¿Niñas y niños vienen con instructivo? • Gaudencio Rodríguez Juárez
Cuando la complejidad de la crianza la torna complicada, desearíamos que alguien, nos dijera con precisión qué hacer, cómo actuar desde el rol parental.
En otros momentos a las madres y padres la duda les asalta: ¿Estaremos criando bien a nuestra hija o hijo? ¿Le estaremos sobreprotegiendo o lo estaremos desprotegiendo? ¿Estaremos siendo muy duros o muy blandos en cuanto a la disciplina? ¿Le estamos dotando de las herramientas, principios y valores que le permitan irse convirtiendo en una persona autónoma, responsable y solidaria?
Vale decir que no está mal dudar cuando de la crianza se trata. ¿Por qué? Pues porque como ya mencioné renglones arriba la formación de un ser humano no es del orden de lo simple, sino de lo complejo. Lo importante es que la inseguridad no tome el control en la parentalidad, sino que sirva de motor para la búsqueda de respuestas a las preguntas que la crianza impone en el día a día.
Es en los momentos en que la complejidad hace su aparición cuando se desearía contar con un mapa de ruta, un instructivo con las indicaciones precisas para accionar como madre o padre.
Pero, ¿existe un instructivo para la crianza? Mi respuesta es: no y sí.
Desde mi punto de vista no existen instructivos, porque si existieran:
- Nuestras hijas o hijos no serían niñas, niños o adolescentes, sino robots o algún tipo de máquina. Más nos vale asumir y no olvidar que son humanos, que son un misterio, que guardan un secreto, como dice el psicoanalista Massimo Recalcati.
- No tendrían oportunidad para cautivarnos a nosotros sus padres/madres.
- Las madres/padres no tendríamos ocasión para conocerles; para qué si el instructivo nos indicaría qué hacer.
- Si ya tuviésemos el instructivo no habría necesidad de meternos en su mundo interior y enamorarnos de nuestras hijas o hijos.
- Las madres y padres quedaríamos privados de los retos propios de la parentalidad que nos hacen mejores personas y más humanos. No creceríamos como madres/padres, sino sólo seríamos autómatas de la crianza, sin retos, sin habilidades por adquirir o fortalecer.
- La crianza sería todo menos apasionante.
- Cualquier persona podría manipular a nuestra hija o hijo, con buena o mala intención. Bastaría con hacerse de uno de esos instructivo que indican como apretar los botones de su voluntad, de sus intereses y deseos.
- Estaríamos más preocupados de seguir las instrucciones que a la niña o niño; más preocupados de que no se nos pierda el instructivo que el niño, que el instructivo esté siempre a la mano más que la niña.
- Si existieran instructivos no habría duda parental que estimulara el crecimiento y aprendizaje para esta labor.
- Si existieran instructivos no habría error parental, con lo que perderíamos el sello de lo humano, igualándonos a Dios, tornándonos omnisapientes y omnipotentes (sello del narcisismo exacerbado); al mismo tiempo privaríamos a nuestra hija o hijo de la oportunidad de poner en juego sus propios recursos ahí donde las madres/padres erramos.
Por todo lo anterior, qué bueno que no existen instructivos universales y precisos para la crianza.
Visto de otra manera, suelo decir que sí existe un instructivo para la crianza. ¿Cómo puede ser eso? ¿Dónde está? ¿Dónde se adquiere?
Podríamos decir que el instructivo está en tu hija o hijo, en sus comportamientos, en sus gestos, actitudes, movimientos, en su voz (con su tono, cadencia, etcétera), en su lenguaje verbal y corporal; en las elecciones y decisiones que toma en el día a día, las cuales en ocasiones pueden ser acertadas y en otras equivocadas (tal y como lo hacemos las personas adultas). Y cuando son equivocadas suelen traer consecuencias negativas. Ahí hay que ayudarles.
Desde esta perspectiva, el papel de las mamás, papás y toda persona cuidadora y educadora consiste en “leer” a la niña, niño o adolescente partiendo de aquello que es observable: los comportamientos, elecciones y decisiones, para desde ahí entrar a su mente, a su mundo interior, tratando de identificar cuáles son los móviles, las necesidades, sentimientos, pensamientos o metas que denotan dichos comportamientos, elecciones y decisiones equivocadas. Una vez identificada la fuente de su comportamiento podremos intervenir cubriendo su necesidad del tipo que sea; proporcionando una información, criterio o principio que aún no tiene; o fortaleciendo alguna habilidad socioemocional o cognitiva.
Necesitamos ver más allá del llamado “mal comportamiento”, pues hoy sabemos que “el comportamiento de la niña o niño está determinado por cómo se siente. Por esto debemos prestar más atención a sus emociones que a su comportamiento”, dice una de las múltiples personas investigadoras en el tema, Bridgette Miller.
Asumamos la complejidad de la crianza sin padecerla, sino haciendo de ella una experiencia edificante para madres/padres e hijas/hijos. Claro que para eso el entorno y el Estado debe proporcionar las condiciones para el despliegue de una parentalidad positiva que redunde en el sano y pleno desarrollo de las niñas, niños y adolescentes.