Caminos al andar
Suponga, amigo lector, que debe usted solicitar la revisión de un documento al jefe de mayor jerarquía de su organización (el jefe de su jefe). En la comunicación interna por usar –memorando, desde luego– le será imposible tratarlo con el mismo estilo que a los subordinados del área que usted comanda. Sería impropio redactar un texto dando una orden al jefe: «Favor de revisar el documento anexo: hacer modificaciones o recomendaciones». Una comunicación de este estilo, la usaría para sus subordinados; no para el jefe.
Por supuesto, la situación obliga a ser más cuidadoso en la forma de dirigirse a un mayor jerárquico. Finalmente, después de mucho meditarlo, logra expresarlo satisfactoriamente: «Someto a su superior consideración el documento anexo. Quedo a la espera de sus indicaciones».
Es común en las oficinas una situación como esta, en que a un subordinado le preocupa dar una orden al jefe. ¿Por qué es difícil encontrar una solución rápidamente? Simplemente, porque es un camino por el que transita pocas veces nuestra mente; es más fácil expresar el mismo ‘rollo’ de siempre que elaborar uno nuevo.
Escribir por formato (reproducir cientos de veces el mismo texto y solo adecuarlo al caso específico), impide desarrollar habilidades en la redacción. En música, ¿quiénes son los ejecutantes más hábiles? Pues aquellos que constantemente están practicando las alternativas de su instrumento. Lo mismo sucede con el idioma. Explorar diferentes formas de comunicarnos, ofrece mayores habilidades. Dejar el área de comodidad, permite encontrar nuevas formas de expresión.
¿Cómo lograr resultados diferentes con las mismas fórmulas? (parafraseando a Einstein). Efectivamente, para obtener respuestas distintas es fundamental enriquecer el vocabulario –contar con mayor número de vocablos de los cuales echar mano– y ensayar diversas formas de ordenar los elementos que integran los enunciados. En pocas palabras, trabajar el idioma como un instrumento de infinitas posibilidades. Cuando no se han ensayado o explorado otras formas de trasmitir ideas y se limitan a la de siempre es casi imposible encontrar una forma más adecuada a situaciones distintas.
Pero ello tampoco obliga a recurrir a palabras poco usuales. El lenguaje coloquial tiene una enorme variedad de alternativas que, si no se usan, es porque el redactor no se ha dado a la tarea de buscarlas. Encuentra, el que busca; no el que se estanca esperando a que llegue algo.
Hay tres razones para la dificultad: por una parte, las conexiones ya establecidas y cotidianamente reforzadas en el cerebro con el mismo estilo de redactar de siempre; por otra, mantenernos en la llamada ‘área de confort’ (galicismo aceptado, procedente del inglés comfort) o zona de comodidad; finalmente, abrazar los viejos estilos bajo el argumento de fórmulas probadas.
Actualmente, las técnicas modernas de entrenamiento para atletas incluyen la visualización del trabajo por realizar antes de realizarlo físicamente. Ello lleva a realizar en el cerebro nuevas conexiones cerebrales que facilitan lograr el éxito cuando se lleva a cabo físicamente. La redacción es igual: la expresión creativa y adecuada a cada situación solo se logra cuando el cerebro se pone en marcha. Las habilidades se logran poniendo a operar el mejor instrumento de la naturaleza.