Parentalidad y buenos tratos • ¿Qué hacer cuando maltratan a una niño o niño? • Gaudencio Rodríguez

"También podemos quedarnos inactivos para luego ver en los noticieros que una niña o niño fue abandonado, torturado o ultimado por su padre, por su madre o por quien le cría y horrorizarnos, perdiendo de vista que dichos delitos tuvieron un inicio que alguien vio y decidió no intervenir. Tú decide..."

¿Qué hacer cuando maltratan a una niño o niño?

©Gaudencio Rodríguez Juárez

Psicólogo / gaudirj@hotmail.com

 

Cuando vemos que una persona está perdiendo el control y empieza a maltratar a su hija o hija en pleno espacio público suelen asaltarnos las preguntas: ¿Qué hago? ¿Me toca intervenir? ¿Tengo derecho a hacerlo? ¿Hago como que no vi? ¿Llamo a la policía? ¿Defiendo a la niña o niño? ¿Detengo a quien agrede?

Cabe señalar que estas preguntas solo se las hace una persona sensible y empática con las necesidades de las niñas y niños. Porque otras ven el maltrato y no les preocupa porque no lo consideran tal, sino que creen que un jalón de orejas, una cachetada, una nalgada o un coscorrón son inevitables o hasta parte de la educación; lo que no alcanzan a diferenciar es que la disciplina es necesaria, pero los castigos o las amenazas no.

En estos casos, generalmente la intención de los adultos no es dañar a su hija o hijo, menos aún en público, aunque inevitablemente el resultado sea ese. Su comportamiento suele estar activado por el estrés, problemas personales o agotamiento de recursos para la crianza. En este contexto, el castigo físico se convierte en una forma carente de reflexión y tacto cuya única “utilidad” es la de descargar el enojo frente a la falta de cooperación o reacción de la niña o niño.

El maltrato propinado a una niña o niño en vía pública suele ser consecuencia de una acumulación de tensión que llega a tal nivel que resulta inmanejable para la persona adulta, y entonces, la conducta de su hija o hijo se convierte en la gota que derrama el vaso. O, mejor dicho, la niña o niño se convierte en el vaso donde el adulto deposita su enojo, frustración, desesperación y estrés.

Cuando aparece el maltrato, la presencia y participación de una tercera persona puede servir como un regulador.

Aquí las preguntas son: ¿Por qué con mucha frecuencia las y los testigos no intervienen? ¿Por qué cuando lo hacen, la persona agresora se opone a su intervención? La respuesta es: por creencias erróneas, tales como, atribuirle a la niña o niño la causa de su propio maltrato: “es muy inquieto”, “se lo merece”, “no hace caso”; aceptar el castigo físico como método para disciplinarlos; considerarlos objetos propiedad de sus padres y de sus madres; creer que intervenir sería invadir la privacidad o intimidad de la familia (aquí el “no se meta, es mi hijo” suele paralizar al testigo); algunas veces las y los testigos han hecho lo mismo con sus respectivas hijas o hijos y eso se convierte en obstáculo moral para intervenir.

A propósito de la última creencia, una mujer muy comprometida con la causa de las niñas y niños me compartió que ella solo pudo dejar de ser espectadora del maltrato y tomar una postura de protección activa cuando reconoció que ella misma hizo mal al utilizar el golpe como medida correctiva con sus propios hijos cuando éstos eran niños y se perdonó por ello; ahora ella misma se pone de ejemplo de lo que no hay que hacer. Honesta mujer.

Solamente se nos podrán ocurrir modos de actuar ante estos hechos, cuando hagamos conciencia de que la responsabilidad de la protección de las niñas y niños es de todas las personas que formamos parte de la comunidad, y que detectar y actuar de manera adecuada ante los malos tratos es de vital importancia antes de que se produzca un daño irreparable.

¿Qué hacer cuando somos testigos? Dependerá de la situación. Las intervenciones pueden ir desde toser para hacerle constar a la persona agresora nuestra presencia, hasta llamar a la policía o al guardia de la tienda si la situación pone en riesgo la seguridad del niño.

Entre estos dos extremos se abre un abanico de posibilidades (basadas en Kersey), todas con la intención de apoyar al adulto en lugar de juzgar y con la intención de proteger a la niña o niño: 1) Hacer comentarios o iniciar una charla que los distraiga y los saque del episodio violento. 2) Compartir una observación sobre las necesidades de la niña o niño que en ese momento no pueda ser visto por el adulto, producto de la ofuscación: “parece que tiene hambre”, “¿será que está cansado o aburrido?”. 3) Dar alternativas: “tal vez si intenta…” 4) Decir algo positivo de la niña o niño a su padre/madre en la primera oportunidad: “su hijo es hermoso”, “qué lindo pelo tiene”.

Otras opciones con base a Kersey pueden ser: 5) Ofrecer ayuda que baje la tensión: llevarle las bolsas a su coche, cederle el asiento o el turno en la fila del banco o de las tortillas. 6) Simpatizar y empatizar con la madre o padre: “a mí también me pasa que…”. 7) Utilizar el sentido del humor. 8) Intervenir con la niña o niño: incluyéndolo en una conversación si se está portando de manera inadecuada, por ejemplo, iniciando un pequeño juego mientras esperan el turno para la consulta médica. 9) Con los vecinos es útil ofrecerles cuidar por un momento a su hija o hijo mientras se toma un descanso o se va a tomar algo. 10) Recordarle que el castigo corporal y humillante y cualquier otro tipo de maltrato está prohibido por ley.

¿Corremos el riesgo de ser agredidos al intervenir? Sí. En esta vida siempre hay riesgos. Pero si diariamente defendemos a un equipo de fútbol, a un partido político, a una religión o a un apellido ¿no valdrá la pena defender a un niño? Además, calculando la intervención este se disminuye en gran medida.

No hay que perder de vista que cuando los padres/madres son competentes, agradecen nuestra participación a pesar de la molestia o la pena que les pueda causar. Y cuando no permiten que participemos, solo dejan constancia de su incompetencia para la crianza y de su incapacidad para ser permeables ante la ayuda que le ofrecen los miembros de su comunidad. En estos casos solo nos toca denunciar a los sistemas de seguridad y protección intervenir.

También podemos quedarnos inactivos para luego ver en los noticieros que una niña o niño fue abandonado, torturado o ultimado por su padre, por su madre o por quien le cría y horrorizarnos, perdiendo de vista que dichos delitos tuvieron un inicio que alguien vio y decidió no intervenir. Tú decide.

(Este es un breve capítulo del libro de mi autoría: Cero golpes. 100 ideas para la erradicación del maltrato infantil. Lo puedes adquirir en Amazon).