdos, junto con la información que tenemos, las emociones y sentimientos que se convocan en relación con las experiencias y el nivel de organización de las ideas, hacen que sea una verdadera madeja neuronal. Las relaciones que se establecen entre las diversas áreas del cerebro, y la forma en que se “organiza” la consciencia y el inconsciente, es una compleja madeja biológica que se forma entre axones, neuronas, hormonas, neurotransmisores e impulsos eléctricos en el tiempo, lo que además implica considerar el desarrollo y funcionamiento metabólico y fisiológico del cerebro.

Hoy sabemos más sobre cómo opera el pensamiento y sobre su relación integral con la conducta humana y con muchas de condiciones de salud física y mental. Nada tan fascinante como buscar comprender cómo funcionamos.

Encontrar las puntas de la madeja, es una condición necesaria para ser quienes somos y deseamos ser, hasta el último día de nuestra existencia. La pulsión de vida como búsqueda del deseo nos alienta a significar la existencia, a preguntar y responder esos enigmas, dilemas y contradicciones. 

Pare encontrar la punta e iniciar el trabajo de conectar la paciencia con los dedos, con la mirada y con la mente y el corazón, se necesita la convicción y necesidad de aceptar que la vida es una suma de circunstancias, contextos y decisiones. 

Conocernos es un proceso inacabado porque cada nueva experiencia, cada nuevo conocimiento, cada emoción y sentir, mueve todo. Es como si agregáramos un pedacito de cristal al interior de un caleidoscopio, con lo que la configuración cambiaría totalmente, y entre giros de nuevos cristales somos una versión inédita de nosotros mismos. Pero si conocemos los cristales de nuestro interior, si sabemos cuándo se agregaron, qué paso con ellos, y si sabemos quénos mueve y con qué perspectiva proyectamos lo que somos, estamos en condiciones de conocernos como parte de un proceso terapéutico, que en la mayoría de las veces requiere la presencia de otro -el analista-, y de asumir qué esperamos de nosotros mismos, y que cosas debemos ajustar y cambiar.

En ese proceso está el ejercicio de la libertad, y con ello de la voluntad. El deseo de conocernos sin atajos, y sabiendo que mucho de lo que somos ha implicado renuncias, pérdidas y duelos, pero también logros, recompensas, satisfacción, placer, alegría y felicidad. Ambas dualidades hacen que la acción se convierta en la conducta de la búsqueda del deseo y, a la vez, en la protección de uno mismo ante aquello que causa dolor.

Encontrar lo que nos ayuda a desenmarañar la madeja pasa por entender que somos únicos e irrepetibles, pero que muchas veces se requiere ayuda para lograrlo. El diálogo interior es importante, pero necesitamos estar con el otro, hablar, poner en palabras la vida y todo lo que conlleva, y requerimos que alguien nos escuche con atención, sin prejuicios y con empatía.

Encontrar las puntas a la madeja y hacer un carrete sinnudos, es también la posibilidad de tejer junto con otros la vida. Nuestra existencia es un tejido que se crea en el telar de la vida. Muchas personas participan en el trabajo de hacer que cada hebra sea parte de algo más grande. Es un tejido multicolor, lleno de signos y símbolos que toman su significado en un yo y un nosotros.

Eduardo Galeano escribió: De nuestros miedos nacen nuestros corajes, y en nuestras dudas viven nuestras certezas. Los sueños anuncian otra realidad posible, y los delirios otra razón. En los extravíos nos esperan los hallazgos, porque es preciso perderse para volver a encontrarse. Fernando Pessoa acuñó: Llega un momento en que es necesario abandonar las ropas usadas que ya tienen la forma de nuestro cuerpo, y olvidar los caminos que nos llevan siempre a los mismos lugares. Es el momento de la travesía. Y si no osamos emprenderla, nos habremos quedado para siempre al margen de nosotros mismos.

Habrá que tomar el coraje y la decisión para seguir buscando conocernos, para entender al ser en el mundo y un estar el mundo, que es lo que somos desde la reflexión filosófica que desarrolló Heiddegger, lo que es también encontrar las puntas de la madeja.