Opinión • La justa medianía • José Luis Palacios Blanco
“…apenas sabíamos de la vida de lujo en las propiedades en Texas y ranchos de Diego Sinhue...”
Alcancé a saber de pocos testimonios de vida de políticos que vivieran la “justa medianía”, si con esto entendemos un modo de vida austero, congruente con nuestros ideales. Este verano nos dio a la opinión pública el desnudo de los afectos de los políticos de MORENA en sus viajes por el mundo, cuando apenas sabíamos de la vida de lujo en las propiedades en Texas y ranchos de Diego Sinhue, ex gobernador de Guanajuato. Aquí no hay izquierdas ni derechas, sólo estilos de vida y acumulación de riqueza que distancian del sentir con las mayorías que menos tienen.
Considero que lo que está en el “corazón del hombre” (como lo definía Erich Fromm) es una escala de valores invertida, donde se pone en el centro el “tener” sobre el “ser”. Pero, además, en el caso de los políticos de MORENA es la hipocresía de tener un discurso de solidaridad con los más pobres, y por otro, un sistema de corrupción que ha creado fortunas con la opacidad que dan las asignaciones directas en las grandes obras del gobierno federal.
Erich Fromm, el gran psicólogo humanista, en su libro “El corazón del hombre” plasma la naturaleza humana y da pistas para comprender y transformar esta realidad de la política mexicana. Considera que el origen de la sociedad occidental corrompida y deshecha por las luchas fratricidas y que nos dividen unos de otros, está en el “corazón del hombre”. La respuesta, dice Fromm, está en cambiar el corazón del hombre, por experiencias que le transformen desde la infancia, y que el entorno se las siga proporcionando para que le acompañen toda la vida. Afirma que “En realidad, debemos adquirir conocimiento para elegir el bien, pero ningún conocimiento nos ayudará si hemos perdido la capacidad de conmovernos con la desgracia de otro ser humano, con la mirada amistosa de otra persona, con el canto de un pájaro, con el verdor del césped.
Pero el entorno de la vida política que es la búsqueda del poder y el arte de mantenerse en él, ha creado a generaciones de políticos sin escrúpulos. MORENA se alimentó de la diáspora del PRI, y sus principales políticos llevaron a ese partido las peores prácticas de corrupción que aprendieron desde entonces. México sigue así, inundado de una clase política que no nos mereceros, pero que, para las siguientes décadas, seguirá detentando el poder. AMLO fue un gran embustero que logró embaucar a quienes más ilusión teníamos de provocar un cambio en la manera de gobernar. Su gobierno se construyó con narrativas de odio y división, en un andamiaje de las mentiras de “sus otros datos”.
Necesitaremos varias generaciones para poder eliminar este cáncer de la corrupción que tiene el sistema político. La “justa medianía” que tanto necesitamos. Políticos que tengan un salario digno, pero que sean ejemplo de desapego de lo material; que tengan un entorno en donde sea el servicio a las mayorías, el sentir con el pueblo, el que les evite llevar esa vida de privilegios. La riqueza en sí misma no es mala, sino el que se le ponga por delante en la escala de valores. Necesitamos ejemplos en todos los niveles del gobierno y de la vida política.
Si el ser humano se hace indiferente a la vida, no hay ya esperanza de que pueda elegir el bien. Entonces su corazón se habrá endurecido tanto, que su “vida” habrá terminado. Si ocurriera esto a toda la especie humana, la vida de la humanidad se habría extinguido en el momento mismo en que más prometía. Esto implica reconstruir nuestro esquema de valores, así como de ejemplos y cumplimiento de la ley, para que los gobernantes y la sociedad regresen a reconstruir el tejido social partiendo del origen: el corazón del hombre.