sábado. 25.05.2024
El Tiempo

Otro peligro de la democracia: la oligopartidocracia • David Herrerías

“…sistema en el que unas élites al interior de los partidos, deciden qué podemos escoger…”
Otro peligro de la democracia: la oligopartidocracia • David Herrerías

La transición “democrática” en México ha sido especial. Nosotros no salimos de una dictadura unipersonal, sino de un régimen de partido único y, por otro lado, porque en realidad no hemos transitado hacia la democracia, sino a la oligopartidocracia, un sistema en el que unas élites al interior de los partidos, deciden qué podemos escoger, como en una comida corrida: hay para elegir milanesa o chicharrón prensado; pero nadie nos preguntó si queríamos esos dos platillos en el menú.

Como veníamos de un sistema de partido único bastante autoritario, su desdoblamiento en múltiples partidos parece haber multiplicado los genes de éste a los demás. Hay varias reglas en nuestra bisoña democracia que ayudan a apuntalar la oligopartidocracia. Por un lado, está un financiamiento exorbitante a los partidos, justificado para permitir la profesionalización y capacidad competitiva de los institutos políticos que debían competir contra la maquinaria priista.  Pero ese tesoro es tan jugoso, que los partidos son un negocio rentable que atrae a cientos de candidatos ansiosos de cortar una tajada del pastel, más que de cambiar a México o de impulsar una postura ideológica. Ese financiamiento, además de corromper, pone en desventaja a cualquier emergente que pudiera competirles, y permite a las cúpulas comprar voluntades y adhesiones.

Por otro lado, es paradójico que las instituciones encargadas de hacer operativa la democracia en el país, en realidad no crean en la democracia cuando se trata de tomar decisiones puertas adentro. Gran parte de sus decisiones son tomadas por las cúpulas o mediante mecanismos harto sospechosos. A esto se vinculan claramente los procesos para elegir a sus candidatos. Son mecanismos en los que la sociedad no tiene nada que decir. El poder de las dirigencias para imponer el menú no sólo limita nuestra gama de opciones, sino que genera lealtad de los candidatos a las cúpulas, más que a los ciudadanos.

El asunto se agrava con los plurinominales. El problema no es que exista una forma de representación de las minorías, sino en el poder que se da a las dirigencias para construir la lista a su antojo, lo que utilizan para premiar y repartirse cargos que no tienen sustento electoral. Los dinosaurios tienen la vida asegurada, no importa cuántos meteoritos amenacen a la patria.

Todo esto ha minado el interés ciudadano en la democracia. Reducir el financiamiento a los partidos, normar y exigir su democracia interna, establecer elecciones primarias y cambiar la forma en la que se elaboran las listas plurinominales (eliminando la de senadores, que son un absurdo), son cambios urgentes para salvar nuestra democracia.

El único problema es que quienes tienen el poder para cambiarlo son los oligarcas de los partidos. ¿Serán tan amantes de la democracia como dicen?