Opinión • Vendedores de humo • Jaime Panqueva

"Vivimos un mundo cada vez más acostumbrado a los extremos, a clamar cielos a punto de derrumbarse, catástrofes que aguardan a la vuelta de la esquina y que sólo libraremos entregando nuestro valioso sufragio a un mesías, sin importar de dónde provenga.."

 

La semana pasada dilaté mi columna hasta el extremo de no escribir una línea sobre el triunfo de Abelardo de la Espriella en Colombia con una ventaja menor al 1%, donde la votación en blanco casi duplica esa mínima diferencia. Esperé los mensajes de ambos candidatos, quienes mostraron un respeto mutuo que muy pocos esperaban. El oficialismo, que ahora será oposición pidió esperar hasta el conteo final y el candidato ganador volvió a hablar del advenimiento de un país milagro, para poco después decir que en el gobierno no le vayan a pedir milagros… Pero también habló de la necesidad de gobernar para todos sus conciudadanos (trato de referirme sólo a los colombianos, no a los italianos o gringos, también compatriotas del candidato ganador).

El escrutinio fue ejemplar, como suele serlo en Colombia, donde más del 99.5% de la votación se cuenta en poco más de dos horas, y la información de los centros de votación fluye de tal forma que durante ese lapso se habían emitido más de 35 boletines con cifras de los centros de votación. Casi uno cada dos minutos. Algo impensable en el México del INE mastodóntico, lento, lleno de trámites que ralentiza hasta la sospecha los resultados, gracias a un PREP que en la era de la informática y la inteligencia artificial no debería existir como lo conocemos hasta ahora.  

Pensé que los conteos finales en Colombia serían casi tan tardados como en el Perú (donde aún no formalizan los resultados tras veinte días de la elección), pero me volví a equivocar: el miércoles pasado, con muy pocas variaciones, el Consejo Nacional Electoral ratificó el resultado. Acto seguido, Iván Cepeda lo aceptó y se prepara para ocupar una curul en el congreso el próximo 20 de julio, desde donde, según sus declaraciones, hará oposición pacífica.

Muchos que preveían el apocalipsis vendido por de la Espriella en su campaña, ahora contemplan una transición tersa y democrática, dulcificada además con los triunfos de la selección Colombia en el Mundial de futbol. ¿Qué quedó de los discursos enconados llenos de furor que como en los tiempos de Laureano Gómez prometían arrancar la patria de las garras del basilisco comunista? ¿Qué pasará cuando el político que nunca ha sido político, que dice aborrecer a los políticos corruptos y a la política como un ente grosero y degradado, tenga que hacer política frente a un senado en oposición?

Vivimos un mundo cada vez más acostumbrado a los extremos, a clamar cielos a punto de derrumbarse, catástrofes que aguardan a la vuelta de la esquina y que sólo libraremos entregando nuestro valioso sufragio a un mesías, sin importar de dónde provenga. En la era de la información, pareciera que cada vez es más fácil engañar a personas agobiadas por las malas noticias y los complots, que dan por buena y sin crítica alguna cualquier cosa que colme sus ilusiones o sospechas más descabelladas. Así funcionan explicaciones simplistas como el nuevo orden internacional, la conspiración comunista, el terrorismo islámico, migrante o narcotraficante, o incluso, la mafia de la FIFA que llevará a Argentina de la mano a ganar otro mundial.  

Así, muchos ven a los políticos como seres abyectos que no toman en serio su trabajo, sin su función real y clara de representar y mediar entre intereses particulares y públicos. Cada vez escucho con más frecuencia esa cantinela en grandes medios, desde los más ignorantes hasta los más encumbrados presentadores que deslizan ese: “todos son iguales” que no hace más que engordar el caldo de los vendedores de humo.

Creo que Colombia, por un margen ínfimo, eligió a uno como presidente. Sin embargo, hasta el momento ha tenido una prudencia y civilidad que podrían demostrar que nuevamente estoy equivocado, que se trataba de un gran estadista disfrazado de abogángster. Lo sabremos en unas semanas, cuando asuma la realidad de una nación convulsa y dividida donde gracias también a quienes votaron en blanco no logró rebasar el 50% de los votos.

 

Comentarios a mi correo electrónico: panquevadas@gmail.com