Parentalidad y buenos tratos • Juguetes bélicos • Gaudencio Rodríguez
08 de enero de 2026 (10:03 h.)
"Cuesta lo mismo un juguete bélico que uno educativo. El primero enseña a destruir, el segundo, a construir..."
¿Comprar o no comprar juguetes bélicos (pistolas, espadas, cuchillos, cañones y tanques de guerra)? ¿Son útiles? ¿Valen la pena? Estas son preguntas pertinentes en época de regalos.
Empecemos por decir que los juguetes bélicos por sí solos no provocan conductas violentas, no hacen violento a un niño o niña. Para ello se requiere de la suma e interacción de diversos factores, por ejemplo, el temperamento y características del niño, el proceso de educación y crianza, la cultura y el medio ambiente en el que crece.
Lo que sí hacen es aumentar la predisposición a que dichas conductas aparezcan; también conllevan a un aumento de comportamientos, pensamientos y afectos agresivos, así como a una disminución del comportamiento pro-social, sobre todo si la exposición a ellos es muy frecuente, desde temprana edad y sin la compañía de un adulto que le ayude a reflexionar acerca de su uso y a diferenciar la fantasía de la realidad.
Las personas especialistas en el tema tienen claro que, aunque el juego en la infancia tiene que ser libre y no limitado, la elección del juguete es esencial para orientar el desarrollo infantil y aumentar la calidad del juego (y recomiendan evitar la compra de juguetes bélicos).
Con frecuencia los niños que no tienen juguetes bélicos los construyen con palos, tubos o con sus propios dedos, entonces, ¿por qué no comprárselos hechos? La respuesta es clara: porque al comprárselo les estamos diciendo que nos parece bien que jueguen con ellos y, por lo tanto, estamos de acuerdo en su uso para resolver los conflictos.
Ahora bien, hay de juguetes a juguetes. No es lo mismo una pistola que arroja agua o burbujas o que se transforma en un bastón mágico, que una pistola de juguete con todas las características de una real. El juguete debe ser un estímulo para la imaginación y debe permitir ser usado de múltiples formas y para diversos fines. El problema con las armas de juguete con características reales, es que casi nunca son utilizadas de otra forma que no sea en su calidad de arma.
¿Cuándo debemos preocuparnos? Si un niño o niña juega con tramas violentas, pero se mantiene en el plano de la fantasía, la imaginación, la simulación, todo va bien. Nos debemos preocupar cuando la fantasía y la simulación den paso a la realidad y el niño o niña empiece a golpear con frecuencia e intensidad a sus congéneres, o cuando atente contra sí mismo. Es importante observar no sólo a qué juega, sino también cómo juega.
Lo que es una realidad es que vivimos una época en la cual hemos superado con creces el punto en que la violencia que rodea a los niños y niñas (por ejemplo, a través de los medios de comunicación y videojuegos) puede ser entendida, digerida y procesada por ellos.
El aumento de la frecuencia y la naturaleza cada vez más explícita y gráfica de la violencia, el tiempo cada vez mayor dedicado a ella, así como el poco acompañamiento y supervisión de las personas adultas para con los niños y niñas nos debe inquietar.
Año con año, a través de las noticias, nos enteramos que un hombre se disparó en el abdomen mientras limpiaba su pistola; que otro sacó su pistola para dar tiros al aire y festejar la navidad o el año nuevo y que una de esas balas acabó con la vida de alguien; que un municipio inicia una campaña de despistolización...
Mejor empecemos con los niños y niñas: que no vean como algo cotidiano el uso de armas de juguetes para que después no deseen usar armas de verdad. Mejor promovamos una cultura de paz que pueda hacer contrapeso a la violencia que se ha convertido parte del paisaje, razón por la cual cada vez nos asombra menos. Mejor fomentemos en los niños y niñas la creatividad, el amor a la vida, la solidaridad y respeto al prójimo, la igualdad, la ternura, la resolución no violenta de conflictos…
Cuesta lo mismo un juguete bélico que uno educativo. El primero enseña a destruir, el segundo, a construir. ¿Qué quieres que aprenda tu hijo o hija, a destruir o a construir?
Empecemos por decir que los juguetes bélicos por sí solos no provocan conductas violentas, no hacen violento a un niño o niña. Para ello se requiere de la suma e interacción de diversos factores, por ejemplo, el temperamento y características del niño, el proceso de educación y crianza, la cultura y el medio ambiente en el que crece.
Lo que sí hacen es aumentar la predisposición a que dichas conductas aparezcan; también conllevan a un aumento de comportamientos, pensamientos y afectos agresivos, así como a una disminución del comportamiento pro-social, sobre todo si la exposición a ellos es muy frecuente, desde temprana edad y sin la compañía de un adulto que le ayude a reflexionar acerca de su uso y a diferenciar la fantasía de la realidad.
Las personas especialistas en el tema tienen claro que, aunque el juego en la infancia tiene que ser libre y no limitado, la elección del juguete es esencial para orientar el desarrollo infantil y aumentar la calidad del juego (y recomiendan evitar la compra de juguetes bélicos).
Con frecuencia los niños que no tienen juguetes bélicos los construyen con palos, tubos o con sus propios dedos, entonces, ¿por qué no comprárselos hechos? La respuesta es clara: porque al comprárselo les estamos diciendo que nos parece bien que jueguen con ellos y, por lo tanto, estamos de acuerdo en su uso para resolver los conflictos.
Ahora bien, hay de juguetes a juguetes. No es lo mismo una pistola que arroja agua o burbujas o que se transforma en un bastón mágico, que una pistola de juguete con todas las características de una real. El juguete debe ser un estímulo para la imaginación y debe permitir ser usado de múltiples formas y para diversos fines. El problema con las armas de juguete con características reales, es que casi nunca son utilizadas de otra forma que no sea en su calidad de arma.
¿Cuándo debemos preocuparnos? Si un niño o niña juega con tramas violentas, pero se mantiene en el plano de la fantasía, la imaginación, la simulación, todo va bien. Nos debemos preocupar cuando la fantasía y la simulación den paso a la realidad y el niño o niña empiece a golpear con frecuencia e intensidad a sus congéneres, o cuando atente contra sí mismo. Es importante observar no sólo a qué juega, sino también cómo juega.
Lo que es una realidad es que vivimos una época en la cual hemos superado con creces el punto en que la violencia que rodea a los niños y niñas (por ejemplo, a través de los medios de comunicación y videojuegos) puede ser entendida, digerida y procesada por ellos.
El aumento de la frecuencia y la naturaleza cada vez más explícita y gráfica de la violencia, el tiempo cada vez mayor dedicado a ella, así como el poco acompañamiento y supervisión de las personas adultas para con los niños y niñas nos debe inquietar.
Año con año, a través de las noticias, nos enteramos que un hombre se disparó en el abdomen mientras limpiaba su pistola; que otro sacó su pistola para dar tiros al aire y festejar la navidad o el año nuevo y que una de esas balas acabó con la vida de alguien; que un municipio inicia una campaña de despistolización...
Mejor empecemos con los niños y niñas: que no vean como algo cotidiano el uso de armas de juguetes para que después no deseen usar armas de verdad. Mejor promovamos una cultura de paz que pueda hacer contrapeso a la violencia que se ha convertido parte del paisaje, razón por la cual cada vez nos asombra menos. Mejor fomentemos en los niños y niñas la creatividad, el amor a la vida, la solidaridad y respeto al prójimo, la igualdad, la ternura, la resolución no violenta de conflictos…
Cuesta lo mismo un juguete bélico que uno educativo. El primero enseña a destruir, el segundo, a construir. ¿Qué quieres que aprenda tu hijo o hija, a destruir o a construir?