Opinión • Sortilegios • Arturo Mora
“Es una época de incredulidad en un sentido social, donde todo se pone en duda, pasa y pesa por el escrutinio de una "opinología" acrítica en las redes sociales, que muchas veces está basada en noticias falsas, en usos de la Inteligencia Artificial para desinformar, para crear miedo y dirigir la mirada y el pensamiento hacia intereses económicos y políticos de forma tendenciosa…”
En algún lugar de alguna selva,
alguien comentó: Qué raros son los civilizados.
Todos tienen relojes y ninguno tiene tiempo.
Eduardo Galeano
Me gusta hablar con personas rotas
o que algún día lo estuvieron.
Es grandioso ver cómo almas muertas
se empeñan en seguir brillando.
Charles Bukowski
Hasta que no vacíes tu alma
de todo lo que te atormenta, nunca podrás llenarla
con todo lo que te hace feliz.
Antoine de St. Exupéry
A veces continuar, simplemente continuar,
es un logro sobrehumano.
Albert Camus
Y en mi locura, he hallado libertad y seguridad.
La libertad de la soledad,
y la seguridad de no ser comprendido;
pues quienes nos comprenden,
esclavizan una parte de nuestro ser.
K. Gibrán
Las verdaderas riquezas de la vida
siempre son las mismas y son gratuitas:
el aire, el agua, la luz, el silencio y la libertad.
Séneca
Desechad tristezas y melancolías.
La vida es amable, tiene pocos días
y tan sólo ahora la hemos de gozar.
Federico García Lorca
Mirar hacia atrás es más triste que terminar de irse.
Roy Herbach
La sencillez es la búsqueda de la esencia.
Y la esencia nunca es trivial.
Fabrizio Caramagna
A veces, el desastre y la belleza se rozan.
Virginia Woolf
He visto y conocido
ángeles disfrazados de gente común
viviendo vidas ordinarias.
Tracy Chapman
En los momentos oscuros de la vida,
toma el ejemplo del girasol:
levanta la cabeza y busca tú el rayo de sol.
Giorgia Stella
Es la fiebre de la primavera. Así se llama.
Y cuando la tienes, deseas…
bueno, no sabes muy bien qué es lo que deseas,
¡pero te duele el corazón de lo mucho que lo deseas!
Mark Twain
No hay puerta, ni cerrada, ni cerrojo
que puedas imponer a la libertad de mi mente.
Virginia Woolf
Y ahora ya no tengo dudas.
No tengo remordimientos, ya no tengo sombras,
no tengo pecado, no tengo pasado.
Sólo tengo unas ganas enormes de volver a empezar.
Y de ser feliz.
Federico Moccia
La mayoría de las personas
están listas para cualquier cosa
con tal de no enfrentarse a sí mismas.
Hermann Hesse
La vida es frágil, incierta y maravillosa.
Vivirla plenamente significa aceptar su complejidad,
sus contradicciones y su misterio,
sin pretender controlarlo todo.
Edgar Morin
Es una época de incredulidad en un sentido social, donde todo se pone en duda, pasa y pesa por el escrutinio de una "opinología" acrítica en las redes sociales, que muchas veces está basada en noticias falsas, en usos de la Inteligencia Artificial para desinformar, para crear miedo y dirigir la mirada y el pensamiento hacia intereses económicos y políticos de forma tendenciosa.
Al mismo tiempo, emerge con fuerza una necesidad y una necedad de creer en los sortilegios, en la magia, en los efluvios cósmicos, en la superstición, en los mitos, en las leyendas urbanas, en los productos milagro, en la mala suerte y la buena fortuna, y en todo aquello que nos intenta dar cierta tranquilidad, pero, sobre todo, exculparnos y disculparnos de nuestras acciones u omisiones, colocando fuera de nosotros, "del yo", las responsabilidades que conlleva la vida y la consciencia del ejercicio de la libertad en la vida social, en la realidad concreta y material de la existencia.
William Shakespeare en el siglo XVI escribió:
Esta es la suprema necedad del mundo, que cuando la fortuna nos da la espalda, a menudo debido a los excesos de nuestro propio comportamiento, echamos la culpa de nuestras desgracias al sol, la luna y las estrellas. Como si fuéramos canallas por pura necesidad; estúpidos porque los cielos lo disponen; pícaros, ladrones y traidores por influencia de las esferas; borrachos, mentirosos y corruptos por obediencia al influjo planetario; y todo el mal que hay en nosotros, por una imposición sobrenatural. ¡Admirable evasión del hombre deshonesto, culpar de sus viciosas tendencias a una estrella!
En el siglo XVII Baruch Spinoza expresó:
Tan fácil como es a los hombres dejarse llevar por todo género de supersticiones, tanto les es difícil persistir en una sola; añadid que el vulgo, siempre igualmente ignorante, no puede nunca permanecer en reposo, que corre hacia las cosas nuevas que todavía no le han engañado.
En el siglo XXI Paul Auster plasmó una de las condiciones humanas que buscan ser refugio para el pensamiento mágico:
Crees que nunca te pasará, que no te puede pasar a ti, que eres la única persona en el mundo a la que ninguna de estas cosas le sucederán jamás, y luego, una por una, todas empiezan a sucederte, de la misma manera que suceden para todos los demás.
Esto no va en sentido opuesto a la necesidad de tener fe y de tener esperanza en lo que hacemos, en la construcción creativa de la vida, en el afán incansable de encontrar soluciones y salidas a los problemas que se nos presentan, de poner en acción nuestras capacidades, habilidades, conocimientos, destrezas y competencias humanas, articuladas e integradas desde la inteligencia, la intuición, la sensibilidad, la curiosidad, la creatividad, el pensamiento crítico, el saber humano acumulado, con los recursos culturales y la memoria histórica, que se condensan para enfrentar los retos, los desafíos y las incertidumbres con el esfuerzo y la voluntad para vivir con dignidad y de la mejor manera posible con los demás.
La vida es realidad y es también representación, es símbolo y es imaginación, el nudo gordiano —lo real, lo imaginario y lo simbólico— desarrollado por Lacan. Y ahí, el aceptar y experimentar, como dijo Johnny Lee Romero:
Uno de los momentos más liberadores de nuestra vida es cuando abrazamos por completo lo desconocido y aceptamos que está perfectamente bien no saber qué va a pasar, mientras avanzamos sin miedo hacia lo que realmente deseamos. ¡En medio de lo desconocido es donde se despliega la magia de la vida!
Es evidente que la vida no es fácil para las grandes mayorías, para nadie en sentido estricto, porque en lo humano se condensan las contradicciones que cada ser humano experimenta en las diversas etapas del desarrollo humano. Dirá Albert Camus:
Nos parecemos por nuestros silencios y ausencias. Y, por qué no decirlo, también por las desgracias que bebemos de la savia de los días y contra las que tan difícil, tan agotador es luchar cuando la juventud se aleja y, con ella, la fuerza que dan la insolencia y la indiferencia. Sí, estoy cansado, lo reconozco, pero no lo bastante para dejar de querer a quienes quiero incondicionalmente.
En esas contradicciones y conflictos se presenta y emerge la capacidad de reflexión personal. Charles Dickens lo ejemplificó así:
Yo sé que soy una criatura solitaria y sin recursos, y que no solamente todo va contra mí, sino que yo voy contra todo el mundo. Sí, sí, yo siento más que los demás y lo demuestro más, ¡esa es mi maldición!... Yo misma no sé lo que desearía ser; pero sé lo que soy. Mis desdichas me han agriado. Las siento, y veo que me vuelven agria. Desearía no sentir, pero siento. Quisiera poder ser dura de corazón, pero no puedo.
Y al mismo tiempo está presente una condición propia de la singularidad humana: cada uno es lo que es y anda con lo puesto, con eso que es como ser humano y como parte del proceso de construcción social como individuo y como ente social. Herman Hesse puso en palabras esa aspiración y lucha en su libro El lobo estepario:
Nunca ha tenido hombre alguno una necesidad más profunda y apasionada de independencia que él. En su juventud, siendo todavía pobre y costándole trabajo ganarse el pan, prefería pasar hambre y andar con los vestidos rotos, si así salvaba un poco de independencia. No se vendió nunca por dinero ni por comodidades, nunca a mujeres ni a poderosos; más de cien veces tiró y apartó de sí lo que a los ojos de todo el mundo constituía sus excelencias y ventajas, para conservar en cambio su libertad. Ninguna idea le era más odiosa y horrible que la de tener que ejercer un cargo, someterse a una distribución del tiempo, obedecer a otros.
Sin duda alguna, la vida se carga de duelos, de pérdidas y encuentros las más de las veces eternamente fugaces, y ahí el poder comprender, como escribió Bruce Coville, es lo que da motivo a la fe y a la esperanza:
Nada de lo que amas está perdido. No realmente. Las cosas, las personas, siempre desaparecen tarde o temprano. No puedes sostenerlos más de lo que puedes sostener la luz de la luna. Pero si te han tocado, si están dentro de ti, entonces siguen siendo tuyos. Las únicas cosas que realmente tienes son las que tienes dentro de tu corazón.
Y es que tenemos que comprender que también el mundo está lleno de gente que se extraña y extraña. Si alguien en el mismo momento en el que tú estás pensando en alguien está pensando en alguien que a su vez piensa en ella o en él, resulta que el mundo está lleno de gente que se extraña y que, de algún modo, todos en el mundo pensamos en todos. La humanidad unida por el dolor de querer y no poder estar con alguien. La humanidad unida por los adioses y los 'ya estoy aquí'. La humanidad es un aeropuerto, escribió María Fernanda Ampuero.
En estos encuentros y despedidas, lo que nace es el recuerdo y su contraparte, el olvido: A veces creo que está bien tomar un pedazo de recuerdo y aferrarme a ello. Si es lo único que tengo para evocar los buenos momentos. De eso se forma y nutre mi jardín interno, expresó Ani Valencia. O como lo dijo Marguerite Duras: Yo, como tú, he intentado con todas mis fuerzas combatir el olvido. Como tú, he olvidado. Como tú, he querido tener una memoria inconsolable, una memoria de sombras y de piedra. He luchado todos los días, con todas mis fuerzas, contra el horror de no comprender del todo el porqué del recordar.
Entender el mundo es poder ver en perspectiva la propia vida y tomar distancia para poder observar, pensar y decidir actuar, siendo una búsqueda sin respuestas absolutas, sino construidas desde el ser sensibles y conscientes. Emil Cioran escribió:
Despegarte elegantemente del mundo; dar contorno y gracia a la tristeza; una soledad en estilo; un paseo que da cadencia a los recuerdos; un paso hacia lo intangible; con el aliento en los márgenes temblorosos de las cosas; el pasado renace en el desbordamiento de fragancias; el olor, a través del cual conquistamos el tiempo; el contorno de las cosas invisibles; las formas de lo inmaterial; para profundizar en lo intangible; para tocar el mundo aéreo por el olfato; el diálogo aéreo y la disolución planeadora; para bañarte en tu propia fragmentación refleja.
Y desde ahí asumir el reto y la tarea de encontrar el sentido, por absurdo que sea, a la vida que se va eligiendo, la que se va viviendo día con día. Vita Sackville-West lo expresó así:
Los días que disfruto son días en los que no pasa nada, en los que no tengo compromisos escritos en mi bloque, en los que nadie viene a perturbar mi paz interior, en los que nadie viene a sacarme de mí misma y convertirme en un mosaico, en un rompecabezas, un espejo roto que una vez dio un reflejo completo, siendo tan artificial que toma demasiado tiempo para volver a mí misma cuando se han ido. Los años están medidos con demasiada precisión y la vida es demasiado corta para que yo pueda ofrecer tales fragmentos de mí misma a mis amigos. ¿Y qué tengo que dar a mis amigos en última instancia? Una torpeza, una timidez y una chatarra, nada que sea verdaderamente yo, un desperdicio inútil, un desperdicio de mí y de ellos, porque mi vida es mía y la de ellos presumiblemente suya, y no pueden tocarla.
En esa búsqueda de lo real que somos, Marco Polani escribió:
Hay una parte de ti que no muestras a nadie, la que has escondido por miedo a sentirte siempre fuera de lugar. Hay una parte de ti que no es para todos, es allá donde te refugias cuando huyes, esa parte de ti es la sincera, donde no hay máscaras y no hay barreras, suspiras y luego te proteges como si estuvieras hecha de flores, mientras todos se detienen a observar cómo luces. Y entonces sabes que no se necesitan sortilegios sino honestidad con uno mismo, porque cada uno sabe quién es y quién va siendo, y donde cualquier cosa puede constituir la respuesta, pero tienes que haberla descubierto tú solo, con tu mente, a lo largo de tu vida única. Todos tenemos nuestros propios caminos con nuestros propios monstruos, dirá Mircea Cărtărescu.
En este mundo que nos ha tocado vivir, poder reconocer que el verdadero lujo de la vida no está en las cosas, sino en los momentos lentos y tranquilos compartidos en el umbral de una puerta —donde el tiempo se detiene y el mundo se reduce a dos personas conversando, como lo dijo Virginia Woolf.
Para que en el devenir del tiempo y en la finitud de la vida tengamos que desterrar todos los sortilegios para que la vida sea vivida, de manera plena y libre de artilugios, sin tener pretextos para la huida de nosotros mismos, de la realidad y de nuestra consciencia, para que al final de la existencia tengamos como imperativo las palabras de Alain Grandbois:
Guardemos silencio, olvidemos todo. Ahoguemos las palabras mágicas. Preparar nuestras tiernas cenizas para el gran e inexorable silencio.