Parentalidad y buenos tratos • Infertilidad y Adopción • Gaudencio Rodríguez

“Así es la vida. Cargada de contradicciones…”

No todas las personas que desean un hijo biológico pueden procrearlo, y no todos los progenitores pueden criarlo adecuadamente o conservarlo consigo. Así es la vida. Cargada de contradicciones.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud la infertilidad consiste en la imposibilidad de conseguir un embarazo después de 12 meses o más de relaciones sexuales habituales sin protección, y puede ser primaria o secundaria. La primera es la incapacidad de lograr un embarazo, mientras que la segunda se refiere a no poder conseguir un embarazo después de una concepción previa. Los datos disponibles indican que entre 48 millones de parejas o alrededor de 186 millones de personas tienen infertilidad en todo el mundo. Aproximadamente entre 10 y 15% de las parejas en edad reproductiva que buscan un embarazo no lo logran después de un año de intentarlo.

Entre más grande es el anhelo de un hijo, más grande el dolor por no tenerlo. “No puede ser”, “¿Por qué a mí?”, “¿Qué habré hecho mal?”, “Probablemente no estoy hecho para ser mamá/papá”, “Aún soy joven, debería producir más y mejores óvulos (o espermatozoides)”, “Porque otros que ni cuidan a sus hijos sí los pueden tener y yo no”, son el tipo de expresiones ante el diagnóstico de infertilidad.

En la novela que lleva como título “Cadáver exquisito”, la autora Agustina Bazterrica describe el tránsito posterior a la noticia del diagnóstico de la infertilidad por el que suelen pasar no pocas parejas, ante la búsqueda de esa hija o hijo deseado (a mayor deseo, mayores intentos), y en ocasiones embarazos no logrados o nacimientos prematuros:

“Después vinieron más inyecciones, pastillas, óvulos de mala calidad, baños y pantallas con mujeres desnudas y la presión de llenar el vaso de plástico, bautismos a los que no asistieron, la pregunta ‘¿y, para cuándo el primer hijo?’ que se repetía hasta el cansancio, quirófanos donde no lo dejaron entrar para agarrarle la mano a ella y que no se sintiera tan sola, más deudas, los bebés de los otros, de los que sí podían, retención de líquidos, cambios de humor, discusiones sobre la posibilidad de adoptar, llamadas del banco, cumpleaños infantiles de los que querían escapar, más hormonas, el cansancio crónico y más óvulos que no fertilizaban, llantos, palabras hirientes, días de la madre en silencio, la esperanza de un embrión, la lista de nombres posibles: Leonardo si era varón, Aria si era mujer, pruebas de embarazo tiradas al tacho con impotencia, peleas, la búsqueda de una donante de óvulos, las dudas sobre la identidad genética, cartas del banco, la espera, miedos, la aceptación de que la maternidad no tiene que ver con los cromosomas, la hipoteca, el embarazo, el nacimiento, la euforia, la felicidad, la muerte”.

La cita anterior compila los múltiples duelos por los que atraviesa una pareja cuya llegada de la hija o hijo biológico anhelado no es posible.

Algunas parejas optarán por la adopción. Dicha decisión suele pasar por un proceso de reflexión profunda y en ocasiones prolongada. Generalmente es uno de los miembros de la pareja quien da el primer paso. Enseguida se lo propone a su consorte. Luego empiezan a investigar sobre los trámites y requisitos para ir evaluando la decisión.

Cuando una pareja llega al punto de la adopción es muy conveniente que los múltiples duelos hayan sido elaborados: por la infertilidad, por la experiencia del embarazo que no será posible, por la hija o hijo que no pudieron tener, por posibles abortos o pérdidas tempranas, por el bebé que no tendrán —en el caso de que adopten niñas, niños o adolescentes—, por la parentalidad biológica que no podrán ejercer, etcétera.

Sólo elaborando los respectivos duelos se podrá comenzar un proceso de adopción que, no perdamos de vista, exigirá tiempo, energía, motivación y algunos gastos (pues, aunque los trámites no implican costo económico en las instituciones públicas, sí implican gastos de traslado, alimentos, etcétera).

Cuando los duelos son elaborados o superados, la motivación se activa, y entonces se puede dar la bienvenida a una nueva identidad, asumiendo existencia de la infertilidad —sin que ésta determine la personalidad—; se asumirá que no se tendrá la experiencia del embarazo, pero sí habrá una espera de la adopción, cargada de sentido; se podrá decir adiós a la hija o hijo biológico que no se pudo tener, al mismo tiempo que se irá dando la bienvenida a la hija o hijo real posible que llegará a través de la adopción; se encontrará la suficiente paz y reconciliación por los posibles abortos o pérdidas tempranas ocurridas, y esa energía emocional se pondrá al servicio de la adopción; se le dirá adiós a la parentalidad biológica para dar la bienvenida al ejercicio de una parentalidad social a través de la adopción.

En mi reciente libro “Verdades de la adopción”, que puedes adquirir en Amazon, proporciono múltiples alternativas para elaborar o superar este tipo de duelos y para contribuir a la construcción de vínculos seguros y fuertes entre madres/padres e hijas/hijos por adopción.

Te invito a leerlo.