Opinión • Tiempo y Vejez • Arturo Mora

“La ancianidad se nombra y con ella pasa y pesa el tiempo…”

Opinión • Tiempo y Vejez • Arturo Mora

Es insuficiente, al menos para mí, este tiempo de vida que tenemos, porque deja un gran vacío y no permite que se satisfaga la curiosidad y el conocimiento por muchas cosas que, pese a la edad, comienzan también a fascinarnos a los viejos
Leonora Carrington

Creo que envejecer es realmente algo hermoso. Sólo necesitamos abrir nuestras percepciones. A medida que te vuelves más tú mismo, en integridad, tu vida realmente se abre.
Gwyneth Paltrow

A medida que los años pasan, decrece el número de seres con quienes puede uno entenderse.
Emil Cioran

Pasa el tiempo y nos hacemos viejos y viejas. La ancianidad se nombra y con ella pasa y pesa el tiempo. Nuestros padres y madre se hacen viejos, o muchos de ellos ya dejaron de estar con nosotros. Las pláticas que oímos de los adultos mayores son intercambios de dolencias, recomendaciones de médicos especialistas, y aparecen las visitas detalladas y las narraciones de lo que implica ir a la consulta con geriatras y gerontólogos. También escuchamos conversaciones sobre los recuerdos que invaden sus mentes, con más lucidez de la que imaginamos, otros más, con episodios por demás prístinos y certeros de lo vivido. 

Algunos de nuestros viejos van mostrado su fuerza, con la autonomía e independencia que presentan como bandera de mil batallas ganadas, y también de algunas otras perdidas, pero a su vez de algunas y algunos que llegan a estar en la penosa y nada fácil condición de la senectud y con ella el parkinson o la demencia senil, ambas enfermades estrictamente humanas.

A otro tanto de adultos mayores la vida les pasa la factura que en el cuerpo cobra, con los síntomas y consecuencias de las enfermedades crónico-degenerativas, y la fisiología humana cambia, se desajusta todo ello. Nos lleva, socialmente hablando, entre una mirada pendular y maniquea de las ideas romantizadas de pensar en los “abuelitos” encorvados, con lentes, de paso lerdo, tiernos y amorosos, y a la vez, el ver a la vejez en su drama y tragedia, que es cruel y dolorosa, como lo son el abandono, el desamparo y la desolación de saberse una carga para hijos e hijas, para nietos y demás familiares que no saben qué es eso de llegar a ser las y los viejos de la familia. O donde la exclusión se materializa con el despojo de lo mucho o poco que han llegado a tener hacia el final de sus vidas.

Irma Kánter Coronell, del Instituto Belisario Domínguez del Senado de la República, describe la realidad de las y los adultos mayores y es una radiografía social[1] que me permito compartir:

• México se encuentra inserto en un proceso de envejecimiento de su población, expresado por un aumento en la proporción de personas de 60 años o más y la disminución de la población infantil y joven. Este proceso constituye el principal fenómeno demográfico del siglo XXI que se intensificará en los próximos años.

• Las personas de 60 años y más que en 1950 representaban cerca del 5% de la población que residía en México, se incrementaron a 7.2% en el año 2000, a 12% en 2020 y se prevé que en 2030 lleguen a representar 15% y alrededor de 23% en 2050.

• En los próximos años no sólo habrá más adultos mayores, sino que también vivirán más años como consecuencia del incremento de la esperanza de vida que se prevé pase de 75.2 años en 2020 a 79.6 años a mediados de siglo, con diferencias significativas entre hombres y mujeres. 

• México requiere prepararse para una nueva y cambiante realidad demográfica que implica múltiples desafíos, exige nuevas acciones y un cambio de actitud, de políticas y prácticas para mejorar la calidad de vida de las personas mayores.

• Uno de los grandes pendientes que tiene nuestro país con los adultos mayores es la ratificación de la Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores, aprobada el 15 de junio de 2015 por la Asamblea por los Estados Miembros de la Organización de los Estados Americanos (OEA).

• Las personas mayores se enfrentan a los prejuicios del envejecimiento, al maltrato y violencia en la vejez, así como a la discriminación por edad. Si bien se desconoce la prevalencia de estos hechos, su importancia social y moral es indiscutible. 

• Por cada 116 mujeres de 60 años o más hay 100 hombres de la misma edad, y después de los 85 años hay 140 mujeres por cada 100 hombres.

• El proceso de envejecimiento se produce a ritmos y tiempos distintos entre las entidades federativas del país. 

• Las entidades donde el proceso de envejecimiento se encuentra más avanzado es en la Ciudad de México donde 16% de los capitalinos tiene 60 años o más de edad (casi 1.5 millones). En esta entidad, la edad mediana de la población es ya de 35 años, casi la misma edad mediana de Uruguay (35.8) y Chile (35.3), dos de los países más envejecidos de América Latina.

• Los estados menos envejecidos del país son Baja California Sur, Chiapas y Quintana Roo, los cuales registran proporciones menores a 10% de su población de 60 o más años.

• En las localidades menores de 2 mil 500 habitantes reside el 22% de la población de 60 o más años de México.

• A nivel nacional hay 24 municipios y alcaldías con 100 o más habitantes de 60 años o más de edad y que en conjunto concentran a poco más 3.6 millones de personas mayores, es decir 24 por ciento de las personas de 60 años o más.

• 4.8 millones de las personas mayores (60.3%) tiene alguna limitación, pero puede ver usando lentes; oír usando aparato auditivo; caminar, subir o bajar; recordar o concentrarse; bañarse, vestirse o comer, y hablar o comunicarse.

• Casi 230 mil (2.9%) tiene algún problema o condición mental.

• Cerca de 20% de las personas de 60 o más años no cuentan con protección social en salud, lo que términos absolutos son cerca de 3 millones de personas.

• Durante los ocho primeros meses de 2020 (enero a agosto), el COVID 19 fue la tercera causa de muerte para el conjunto de la población de 65 años o más (48mil 442), por debajo de las enfermedades del corazón que ocuparon el primer lugar y de la diabetes mellitus en el segundo sitio.

• 1.2 millones de personas de 60 años y más hablan alguna lengua indígena, quienes en conjunto representan 8.2 por ciento del total de personas mayores y en su mayoría residen en 8 entidades del país: Oaxaca, Veracruz, Yucatán, Puebla, Chiapas, Estado de México, Hidalgo y Guerrero.

• 321 mil 501 personas de 60 años o más se auto reconocen en México como afromexicanas o afrodescendientes.

• 40.5% de la población de 60 años o más se encontraba inserta en la actividad económica, ya sea trabajando o buscando trabajo. Se trata, fundamentalmente, de una PEA integrada en mayoría por hombres (64.4%) y, en menor medida por mujeres (35.6%).

• Cerca de 6 millones son mujeres (66.0%) se dedican mayoritariamente a las labores del hogar.

Esto del transcurrir del tiempo es inevitable, y de la vejez, por consecuencia. La realidad de las y los adultos mayores reclama socialmente una atención del Estado, que va más allá de descuentos o programas de bienestar social. Se requiere un nuevo andamiaje jurídico y de operación del aparato institucional, que debe ser pensado y diseñado ante la realidad de los ancianos. 

En su columna del 30 de septiembre pasado, Juan Villoro expone una realidad —de las múltiples que viven los adultos mayores– sobre lo que ahora implica ser viejo o vieja ante la burocracia privada y ante las instituciones, mostrando que las organizaciones todavía no pueden pensar en los adultos mayores como personas ni aceptar la obligación constitucional de reconocer sus Derechos Humanos y su dignidad.

 

[1] Kánter Cornell Irma. (2021) Las personas mayores a través de los datos censales de 2020. Mirada Legislativa. Junio 2021, No, 204. Instituto Belisario Domínguez. Senado de la Republica. http://bibliodigitalibd.senado.gob.mx/handle/123456789/5295