Desde una pluma insistencialista • La conmemoración que duele: 8M en Salamanca • Iovana Rocha

“No ha cambiado nada; todos los días son asesinadas y desaparecidas más mujeres y niñas...”

Una administración municipal encabezada por una autoridad que se denomina de izquierda, Cesar Prieto Gallardo, contrario a lo que debería ser mínima consecuencia por su extracción ideológica que autonombra, poco o nada entiende de derechos humanos de las mujeres. La ideología de izquierda que se jacta de representar a los marginados ha fallado en proteger a las mujeres de Salamanca, como se evidencia en el caso de Nadia Verónica, donde la justicia sigue sin llegar.

La ideología nombrada ha dejado de ser una referencia para diseñar y operar gobiernos que realmente atiendan las necesidades de las mujeres. No es una afirmación arbitraria, su desempeño así lo acredita. La última evidencia fue la penosa organización conmemorativa del pasado 8M: un festival, una exposición, un concierto, la frivolidad necesaria para distraer y no atender un ejercicio conmemorativo por el fondo que convoca.

Antes de esta evidencia de su desdén hubo otras; ejemplo de ello son la ausencia de nombramiento de titular y rigor en selección de perfil en instancia de atención a mujeres y el consecuente vacío de políticas afirmativas al interior de su administración, atención a mujeres en contextos de violencia con perspectiva de género, y un largo etcétera. En el presente, el terreno de los hechos supera cualquier narrativa de presentación o de imagen gubernamental, porque tenemos distintos medios de contraste. Lo que ocurre en Salamanca es ejemplo de ello.

Mientras las autoridades locales se colocan entusiastas entre la música y canciones de la cantante María José, otro Salamanca, el real, encuentra en el 8M un día de dolor, de encuentros, de ausencias, de urgente esperanza y justa exigencia, donde las calles se vuelven en ese espacio para reconocernos y articular a favor de nuestras vidas, integridades y derechos. Dos realidades paralelas marcadas por los abismos de la indiferencia y la injusticia.

Una marcha de mujeres entre policías

De acuerdo con participantes de la marcha este año, la presencia de fuerzas de seguridad estatal y municipal fue inexplicable. "Nosotras convocamos a una marcha pacífica, siempre lo hacemos así, porque aquí en el municipio no hay condiciones para la presencia de participantes del bloque negro, somos un municipio pequeño y somos identificables". La marcha comenzó en la sección 24, donde se organizaron los contingentes: mujeres que practican saberes medicinales, víctimas de feminicidio y desaparición, chicas que marchan con sus mascotas, maternidades e infancias, y mujeres en general.

"Este año fue impresionante la cantidad de policía enviada, fácilmente más de 100 mujeres. Al preguntarles sus orígenes nos informaron que eran cadetes de todo el estado. ¿Por qué debían estar ahí y marchar con nosotras?" La presencia policial era abrumadora, y algunas participantes se sintieron incómodas. "Me sentí invadida, observada. Si bien ninguna policía fue grosera, ninguna nos atacó, pero el hecho de estar rodeadas de ellas me hizo estar en alerta y cuestionándome ¿qué estaban haciendo ahí?".

La marcha, que en otros años había sido más concurrida, tuvo una participación menor este año. Algunas participantes lo atribuyen a la inseguridad que priva en el territorio salmantino, pero también a la excesiva presencia de fuerzas de seguridad estatales. En Salamanca no hay antecedentes de disturbios en el marco de la marcha, no ha habido intento de ingreso a espacios institucionales, como tampoco intervención en monumentos o edificios públicos. La presencia policial sin consultar a las organizadoras de la marcha se lee como una intervención gubernamental arbitraria para controlar un ejercicio ciudadano.

Cuando platico con ellas percibo miedo y desconfianza hacia la autoridad - razón por la cual decidí omitir sus nombres-; me resulta alarmante que tengan preocupación por externar una posición tan válida como sus exigencias. No me lo tienen que confirmar, es evidente una distancia enorme entre las autoridades locales y ellas, las que sí acompañan a las mujeres en un contexto salmantino de diaria sobrevivencia.

Nadia, una víctima entre las víctimas en Salamanca

Nadia Verónica, de 23 años, estudiante universitaria, fue víctima de feminicidio en el municipio de Salamanca un 8 de marzo de 2020. Han transcurrido seis años y no hay ninguna respuesta de las autoridades, ni siquiera una carpeta de investigación que genere esperanzas a la familia:

…Nada ha ocurrido absolutamente nada después de seis años del feminicidio de Nadia, solo he acumulado más sufrimiento, cada día, semana, mes, cada año. La ausencia de mi hija se hace más visible en nuestra familia, el feminicidio de Nadia nos ha dejado un gran vacío en el alma y en el corazón, y una decepción de nuestras autoridades. Ninguna respuesta de la autoridad, hace algunos años el entonces fiscal Carlos Zamarripa Aguirre informó que había algunos detenidos que estaban siendo juzgados por otros delitos, nada más eso se ha mencionado en el caso de mi hija. No hay carpeta de investigación, se archivó como ocurre con muchas otras carpetas…

Es la voz de la madre Nadia, una mujer amable que se sostiene desde el dolor por la ausencia y el amor en vida su hija.

Desde entonces, la madre de Nadia ha asumido un activismo obligado por la indiferencia de las autoridades. No es una heroína, menos aún una guerrera; es una mujer que se ha visto obligada a exigir una justicia que le ha sido negada. El 8M es el aniversario luctuoso de su joven hija, y también, el día conmemorativo donde se sabe más acompañada que siempre por otras mujeres y madres de familia en su andar por caminos institucionales sordos:

…Vivo llorando todos los días, el 8M es el día más difícil y crudo de mi vida, en el cual me fue arrebatada la vida de mi hija Nadia y en el cual hago visible a mi hija a través de una manta llena de flores e imágenes de mi hija. Participo en la marcha, como cada año, desde hace cinco años. La primera marcha que se organizó en Salamanca se organizó en la plazoleta Hidalgo para exigir justicia, estábamos velando a mi hija…

A diferencia del presidente municipal Cesar Prieto y de su esposa Eugenia Martínez Carrillo, la madre de Nadia tiene una puntual claridad del alcance y naturaleza de un día que nos convoca a todas a esos ejercicios de exigencia, reflexión y balances:

…Marchamos para visibilizar la violencia que estamos viviendo las mujeres, los crecientes feminicidios, las desapariciones. Como resultado es la unión de todas las mujeres en Salamanca y en el país, exigiendo el derecho a la vida, a la paz y a vivir con dignidad, ese es el resultado de cada marcha…

No ha cambiado nada; todos los días son asesinadas y desaparecidas más mujeres y niñas en Salamanca. Mientras las autoridades municipales salmantinas se distraen con eventos y festivales, el dolor y la angustia de las víctimas de violencia siguen siendo ignorados. La conmemoración del 8M se convierte en un insulto a la memoria de las que ya no están, y un obstáculo para el avance de los derechos humanos de las mujeres.