Chispitas de lenguaje • MIentras escribo • Enrique R. Soriano Valencia

"Mi búsqueda de estrategias, fórmulas o construcciones para desarrollar textos impecables me llevó a este libro."

Uno de sus últimos títulos de Stephen King. Son sus experiencias como escritor y una exploración de su juventud —enuncia los instantes que influyeron en su vocación—.

Mi búsqueda de estrategias, fórmulas o construcciones para desarrollar textos impecables me llevó a este libro.

Aunque no es lo mismo escribir en inglés, hay múltiples coincidencias porque se trata del estilo moderno. Por supuesto, King se centra en el estilo literario pero la economía del lenguaje aplica no solo en relatos, cuentos y novelas. Si textos administrativos y jurídicos adoptaran estos principios, los procesos tendrían más agilidad y justicia.

«Creo que de adverbios está empedrado el camino hacia el infierno», asegura en la sección donde se mete de lleno en las recomendaciones de cómo escribir. La frase se me hizo un acierto y la publiqué en mis redes sociales. La mayoría de los autores (y traducciones) que se ocupan de recomendar cómo escribir en español se centran en los adjetivos, en la recomendación de reducir su uso. En efecto, hacía falta destacar que el abuso de adverbios (palabras que describen al verbo, a otro adverbio o algún adjetivo) también sobrecalientan (esta calificación en mía, no de King) diálogos o descripciones.

Una de mis seguidoras en las redes cuando vio la publicación se preguntó por qué destacaba esta cita. Me preguntó qué de malo tienen los adverbios. Retomo mi respuesta: «Depende en qué contexto se apliquen. Si es una figura gramatical que los idiomas han creado, nada impide usarlos en la charla cotidiana. Sin embargo, en literatura es distinto. Los escritores iniciales suelen recurrir a ellos porque reflejan la intensidad que quieren trasmitir. La diferencia es que la intensidad debe basarse en la creatividad del relato, en su estructuración, no en las palabras. Por ello, para literatura, coincido con lo que sostiene King».

Otro aspecto que destaco del libro (y quienes han participado en mis cursos pueden confirmar la coincidencia) es la recomendación de usar la voz activa en vez de la voz pasiva. Ejemplifico: «La notificación se entregó en tiempo y forma» (voz activa); «La notificación fue entregada en tiempo y forma por el notificador» (voz pasiva; los ejemplos son míos). En la primera el hecho es inmediato, directo y preciso; en la segunda, se diluye un poco porque resulta indirecto. Es cierto que ambas enuncian lo mismo. También, en ambas se destaca la notificación, que es lo importante; pero la segunda ofrece un poco de retorcimiento para comprenderse porque el sujeto (el que realiza la acción) aparece al último y es pasivo.

Por último, los tiempos simples. Aunque King no abunda mucho al respecto —dado que el inglés no tiene tantos como el español— es preferible recurrir poco a tiempos compuestos. Los tiempos simples describen directa y con precisión temporal una acción. Para la vida cotidiana, llena de matices, van bien los tiempos compuestos; para textos literarios, mejor los simples (sin el verbo haber) recomienda Stephen King… y yo incluiría documentos jurídicos, administrativos y escolares. Serían más directos, ágiles y precisos.