Parentalidad y buenos tratos • Por una crianza con enfoque de derechos humanos • Gaudencio Rodríguez

“La complejidad está en que los adultos contemporáneos fuimos socializados sin un enfoque de derechos. Entonces, ¿cómo dar lo que no recibimos?”

El reto principal para el reconocimiento de los derechos humanos de niñas, niños y adolescentes está en las mentes de las personas adultas.

La complejidad está en que los adultos contemporáneas fuimos socializados sin un enfoque de derechos. Entonces, ¿cómo dar lo que no recibimos? ¿Cómo facilitar lo que no vivenciamos de manera suficiente? ¿Cómo considerar a las niñas, niños y adolescentes como sujetos de derecho si nosotros no lo fuimos? ¿Cómo tener una mirada hacia ellas y ellos diferente a la que quienes nos criaron tuvieron hacia nosotros?

Las anteriores son preguntas que tienen respuesta: deconstruyéndonos, re-educándonos. Lo cual se dice rápido, pero es probable que no sea sencillo y que no ocurrirá con prontitud. Pero es necesario hacerlo para poder criar y socializar a las nuevas generaciones de una manera diferente.

Si hablamos de cambiar el paradigma en la crianza, necesitamos cambiar las expectativas de obediencia, por la construcción de las condiciones, recursos y métodos que activen la conciencia crítica y la colaboración. Cambiar la expectativa de control de la conducta, por una actitud de acompañamiento que permita a la niña, niño y adolescente comprender su propio mundo emocional, organizarlo y dotarle de criterios, principios y referentes humanos para que pueda tomar decisiones éticas, humanas. Un gran reto.

Algunas oportunidades y retos que tenemos en la actualidad para cambiar el paradigma de la crianza hacia uno que incluya el enfoque de derechos humanos son los siguientes:

  1. La parentalidad positiva es una política pública en países de Europa, pero aún no en México. Siguiendo el trabajo de los países de aquel continente, sería conveniente que las acciones que hoy se realizan escalen a políticas y medidas con perspectiva a largo plazo, a fin de garantizar su estabilidad y continuidad, para proporcionar apoyo a las familias a través de los siguientes elementos clave de política familiar:
    • Políticas de apoyo a las familias, que garanticen que todas las personas responsables de educar a las niñas, niños y adolescentes tengan acceso a recursos materiales adecuados, por ejemplo, ayudas en función de las necesidades económicas de las familias, medidas para mejorar la situación de las madres autónomas, la conciliación de la vida laboral y la vida familiar, etcétera.
    • Fomentar el uso de la educación no violenta.
    • Servicios de apoyo a madres y padres: incluye, entre otras cosas, la creación de servicios y programas centrados en el contenido de las tareas y funciones parentales en distintas situaciones y en diferentes etapas de la vida de las hijas e hijos, por ejemplo, a través de programas de orientación e información general y preventiva sobre la parentalidad y las relaciones de pareja, líneas telefónicas de ayuda, programas para el fortalecimiento de competencias parentales.
    • Servicios para madres y padres en riesgo de exclusión social: Se trata de proporcionar medios suficientes para adquirir las habilidades necesarias para cumplir con sus responsabilidades (por ejemplo, a través de orientadores familiares, ayuda a domicilio, actividades educativas comunitarias, etc.), ayudarles a acceder a los servicios adecuados, fomentar los recursos informales, las redes familiares y la solidaridad comunitaria.
    • Principios de orientación a las y los profesionales y capacitación: A fin de consolidar las habilidades parentales, se recomienda a las y los profesionales centrarse en la comprensión de las necesidades evolutivas de la niña, niño o adolescente, las responsabilidades y capacidades de sus madres y padres para responder a éstas, las relaciones e interacciones entre los miembros de la familia y las necesidades de la familia como unidad básica de la sociedad.
  2. Fortalecer el trabajo de la sociedad civil organizada en temas de crianza positiva.
  3. Actualizar los contenidos de los programas denominados Escuela para Padres para que estos estén basados en evidencia científica y garantizar la cobertura. Hacer de estos espacios, oportunidades para la reflexión y el fortalecimiento de las competencias parentales.
  4. Pasar del conocimiento de los derechos de niñas, niños y adolescentes a la comprensión de la implicación que estos tienen para cada adulto encargado de la formación y crecimiento de aquellos.
  5. Intensificar la producción de contenidos didácticos de crianza positiva, así como su difusión para ponerlas al alcance de quienes están criando.
  6. Implementar y garantizar la continuidad de programas de crianza positiva.
  7. Logar la coordinación entre las instituciones de la sociedad civil y gobierno.

La prohibición de las prácticas de crianza autoritarias y maltratantes como el castigo corporal y humillantes están prohibidas y el mandato es implementar la crianza positiva.

El cambio de paradigma no será sencillo, pero es posible.