Parentalidad y buenos tratos • La importancia del diálogo en la pareja • Gaudencio Rodríguez

“…Si ya no hay diálogo, probablemente es el interés por el otro/otra lo que habrá decaído…”

Vivir en pareja es del orden de lo complejo. Cada cabeza es un mundo. Y hacer coexistir dichos mundos requiere de un trabajo constante.

Cada miembro de la pareja es único. Tiene una historia personal que le hace ver de una manera particular la vida. Es debido a esa particularidad por lo que más temprano que tarde aparecerán las discrepancias que llevarán al conflicto.

Generalmente, es el enamoramiento lo que posibilita la conformación de una pareja. Sin embargo, dicho estado emocional, caracterizado por la atracción intensa, así como por la idealización y percepción parcial del otro/otra, es temporal. La neuroquímica que lo sostiene no puede sostenerse en niveles altos de manera permanente.

Se suele reportar que el enamoramiento dura de tres meses a dos años. Es entonces cuando los principales neuroquímicos —dopamina, serotonina, noradrenalina y feniletilamina— que estimulan la motivación, excitación, euforia, entusiasmo y deseo por estar con la pareja y que habían alcanzado picos altos, ahora descienden.

Las hormonas, pues, pueden facilitar el comienzo de una relación mediante el enamoramiento. Pero cuando las hormonas se esfuman, la razón, la inteligencia y la voluntad han de tomar la estafeta para transitar del enamoramiento al amor.

Sí, el amor no es algo visceral como nos cuentan algunos poemas o canciones románticas. El amor es un acto racional y volitivo: “Te amo porque así lo he decidido”.

Mientras que en el enamoramiento existe una percepción parcial e idealizada del otro/otra que activaba el deseo en clave de: “te amo por como creo que eres, o como me gustaría que fueras”, en el amor la percepción del otro/otra es completa y suficientemente realista, de ahí que la clave del deseo sea: “te amo como eres”.

El instrumento para la construcción y sostenimiento del vínculo se llama: diálogo. Puesto que como mencioné renglones arriba, cada cabeza es un mundo, y, además, un mundo cambiante a través del tiempo, los miembros de la pareja necesitan mantenerse en constante actualización.

Las personas no somos las mismas. Cambiamos a través del tiempo. Con mayor o menor intensidad en función de las circunstancias y acontecimientos. De ahí que aquellos que éramos cuando nos casamos no seamos los mismos tiempo después. Es por esto que una pareja ha de mantenerse en constante comunicación.

Cuando una pareja dice que después de muchos años de vivir juntos ya no tiene algo de qué hablar, o que la razón para ya no dialogar se debe a que ya se conocen lo suficiente producto de los años de convivencia, hay que preocuparse.

Independientemente del tiempo que lleven juntos, el diálogo es necesario debido a que la pareja con la que me uní hace tiempo ahora tiene nuevas perspectivas, intereses, valores, deseos, necesidades, proyectos, etcétera. Por eso se hace necesario conocer esta nueva versión y que conozca la mía.

Y si la pareja tiene hijas o hijos, la importancia y hasta urgencia de la comunicación constante aumenta. Porque en este caso la complejidad crece. Si ya era un reto sintonizar dos mundos (los de la pareja), ahora habrá que ponerse de acuerdo respecto a la manera en que se va a ejercer la crianza.

Puesto que cada miembro de la pareja viene de una historia de crianza diferente, y es este el punto de partida para ejercer ahora la propia, lo más probable es que en algunos aspectos coincidan y en otros no. Ponerse de acuerdo será una tarea de la vida cotidiana. 

En ocasiones los acuerdos serán sencillos y rápidos; en otras ocasiones serán complejos y requerirán de más de una reunión para llegar a una solución conjunta. Y justo cuando el equipo parental ya estaba en sintonía algo ocurrirá en el entorno, o la hija/hijo habrá pasado a un nuevo momento o etapa del ciclo vital que traerá nuevas necesidades, lo cual exigirá que la pareja vuelva al diálogo para rehacer ese dispositivo parental al que le llegó la fecha de caducidad.

¿Cómo se logra el reajuste en el equipo parental? Estudiando, dialogando y reflexionando juntos acerca de la crianza.

Hay que asumir que el reajuste del equipo parental es temporal y que se ha de actualizar en función de las necesidades de desarrollo de las hijas o hijos. Razón por la cual, el diálogo entre la pareja nunca ha de terminar, pues aun cuando las hijas o hijos crezca y se vaya de casa, por mucho tiempo seguirán siendo el equipo al que recurrirán para celebrar sus alegrías y logros y para encontrar consuelo ante sus tristezas.

Tampoco perdamos de vista que el diálogo seguirá siendo necesario en la etapa del “nido vacío”, para reconfigurar la identidad individual y de pareja ahora que la parentalidad no es lo que les ocupa.

En resumen, cuando se vive en pareja siempre existe algo acerca de qué hablar. Si ya no hay diálogo, probablemente es el interés por el otro/otra lo que habrá decaído.