Jaime Panqueva
11:57
21/01/23

Opinión • Entre monstruo y chivo expiatorio • Jaime Panqueva

“Al Jordan le imputan el asesinato de 24 internos que yacían boca abajo en el piso y habían respondido a un breve interrogatorio…”

Opinión • Entre monstruo y chivo expiatorio • Jaime Panqueva

Una caricatura de Condorito mostraba a este personaje con el traje de rayas de los encarcelados en el momento de recibir su veredicto. “Este tribunal lo condena a 70 años de cárcel”. El reo, sin disimular su regocijo, le da las gracias al juez. “Pero, ¿por qué se alegra?”, pregunta contrariado. “Es que no sabía que iba a vivir tantos años”.

Por supuesto, la gracia de esta historia, además de la candidez del condenado, radica en que desconocemos el delito cometido por el criminal para recibir una pena tan larga. Me llamó la atención que esta semana se proclamaba una sin precedentes en el estado: 797 años y seis meses. El sentenciado fue Jesús Emmanuel 'N', conocido como el Jordan, vinculado a la matanza de 27 personas en el Anexo Buscando el camino a mi recuperación, en Irapuato, el 1 de julio del 2020. Un hecho brutal, también sin precedentes, imputado tras las investigaciones de las autoridades, a un muchacho de 24 años, que se determinó era sicario del Cártel Santa Rosa de Lima. 

Al Jordan le imputan el asesinato de 24 internos que yacían boca abajo en el piso y habían respondido a un breve interrogatorio. Buscaban a “Francisco”, la única respuesta fue “No está”. Según declaraciones de testigos, tras recibir una orden telefónica de sus superiores, el joven realizó la ejecución de todos los hombres. No sabemos si dudó, si su adoctrinamiento había sido tan eficaz que no tuvo pudor alguno para disparar a mansalva a tantas personas en total estado de indefensión. Ante la atrocidad del crimen, una condena desmesurada. ¿Es el Jordan un monstruo sociópata o un mero peón entrenado por mercaderes de drogas y combustibles? ¿Recibirán esos mismos mercaderes de la muerte una condena similar? ¿Un joven que apenas media la veintena de años de vida merece una pena tan superlativa? ¿Está el Jordan exento de cualquier intento de redención, por lo menos en alguno de los siglos que vienen? ¿No se supone que en México el objetivo final de la pena carcelaria es la reinserción social?

Aunque el Jordan sigue negando haber cometido el crimen, según declaraciones del Fiscal Carlos Zamarripa en una reciente entrevista (bastante mala), los testimonios de testigos en el lugar de los hechos y pruebas periciales, incluso su intento por cambiar el color de cabello para no ser identificado, bastaron para que el juez dictara esta sentencia. Mientras dos de sus cómplices, también capturados por las autoridades, aún no reciben la suya.

Y es curioso que sea más fácil enterarse de los pormenores del caso leyendo los diarios locales que preguntándole al mismísimo Fiscal del Estado, quien eludió de manera absurda y permanente dar datos concretos (lo suyo son las estadísticas), y hasta omite mencionar, también de forma sistemática, los nombres de los cárteles en disputa en nuestro estado. 

Entre algunas de las declaraciones de familiares de las víctimas, se comenta que se sienten más seguros con el Jordan tras las rejas. Eso es parcialmente cierto. Sin embargo, el ejército de reserva para reemplazarlo sigue allí, así como la guerra absurda entre sus sanguinarios adiestradores que se disputan el mercado de drogas baratas y combustibles robados. 

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