Diferentes comillas
Hay tres tipos de comillas: españolas o angulares (« »), inglesas (“ ”) y simples (‘ ’). Las tres tienen uso en español. Cuando las españolas se usan como principales, las otras dos se consideran auxiliares. En México, por influencia del inglés, las más comunes son las segundas. Muchas personas en México jamás han visto las españolas. Por el contrario, en España hay preferencia por las angulares. Los académicos recomiendan las españolas porque son propias de nuestro idioma. Ello no significa que sea incorrecto usar las inglesas; es solo preferencias, costumbre y mayor permisibilidad en la influencia de anglicismos.
Ahora, las comillas no tienen por objeto resaltar lo que rodean, sino singularizarlo. Cierto es que su propósito es destacar, pero no comprendido este concepto como el uso de subrayado, cursivas, negritas o versalitas (letras con formato de mayúscula pero en tamaño diferenciado de mayúscula y minúscula). La señalización de estos últimos recursos es para indicar que son palabras u oraciones claves en un contexto. Buscan indicar el punto medular de un enunciado (cuando se marca una palabra, por ejemplo) o el aspecto clave (construido con varios vocablos). En tanto, al incluir las comillas, la pretensión del redactor es aislar la oración, palabra o texto para indicar que es diferente. Esta intención puede ser de variada índole. Veamos los casos.
La más común es la cita textual. Es decir, cuando el redactor en un texto incluye una oración o párrafo que no es propio. Entonces lo entrecomilla para señalar que es un texto diferente del autor: «Así como lo indicó don Benito Juárez: “El respeto al derecho ajeno es la paz”; así debemos allegarnos el respeto. Y esto solo se logra, respetando a los demás». Con ello el redactor no está destacando la oración, simplemente la señala como diferente de sus propias palabras.
Si se trata en una, dos y –un tanto forzado– hasta tres palabras, para darle un sentido diferente al que estrictamente se refiere el significado. Por ejemplo, cuando se ironiza: «Aquí el “joven” (refiriéndose a alguien de edad madura) prefiere rock para la ambientación de la oficina, en vez de música instrumental». Al singularizar mediante comillas la palabra ‘joven’ se comprende perfectamente que no se está usando en sentido estricto, con el significado que le corresponde.
Son también usadas para señalar que se enuncia con todo propósito una incorrección: «En México, por primera vez en su historia, en ceremonia privada, dos mujeres fueron “matrimoniadas”». En la anterior oración el redactor recurre a un verbo impropio para asociarlo a lo podría considerarse un acto igualmente impropio.
La mejor aplicación de comillas, a mi juicio, es la que se ha puesto de manifiesto en los ejemplos anteriores, la combinación de las inglesas y españolas. Los ejemplos los he enunciado entre comillas, para diferenciarlo de los textos explicativos (y porque algunos corresponden a enunciados leídos o escuchados). Por ello, se ha hecho necesario comillas externas, pero también comillas a su interior. Entonces, para no abrir comillas dentro del mismo tipo de comillas, he recurrido a las españolas como las principales y he dejado las inglesas como auxiliares. También valdría en México que fuera a la inversa: dejar como principales las inglesas y dejar como auxiliares las españolas. Ello significa que las simples, son básicamente auxiliares. Sin embargo, como las angulares son las propias de nuestro idioma, en lo personal prefiero las españolas como principales.
Cuando se habla de un vocablo específico y no se enuncia por su significado en una oración, se suele entrecomillar. Sin embargo, en esta columna recurro a las simples para evitar que en algún momento pudiera considerarse ironía alguno de los vocablos tratado: Retomo un enunciado de un artículo anterior: «‘Haber’ pierde su significado cuando se usa como auxiliar en los tiempos compuestos. Por eso es común entre los muchachos confundirlo con la exclamación ‘A ver’ (sustituto de ‘observemos, veamos’)».