Parentalidad y Buenos Tratos • Los retos de la adopción • Gaudencio Rodríguez
“…si existe la adopción es porque en la mayoría de casos hubo maltrato...” | “El conocimiento de las afectaciones del maltrato y la institucionalización están suficientemente conocidas y documentadas. Y son avasalladoras. De ahí la importancia de su difusión…”
La crianza adoptiva tiene muchas semejanzas con la no adoptiva. Pero también tiene sus especificidades.
Estas son producto de las experiencias de las niñas, niños y adolescentes, previas a la adopción. Experiencias que, desafortunadamente, están caracterizadas por la adversidad, el maltrato, la violencia, en cualquiera de sus tipos, intensidad y frecuencia y dejan secuelas que imponen mayores retos a la parentalidad.
No perdamos de vista que si existe la adopción es porque en la mayoría de casos hubo maltrato.
Cuando los sistemas de protección se activan y tras una primera evaluación encuentran factores de riesgo significativos, la medida de seguridad es la separación de los padres/madres que ejercen una parentalidad tóxica.
Prácticamente en la mayoría de los casos, lo que le sigue a dicha separación es el internamiento en un centro de asistencia social o casa hogar. Lugar donde pasará una temporada que debería ser la mínima necesaria para garantizarle la restitución de todos sus derechos, sobre todo el derecho a vivir en familia.
No obstante, esta no es la realidad en nuestro país, sino que aún podemos encontrar internados a niños, niñas y adolescentes de manera injustificada (por ejemplo, por cuestiones de pobreza, causal que incluso está prohibida en la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes) y por muchos años; algunos han pasado ahí toda su vida, llegaron de pocos días de nacidos y ahora tienen seis años o más; otros fueron de institución en institución conforme rebasaban la edad.
Con cierta frecuencia esos cambios de una institución a otra suceden sin explicación ni preparación previa de la niña, niño o adolescente, lo cual genera un trauma que se suma a la multitud de traumas acumulados en su historia.
El maltrato y la institucionalización injustificada y prolongada deja secuelas que comprometen el desarrollo infantil y adolescente. Las consecuencias han sido estudiadas de manera suficiente.
El neuropsiquiatra chileno y formado en Bélgica Jorge Barudy, autor de un generoso prólogo para mi reciente libro publicado en Amazon Verdades de la adopción, hace un recuento del impacto del maltrato en las niñas, niños y adolescentes a nivel del cerebro inferior (límbico) y superior (corteza prefrontal).
Posibles afectaciones del sistema límbico: trastornos de las capacidades sensoriales, de la empatía, así como en la regulación del apetito, agresividad, frustración y la excitación sexual; deficiencias en el reconocimiento y manejo de las emociones; existencia de memorias emocionales traumáticas.
Posibles alteraciones de la organización y del desarrollo de la corteza prefrontal: dificultades para calmarse y detener sus conductas atendiendo a lo que los adultos piden, así como para representarse y asumir la responsabilidad de sus actos y sus consecuencias, lo mismo que para participar en relaciones interpersonales recíprocas, manifestando una tendencia egocéntrica y poco empática; alteración de las capacidades para pensar, reflexionar, hacer proyectos y verbalizar sus experiencias; tendencia a pasar al acto a la menor frustración, que se acompaña de secuestros emocionales agresivos, provocadores y hostiles, en los cuales se les anula cualquier posibilidad de escuchar a los demás; miedos, ansiedad y crisis de pánico difíciles de manejar.
No significa que una niña, niño o adolescente que vivió maltrato presentará todas las secuelas antes mencionadas, sino que esas son el tipo que suelen presentarse. Lo mismo aplica a las consecuencias de la institucionalización que enumeraré más adelante.
Las consecuencias de la institucionalización prolongada e injustificada también han sido estudiadas y documentadas. Podrán aparecer en cualquier esfera del desarrollo. Y es que como afirma el psiquiatra Boris Cyrulnik, lo que para un adulto consiste en un año de procedimientos reglamentarios, para una niña o niño equivale a diez años de alteración cerebral y trastornos relacionales. Por eso no puede estar mucho tiempo en una institución residencial sin marchitarse aunque sea un poco.
En el Modelo Nacional de Cuidados Alternativos, publicado en el 2025 por la Secretaría de Salud y el Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia, las consecuencias de la institucionalización enumeradas son: afectación del desarrollo cognitivo y neurológico, del vínculo afectivo y emocional, del desarrollo social, de la salud física, de los derechos humanos y la autonomía, mayor riesgo de padecer violencia y repetir ciclos de institucionalización.
El conocimiento de las afectaciones del maltrato y la institucionalización están suficientemente conocidas y documentadas. Y son avasalladoras. De ahí la importancia de su difusión. Probablemente su divulgación intensifique la celeridad de los procesos por parte de las autoridades e instituciones correspondientes.
A las y los adoptantes, el conocimiento de este tipo de información puede servirles para identificar el reto que asumen ante la parentalidad adoptiva, y motivar la búsqueda de capacitación para adquirir las competencias parentales que les permitan no solo promover el sano desarrollo de la niña, niño o adolescente, sino también ayudarle a superar sus traumas acumulados.