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Jaime Panqueva
15:21
13/04/24

Opinión • Embajadas • Jaime Panqueva

“Si piensa que el incidente en la embajada de México en Quito no irá más allá de discusiones o amenazas…”
Jaime Panqueva
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Opinión • Embajadas • Jaime Panqueva

Si piensa que el incidente en la embajada de México en Quito no irá más allá de discusiones o amenazas sin consecuencias a largo plazo para ambos países, creo que está en lo cierto. En comparación con lo que sucede en estos momentos en Medio Oriente, el diferendo méxico-ecuatoriano parece más una pelea de comadres. Y es que lo impensable e indefendible respecto al derecho internacional, tomar por asalto una legación diplomática, tuvo hace unas semanas un antecedente más oprobioso: el bombardeo por parte de Israel del consulado de Irán en Damasco, Siria, que asesinó a 13 personas, entre ellas al general de brigada Mohamed Reza Zahedi, comandante en jefe de la Fuerza Quds en ese país y el Líbano. Quds es un brazo de la Guardia Revolucionaria Islámica iraní que apoya a milicias como Hezbolá, Hamas o a los hutíes en Yemen.

Reivindicado de inmediato por parte de Israel, que justificó el ataque a la sede diplomática, adyacente a la embajada iraní, como un objetivo militar legítimo. La condena internacional contra esta acción ante la ONU fue refrenada, como era de esperarse, por los Estados Unidos, Francia y Reino Unido, quienes se negaron a condenar el ataque. Y bueno, si un consulado se considera objetivo militar, ya vemos hacia dónde nos lleva el irrespeto a las normas más básicas del derecho internacional. 

Los últimos días han sido tensos en Medio Oriente, pues se espera una retaliación por parte de Irán, que hasta el momento “tan sólo” ha abordado un barco carguero en el estrecho de Ormuz, perteneciente a la empresa Zodiac, vinculada al magnate israelí Eyal Ofer. Algo poco espectacular si pensamos que la fuerza aérea israelí se encuentra en alerta máxima; las aerolíneas occidentales con vuelos a Teherán han suspendido actividades de forma indefinida; y los Estados Unidos enviaron un alto mando militar, el general Michael E. Kurilla, con una comitiva diplomática para buscar ante todo contener un escalamiento de hostilidades que los lleve a una guerra abierta.

El ejército israelí, tras la carnicería en Gaza, que cobra entre los palestinos más de 33.000 muertos y 70.000 heridos (en su mayor parte niños y mujeres), se ha replegado de la zona sur de Gaza. No se sabe si para preparar el asalto final a Rafah, donde se hacinan más de un millón de palestinos, entre ellos miles de refugiados del norte, o para defender posibles hostilidades del norte por parte de Hezbolá. La presión internacional tras seis meses de guerra dificulta una gran operación en Rafah, donde las milicias de Hamás se entremezclan con la gente, lo que convierte cualquier faena militar en una carnicería de civiles.

El panorama es incierto, pues se siguen midiendo las fuerzas en la zona. Si en el peor de los casos, la retaliación iraní es desproporcionada, podría arrastrar a los Estados Unidos a una guerra. Irán atraviesa también una crisis interna económica y política producto de la falta de libertades. Pero una señal de aparente debilidad podría también empoderar aún más a un Netanyahu que no cesa de proferir amenazas junto a los cazas supersónicos F-15 con los que perpetraron los ataques. La visión sionista, según algunos expertos, consiste en extirpar los asentamientos palestinos y, por encima del ya pisoteado derecho internacional que reconoce la existencia de dos naciones, la israelí y la palestina, tomar el control de Gaza y Cisjordania con la deportación de sus habitantes hacia los países vecinos.

La aparente debilidad del régimen iraní, el único que apoya a los focos de resistencia, y la tolerancia de las potencias occidentales con Israel, podrían permitir su consumación. Es año electoral en los Estados Unidos, Netanyahu lo sabe y ha tensado de tal forma la cuerda bajo el cálculo de que a comienzos del próximo año, en la oficina oval se sentará Donald Trump y no Joe Biden. Y nosotros quejándonos de Ecuador…

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