Chispitas de Lenguaje • Escribir y hablar • Enrique R. Soriano Valencia

"Practicar la escritura obliga a quien la practica a jerarquizar, cuidar su expresión y seleccionar bien los vocablos..."
Chispitas de Lenguaje • Escribir y hablar • Enrique R. Soriano Valencia

La escritura no es idéntica a la forma de hablar. Aunque la primera haya sido producto de la segunda, no se escribe como se habla. Quizá la pretensión al aceptar los seres humanos la aparición del alfabeto fue representar fielmente las palabras, pero cada una terminó dominada por lineamientos totalmente distintos. Y es se debe a que el habla tiene matices que apoyan lo dicho (gestos, movimientos del cuerpo, contexto) y la escritura simple requiere de mayores recursos narrativos para conseguir el mismo impacto. Por ello, terminaron totalmente diferenciadas. 

A causa de lo coloquial, hablar está menos sujeto a normas. Al recurrir a palabras comunes (muchas veces con significados diferentes al formal, pero claro al interlocutor, se logra la comunicación; es el caso del vocablo ocuposustituido por necesito). También se usan términos impropios (barbarismos, extranjerismos, acentuaciones incorrectas –mucha gente pronuncia *pánel, cuando lo señalado en el diccionario es sin acento gráfico lo que hace que el tono fuerte caiga en la vocal e–). De igual forma, al charlar hay una falta de estructuración en lo expuesto.

Sin embargo, en lo escrito se debe evitar cada punto anterior… siempre que sea coloquial. La salvedad a hago porque en ocasiones hablar también está sujeto a formalismos. Si se trata de un discurso, una intervención pública o una disertación, hablar se parece mucho a escribir. Por ello, muchos oradores se apoyan en textos escritos o en guía de ideas. En una intervención oral con carácter formales imperativo jerarquizar las ideas y cuidar tanto la sintaxis (el orden de las oraciones), como la precisión de los vocablos.  

La jerarquía de ideas es altamente importante para la consecución del fin. Un argumento mal estructurado, por mucho que lleve razón tiene más probabilidades de ser calificado de inconsistente. 

Lo mismo pasa con la sintaxis. Actualmente circulan en las redes sociales cientos de imágenes que, debido al deficiente orden de los elementos, enunciaban barbaridades. A principio de mes anterior (Día de Muertos), en redes sociales compartieron un letrero que anunciaba «pan relleno de muerto», cuando lo que pretendió decir era «pan de muerto relleno». Si alguien extienda una charola con pan muerto que se observa relleno, se comprensa perfectamente. Sin embargo, de forma escrita es imposible dejar de notar el absurdo. 

Lo mismo sucede con el significado de las palabras. De forma personal, no extraña escuchar a personas que dicen: «Ocupo veinte pesos. ¿Traerás que me prestes?». En el contexto de una conversación, es improbable que alguien notará la imprecisión. Es decir, que la persona ha sustituido el verbo ocupar (que significa «llenar un espacio o lugar»)por necesitar (tener requerimiento del algo). Un texto o un discurso formal no podría darse el lujo de enunciar algo así. 

Ya no ejemplifico con extranjerismos, que nuestra forma cotidiana está plagada de ellos. Incluso, eso ha propiciado que las nuevas generaciones desconozcan que antes se decía armario, en vez de clóset; o emparedado en vez de sándwich.

Todo ello lleva a considerar que es muy conveniente ejercitar la redacción (escribir ideas de forma lógica u ordenada). Practicar la escritura obliga a quien la practica a jerarquizar, cuidar su expresión y seleccionar bien los vocablos. Si alguien escribe bien, es más probable que sea mejor al charlar. Y eso se debe a que escribir, por ser un proceso más lento, obliga a repensar las ideas y también las palabras aplicadas. Por ello, aunque no se dedique a redactar, practicar esta actividad fortalece procesos lógicos de pensamiento.

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