Parentalidad y buenos tratos • Las políticas de apoyo a la crianza en México • Gaudencio Rodríguez

“La crianza positiva está en la agenda. Es tema jurídico y gubernamental. Esta es buena noticia. También están identificados los desafíos…”

 

De acuerdo con UNICEF, la implementación de políticas públicas de apoyo a la crianza es determinante para garantizar el bienestar de niños, niñas y adolescentes, prevenir el abuso infantil, promover la igualdad y la inclusión, fortalecer a las familias y construir entornos más saludables y prósperos. De ahí la importancia de conocer el estado que guardan las políticas de apoyo a la crianza en México.

Con la intención de conocer dicho estado, UNICEF publicó en agosto de 2024 el informe: Panorama de las políticas de apoyo a la crianza en México. Entre los principales hallazgos se encuentran los siguientes:

  • Se reconocen avances significativos como la incorporación de la definición de crianza positiva en la reforma de la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes (LGDNNA) (2024), la prohibición del castigo corporal, la Estrategia Nacional de Atención a la Primera Infancia, la Política Nacional de Educación Inicial o el proceso de armonización legislativa para fortalecer el enfoque de derechos de la infancia.
  • La falta de coordinación efectiva entre las diferentes iniciativas de apoyo a la crianza fragmenta los esfuerzos. La ausencia de una estrategia intersectorial cohesiva ha limitado la capacidad de los programas para aprovechar sinergias y optimizar recursos.
  • Es esencial mejorar la coordinación horizontal entre agencias y vertical entre niveles de gobierno para maximizar el impacto de estas intervenciones, aspectos clave que deben considerarse en una agenda sólida dentro del Plan Nacional de Desarrollo (PND).
  • Existe una notable variedad de estrategias, acciones y programas dirigidos a fortalecer habilidades parentales y promover entornos seguros para niñas, niños y adolescentes, esfuerzos que enfrentan retos de continuidad ante cambios administrativos, limitando su alcance y efectividad.
  • Se requieren espacios de consulta para el desarrollo de programas focalizados con poblaciones indígenas y otros grupos como padres/madres adolescentes, cuidadores mayores y personas con discapacidad.
  • La colaboración con academia y sociedad civil, ha permitido la incorporación de nuevas metodologías y fomentado la generación de evidencia para mejorar las políticas públicas.
  • La atención a niñas, niños, adolescentes y familias en situación de vulnerabilidad es una prioridad para diversas instituciones gubernamentales. Es fundamental incrementar esfuerzos en la identificación de riesgos de violencia basada en género en la implementación de programas, atendiendo a las intersecciones existentes con la violencia contra la niñez.
  • Es crucial desarrollar y fortalecer rutas claras de referencia y contrarreferencia para mejorar la eficiencia y eficacia en la derivación de casos a los servicios adecuados.
  • El uso de diagnósticos y datos desagregados ha permitido priorizar grupos en los programas de crianza en México, aunque persiste la necesidad de un análisis más sistemático, el desarrollo de indicadores de impacto y evaluaciones externas que permitan la mejora continua de las políticas y programas.
  • La incorporación de un enfoque transformador de género que aborde de manera más integral los roles y estereotipos de género, la diversidad sexo-genérica, así como fomentar la participación masculina en la crianza, requiere modelos flexibles y espacios de socialización que promuevan la igualdad y la corresponsabilidad del cuidado.
  • La escalabilidad y sostenibilidad de los programas de crianza han mostrado avances significativos, lo que posiciona al país en una trayectoria prometedora para ampliar el alcance de estas iniciativas.
  • México cuenta con una sólida infraestructura institucional y un creciente uso de plataformas virtuales que facilitan la implementación y pueden permitir un enfoque más integrado y coordinado en el apoyo a la crianza. Sin embargo, la centralización de políticas y la brecha digital representan desafíos para garantizar un acceso equitativo a los programas.
  • La alta rotación de personal supone un importante desafío que obstaculiza la continuidad de los programas de crianza, así como la capacidad de implementar políticas con una visión a largo plazo. Además, es crucial desarrollar estándares de competencias y certificación para asegurar abordajes basados en evidencia.
  • La falta de financiamiento adecuado obstaculiza el mantenimiento y escalamiento de los programas de crianza. Es crucial avanzar en la sensibilización de personas tomadoras de decisiones y explorar la rentabilidad social de estas inversiones para garantizar su sostenibilidad a largo plazo.

La crianza positiva está en la agenda. Es tema jurídico y gubernamental. Esta es buena noticia. También están identificados los desafíos. El informe sugiere que el abordaje de dichos desafíos permitirá ampliar el alcance e incidir en el éxito a largo plazo de las intervenciones en crianza. Manos a la obra.