martes. 16.04.2024
El Tiempo

Opinión• Ser ahora • Arturo Mora

“Vivimos una saturación de información banal, falsa, inútil y, de muchas formas, manipuladora…”
Opinión• Ser ahora • Arturo Mora

Soy un modesto, modestísimo, obrero del pensamiento, que acopio y ordeno materiales para que otros que vengan detrás de mí sepan aprovecharlos. La obra humana es colectiva; nada que no sea colectivo es ni sólido ni durable.
Miguel de Unamuno


A veces creo que nada tiene sentido. En un planeta minúsculo, que corre hacia la nada desde millones de años, nacemos en medio de dolores, crecemos, luchamos, nos enfermamos, sufrimos, hacemos sufrir, gritamos, morimos, mueren, y otros están naciendo para volver a empezar la comedia inútil. ¿Sería eso, verdaderamente? ¿Toda nuestra vida sería una serie de gritos anónimos en un desierto de astros indiferentes?
Ernesto Sábato


Aprendí que las personas olvidarán lo que dijiste, olvidarán lo que hiciste, pero las personas nunca olvidarán cómo las hiciste sentir.
Maya Angelou


La apariencia de las cosas cambia según las emociones; y así vemos magia y belleza en ellas, mientras que la magia y la belleza están realmente en nosotros mismos.
Kahlil Gibran


Hay momentos en que los sueños nos sostienen más que los hechos. Por eso, a veces leer un libro y entregarse a una historia nos ayuda a vivir.
Meghan Cox Gurdon

 

Octavio Paz escribió en El laberinto de la soledad:  "Ser uno mismo es, siempre, llegar a ser ese otro que somos y que llevamos escondido en nuestro interior, más que nada como promesa o posibilidad de ser”. El infinito es una definición del tiempo y del espacio que nos contiene y es ahí donde transcurre y transgrede la palabra para intentar nombrar lo que no somos y eso que somos. Paradoja dilemática, dialéctica y hasta distópica, que invita a un juego entre lo ideal y lo real, que nos catapulta pese a nuestras resistencias y creencias, a lo desconocido y a la aceptación de la falibilidad del ser y, por tanto, a su finitud.

Vivimos una saturación de información banal, falsa, inútil y, de muchas formas, manipuladora. Hoy tendremos que desarrollar un sistema de protección, personal y colectiva, ante la intención de explotar nuestras emociones como si fuera la única manera de reaccionar ante lo que sucede en el mundo. La psicopolítica se pone de moda como discurso dominante y como nuevo instrumento de homogenización de la voluntad, que operativiza desde las esferas y élites del poder político, pero sobre todo las del poder económico, las nuevas formas de seducción y de control social.

La saturación de propaganda política en todos los medios, y el uso y abuso de los mecanismos que se propician en las redes sociales, se convierte, por donde se quiera ver, en una nueva forma de violenciaa la que se nos expone, y que busca crear estados alterados de la conciencia y del pensamiento, paraexplotar sensaciones y alterar las emociones, trabajary manipular a la ciudadanía a través del miedo, y con el uso de la fantasía en ofrecimientos que no se cumplirán.

Habrá que partir de que percibimos la realidad, el temor y las promesas, desde los referentes y representaciones de clase social, ingresos, capital cultural, perspectiva de género, creencias religiosas, nivel educativo y de edad, entre otras variables que modifican y hasta determinan cómo pensamos e integramos la realidad a nuestra vida cotidiana.

Las condiciones de la vida material, los contextos socioculturales y los entornos afectivos, han cambiadode manera vertiginoso, y actuamos de forma reactiva, instintiva, sin elementos sólidos para sostener y construir nuevas respuestas que apunten a una reformulación de los acuerdos sociales, culturales y políticos para intentar refundar el pacto social o para establecer acuerdos que permitan poner en el centro los temas de la igualdad, la equidad, la justicia social, la calidad de la educación, el derecho a la salud, la protección y conservación de la naturaleza, la vivienda y la alimentación, y desarrollar acciones para la convivencia social, y con ello exigir un Estado de Derecho y la vigencia de los Derechos Humanos.

“Ser” es hoy un desafío en lo individual, pero sobre todo en lo colectivo. Necesitamos ayudarnos a pensar de forma critica, salir de la polaridad que busca el encono y el enfrentamiento. Se requiere hablar y escuchar para analizar los hechos, Se necesita pensar la realidad desde las diversas miradas de los actores sociales, políticos, económicos, culturales sobre lo que sucede, a la vez de comprender cómo los elementos estructurales del modelo de producción capitalista de mercado siguen condicionando la manera en que asumimos y entendemos la vida.

Son tiempos en que lo emocional nos sobrepreocupa. El tema de la felicidad como punto central de la vida está hoy asociada casi exclusivamente al éxito económico, y seguimos sin querer darnos cuenta deque la acumulación extrema de la riqueza imposibilitaen los hechos la movilidad social, que el ascenso es sólo para unos cuantos, y que los pocos que lo logranse convierten en los modelos efímeros del triunfo. Continuamos sin aceptar que las estructuraseconómicas vigentes determinan en lo real lascondiciones de oportunidad para acceder al éxito económico, que el triunfo -si así le queremos nombrar-no pasa por el esfuerzo personal, ni por los méritos educativos, mucho menos por el optimismo voluntarista de los libros de autoayuda para hacerse rico, ni se logra por seguir las enseñanzas de los gurús y coaches empresariales y de negocios que venden humo abusando de la necesidad e ingenuidad de las personas.

Asumirnos como sujetos de derechos es el primer paso para buscar nuevos equilibrios sociales y materiales, y con ello encontrar pistas de oportunidad para evitar el dolor y el sufrimiento humano, que se genera al sostener un modelo de expoliación de la naturaleza y de prácticas culturales y productivas de dominación, que propician la explotación de las personas y no distribuyen la plusvalía con criterios sociales para el bien común.

“Ser” es ahora un imperativo moral, social y político, que pasa necesariamente por el encuentro con los demás. Requiere el valor de poner el bien común como valor social y humano prioritario, ponerlo de manera urgente ante la banalidad del mal.