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“Desaparecer. Verbo con el que las familias explican a las infancias ciertas ausencias…”

Guanajuato marcha al Azteca

Jueves 11 de junio. Se inaugura el Mundial. La Calzada de Tlalpan está tomada. Miles de familias caminan rumbo al Azteca. Entre ellas, mujeres de Guanajuato. No van a molestar. Van a ser vistas. Marchan porque el balón regresa a la cancha. Los suyos, no.

Ésta es la voz de una mujer guanajuatense que busca. Su testimonio es suyo. Su dolor, compartido por miles.

Es la voz de una de las más de 5,000 mujeres que en Guanajuato buscan a un familiar. No importa su nombre: ella es la voz de muchas. Es la historia de miles:

“De un momento a otro te vuelves buscadora. Un ser amado te fue arrebatado en un cerrar de ojos”.

Madres, esposas, hermanas, hijas, amigas. Todas buscan. Se acompañan. Se acuerpan. Se conflictúan. Se agotan. Desfallecen. Y también: viven para buscar. Hasta encontrar.

“…En Guanajuato la búsqueda de una persona en vida no se realiza de manera inmediata, los procesos de investigación son demasiados lentos y burocráticos, para obtener una sábana de llamadas tienes que esperar hasta 15 días o una colaboración con otro estado hasta medio año, o en algunos casos no se solicitan. Muchas evidencias como son las videograbaciones o testimonios se pierden por esperar demasiado en recopilarlos.

Primero se investiga al desaparecido, después a la familia y por último se les busca. Sí quieres encontrar a tu ser querido tienes que ser tú quien los busque, tienes que ser tú quien recopile toda la investigación y tienes que ser tú quien exija la verdad, justicia y memoria.

Cuando te encuentras solo en esta búsqueda sientes que el mundo se te viene abajo, porque las autoridades no dan las respuestas que esperamos, a nuestro desaparecido lo criminalizan y estigmatizan, lo hacen responsable de su desaparición. Sufrimos de maltrato por las autoridades y la sociedad. Muchas personas suelen ser crueles con los comentarios, por lo que llevar este proceso solo suele ser más difícil…”

Apenas el pasado agosto miles de ellas, las buscadoras, salieron a las calles de los casi 46 municipios para visibilizar sus presencias en el día internacional de las víctimas de desaparición forzada, personas que fueron privadas de su libertad y de la cual no se sabe dónde están ni que les ocurrió. Un ejercicio conmemorativo y de memoria que llenó plazas principales, como la de Irapuato, de nombres, pancartas, veladoras y consignas: ¡La memoria tiene rostro! ¡Prohibido olvidar y dejar de buscar hasta no encontrarles! ¡No te rindas, te sigo buscando! ¿Así nada más desparecen las personas? ¿Dónde están?

“…Las buscadoras sacamos una fuerza incomparable cuando se trata de buscar a nuestros desaparecidos. Nos enfrentamos a situaciones que impactan día con día.

La primera: el día que desaparecen a tu ser amado. Después, la lucha que enfrentas ante autoridades y grupos delictivos para poder buscar. Durante las búsquedas: fosas clandestinas con cuerpos en descomposición, esperando que no sea tu ser amado.

Todo eso conlleva un desgaste físico y emocional que se acumula con el tiempo. Eso provoca enfermedades: diabetes, hipertensión, depresión, hasta cáncer.

Hay una frase que dice: “Si no lo busco yo, ¿quién lo hará?”. Y te llega hasta los huesos, porque duele que sea verdad…”

Desde agosto no marchó. No salió a las calles. No gritó esa tarde en la plaza a la que antes no faltaba. No lo hizo porque decidió hacer una pausa. Solo una pausa. La detuvieron y se detuvo.

Guanajuato es territorio hostil para buscar. Recibió amenazas. No una. No dos. No tres. Parará unos meses. Sabe que, para seguir buscando a su hermano, tiene que estar viva.

Ser valiente no es retar a quienes tienen más poder que las propias autoridades. Este tiempo también es una posibilidad: recuperarse de estos años de búsqueda imparable, con todo lo que implica.

“…Cuando desaparecieron a mi ser amado no comprendía por qué nos había sucedido esto a nosotros. ¿Por qué a él? Pensaba: “No somos personas malas. No merecemos esto”.

Tenía un coraje con la vida. Me molestaba la felicidad de los demás. Mantenía una tristeza profunda y nada me hacía salir de ahí.

Pero un día me di cuenta de que no era la única en esta situación. Que había más personas que necesitaban mi ayuda, mi acompañamiento en esta búsqueda.

Me fortalecí con ellas. Me di cuenta de que soy valiente, determinada, empática, comprometida, resiliente. Y dentro de esta búsqueda, me encontré…”

En octubre próximo ella cumplirá cinco años de buscar a su hermano: es una herida profunda que nunca cierra en el pasar de los años; significa dolor constante, incertidumbre, angustia, desesperación, miedo, un sin fin de emociones que jamás imaginaste que podías sentirlas al mismo tiempo. Cinco años que contienen múltiples relatos, meses, días y horas que cobran facturas en la salud, en el ánimo, en las relaciones humanas, en la sobrevivencia, como si se despareciera gradualmente con quien se busca.

“…En una situación de desaparición las familias tenemos dos opciones:  unirnos o separarnos. En mi familia siempre hemos sido unidos, pero la desaparición de nuestro ser amado nos fortaleció para para buscar.

Es cierto: que cada uno lleva su proceso de duelo diferente. Hay quienes lo expresamos y quienes no. Quienes necesitamos apoyo profesional. Quienes necesitamos un empujoncito con medicamentos. Otros simplemente caemos en una depresión profunda de la cual no ves la salida. Hay quien quiere buscar y quien no lo desea.

Y es ahí cuando aprendes a respetar el sentir de cada persona, lo que hace crecer el amor que nos tenemos como familia…”

Una búsqueda familiar, individual y colectiva. En Guanajuato crecen los colectivos de búsqueda, las madres buscadoras y la sociedad civil en espacios de exigencia. Amas de casa, estudiantes, profesionistas, académicas: salen de las aulas para hacerse presentes y aportar desde sus saberes.

No es fortuito. Las historias que creíamos lejanas hoy están en la mesa, en el salón, en la esquina. No es ficción. La realidad nos superó. Nos atraviesa.

“…En el camino de esta lucha por encontrarlo, he tenido la fortuna de conocer personas maravillosas. Personas que tienen un familiar desaparecido y quienes no lo tienen. Personas que simplemente lo hacen porque tienen un corazón enorme para brindar acompañamiento a quienes más lo necesitamos.

De ellas he aprendido que la esperanza nace de la fe. Que sin esperanza navegamos en un mundo incierto y sombrío. Que en este mundo todavía hay personas buenas.

Por eso, día a día me levanto esperando que esa puerta se abra y lo pueda abrazar otra vez…”

El modus operandi que explica la desaparición de su hermano no es exclusivo de él. A muchas personas las desaparecen porque pueden hacerlo. Como a él.

Ella lo nombra con dolor y con miedo. Teme por el resto de su familia. No deben nada, pero hoy sabe que no necesitas deber para ser víctima de desaparición. Es un delito que alcanza a todos. Inseguridad, violencia, impunidad, precariedad, corrupción: variables que se han gestado en el territorio nacional y estatal.

Desaparecer. Verbo con el que las familias explican a las infancias ciertas ausencias.

“…Antes de la desaparición de mi ser amado solía tener una vida plena, me encontraba contenta esperando mi primer hijo, en mi trabajo iba creciendo profesional y personalmente, cada día llegaban más proyectos nuevos, trabajaba todo el día de lunes a viernes, y los sábados y domingos mi esposo y yo solíamos salir a disfrutar. Con mi ser amado era con el que más compartía, nos gustaba salir de viaje o hacer carnes asadas. Cuando lo desaparecen mi vida da un giro de 180°, ese día presentí algo por lo que no pude dormir en toda la noche, por la mañana me entero de que no llegó a dormir y su teléfono estaba apagado. No pude celebrar como a mí me hubiera gustado la llegada de mi hijo, desde entonces festejar una fecha importante se ha vuelto dolorosa, mi trabajo por el que tanto luché lo hice a un lado, no he regresado a los lugares que comúnmente visitaba con él. En estos momentos estoy tratando de retomar mi vida junto a mi familia, trato de visitar a mis papás y hermanos todos los días, porque no sé cuándo sea el último día en que los vuelva a ver…”

Cuando su hermano desapareció, como si esto fuera posible en la acepción de la palabra, él tenía 28 años cumplidos. Ella nombra en vida, en esperanza y posibilidad: a finales de este año mi hermano va a cumplir 33 años.

Cinco años nombrándolo en futuro.