Parentalidad y buenos tratos • Expectativas parentales realistas • Gaudencio Rodríguez

“…lo conveniente es que […] surjan con base en las posibilidades, características y circunstancias de nuestra hija o hijo en lugar de lo que fuimos, somos o nos hubiera gustado ser a sus madres o padres…”

 

Por muchas razones es conveniente saber sobre la adolescencia como etapa de ciclo vital y sus paradigmas, y también conocer de manera específica a nuestra hija o hijo. Una de ellas es para hacernos expectativas realistas.

En ocasiones escuchamos el consejo en la línea de no crear expectativas hacia las hijas o hijos. La verdad es que tal cosa es imposible cuando nos tomamos en serio la parentalidad. En todo caso, lo conveniente es que dichas expectativas surjan con base en las posibilidades, características y circunstancias de nuestra hija o hijo en lugar de lo que fuimos, somos o nos hubiera gustado ser a sus madres o padres.

Lo importante es que lo que esperamos de ellas o ellos se encuentre en un punto tal que la motivación para el crecimiento sea una realidad: ni tan lejos que no puedan alcanzarlo, ni tan cerca que impida la activación de su motivación.

Podríamos pensar en cuatro escenarios relacionados con el comportamiento adolescente, en cruce de dos variables: la eficiencia (buena o mala) y el estado de ánimo (de buenas o de malas, como solemos decir coloquialmente):

  • Hacen las cosas bien y de buenas, siempre.
  • Hacen las cosas bien y de malas.
  • Hacen las cosas mal y de buenas.
  • Hacen las cosas mal y de malas.

Vale la pena no perder de vista que la manera en que hoy reaccionamos en nuestro rol parental está determinada en buena medida por la forma en que quienes nos criaron reaccionaban ante nuestros comportamientos.

Te sugiero que a continuación imaginemos los escenarios mencionados asociándolos con la expectativa que guardan las mamás y papás acerca de cómo deben tender la cama sus hijas o hijos.

Con no poca frecuencia, mantiene como expectativa la del primer escenario: que siempre hagan las cosas bien y de buenas. Que siempre tiendan su cama bien y de buenas. Queda claro que esperar algo así, es inhumano, por lo tanto, irreal, imposible de cumplir.

Debemos reconocer que ni las personas adultas somos capaces de proceder de esta manera. Existen días en que tendemos mal la cama, o de plano no la tendemos debido a que no hay tiempo debido a que debemos salir corriendo de casa. En otras ocasiones sí la tendemos, pero mal (por flojera o cualquier otra causa) o de mala gana (debido a que pasamos por un mal momento).

La pregunta es: ¿por qué pretendemos que las y los adolescentes hagan las cosas bien y de buenas, siempre, si ni las personas adultas somos capaces de tal cosa? Eso huele a adultocracia.

En la vida real es más probable que conforme crecen las hijas o hijos comiencen a hacer las cosas bien. Pero en no pocos casos lo harán de malas. Sobre todo cuando se trata de actividades, tareas o compromisos que no son de su interés, o que no activan su motivación, o que deben realizar en un momento inoportuno (desde su perspectiva). Es aquí donde podrán tender bien la cama, pero de mala gana.

En este escenario el reto parental consiste en conformarnos con dicho despliegue conductual, y evitar aquello que en más de alguna ocasión escuchamos de nuestros padres: “si vas a tender la cama con esa carota, de mala gana, mejor yo lo hago; las cosas se hacen con buen ánimo o mejor no se hacen”. Seamos realistas: podrá hacer las cosas bien, pero en ocasiones con malestar, o hasta con coraje. Y no perdamos de vista que sentimientos como el coraje no son malos, sino que contienen la fuerza para hacer las cosas, aun cuando sea con un semblante desencajado.

Habrá ocasiones en que harán las cosas mal y de buenas. No olvidemos que hablamos de seres humanos. Por lo tanto, falibles, que están en proceso de desarrollo y aprendizaje. En este tercer escenario evitemos expresiones parentales del tipo: “deja de reír y ponte a hacer bien las cosas”. Que lo hagan como puedan. Que intenten. Y, en todo caso, identifiquemos qué les falta aprender para mejorar su desempeño. Tienden la cama de buen humor. Eso ya está ganado. Pero probablemente aún no adquieren la técnica adecuada, el método preciso o la habilidad conveniente. Observemos y apoyemos en lo que sea necesario.

Una cuarta posibilidad es que hagan las cosas mal y de malas. Esto no es mala noticia. Menos en la adolescencia, porque aún están en proceso de aprendizaje y maduración. Esto implica que aún no cuentan con todas las capacidades para un desempeño alto. También implica que la motivación para hacer aquello que no les interesa les provocará frustración como a todo ser humano, pero no siempre podrán manejarla de manera adecuada.

Conclusión: sugiero conformarnos con que tiendan mal y de malas su cama, en lugar de esperar que lo hagan bien y de buenas, siempre. De lo contrario, podremos provocar un quinto escenario: que no la tiendan, se pongan de malas, nosotros también, escalemos el conflicto y fracturemos el vínculo. Todo por unas sábanas y un colchón.

A las personas adultas nos toca actuar con sensatez y sabiduría, nos toca hacer de las tareas cotidianas, oportunidades de aprendizaje y crecimiento recíproco.