sábado. 20.04.2024
El Tiempo

Opinión • Judas • David Herrerías

“…no soy tan diferente de muchos que andan por el mundo tan campantes…”

Opinión • Judas • David Herrerías


Lo que pasa es que me hicieron mala prensa.  No voy a negar que lo traicioné. Es que Jesús no era lo que yo pensaba. Aunque los políticos le tenían miedo, él no parecía encabezar un movimiento que buscara tomar el poder, como el que yo pensaba. Eso me decepcionó. Pero, además, al interior del movimiento todos los puestos de arriba estaban copados. No había para donde agarrar un hueso. Todo para que al final un advenedizo, que ni siquiera había caminado con Jesús, se quedara con el movimiento y fundara otra cosa, que ni judía es.

¿Lo de las monedas? Eso fue también un golpe mediático. No voy a negar que me dieron dinero, porque justamente arreglaron la entrega para poderla difundir después, en caso de que me necesitaran perjudicar. Billetes de baja denominación, en sobres amarillos muy vistosos, en donde hubiera escribas que lo registraran. Pero no eran para mí, eran para fundar otro movimiento, ahora sí, capaz de llevarnos al Sanedrín. 

Y luego cuando me cambié de bando, me colgaron todos los pecados que antes nadie notaba: que si yo llevaba la lana del grupo, que si era bien codo y no quería que se compraran perfumes… La verdad es que yo recibía lana de donde viniera y la administraba para fortalecer al movimiento: regalitos, apoyos, tú sabes. Eso a algunos no les gusta.

¿Lo del beso? ah, sí lo del beso. Qué mediático resultó eso. Primero déjenme aclarar que a mí me dijeron que nada más lo iban a agarrar, prisión preventiva mientras le inventaban algo, quemarlo políticamente y que tuviera que huir a Siria un sexenio. ¡No me dijeron que lo fueran a matar! Una calentadita pensé que sí le podrían dar, pero no matarlo. Lo tenían bien checadito, bien ubicado, ¡sabían todo de él! Lo que pasa es que en la noche tenían que identificarlo, porque no se veía nada. Y sí, yo “se los puse”, como dicen. Pero yo no lo maté. Ora sí que, “si yo no lo hubiera hecho, otro lo haría”.   Tengo también la justificación de que quería que se lo llevaran a él sin perjudicar a los compañeros, que la verdad ni sabían bien con quién andaban. Lo del beso suena gacho, pero da igual si es un beso, un abrazo; tampoco hay que hacer tanta alharaca por un poco de hipocresía. 

Ya cuando vi todo lo que pasó sí sentí gacho. Después de eso anduve dando tumbos, chapulineando, le dicen ahora, entre diferentes partidos y movimientos. Y me di cuenta de que todos los partidos cojean de lo mismo: los mueven muchosintereses particulares, el poder, los negocios, y lo que más les importa de la gente es llevarla a gritar a las manifestaciones: “¡crucifícalo, crucifícalo!”, ese tipo de cosas. Jesús tenía razón al buscar algo diferente, más profundo. Lo vi demasiado tarde. Terminé peleado con todos, me suicidé políticamente. 

En fin, sé que esto que digo no me redime, pero quería que vieran que no soy tan diferente de muchos que andan por el mundo, tan campantes.