Opinión • Barrios gentrificados • José Luis Palacios Blanco

“Aquí la cuestión es cómo reactivar esos barrios y darles valor cultural, arquitectónico, turístico, e incluso visualizar nuevas «industrias del conocimiento» para dar pleno uso a los espacios, a las edificaciones, ganando vitalidad en las calles…”

 

En estas fechas se han dado movilizaciones sociales en la ciudad de México, por la llamada “gentrificación” de las colonias cercanas al centro histórico y aquellos barrios tradicionales. Es un preludio de lo que tarde o temprano se dará en León: la gentrificación. ¿Por qué?

En toda América Latina creamos el término “barrio” y lo entendemos como un área, una zona de una ciudad, delimitada por su ubicación geográfica y por alguna característica de la gente que vive en ella, por alguna peculiaridad suya o por su historia. Arquitectos, urbanistas, antropólogos, sociólogos, psicólogos sociales, culturalistas, han trabajado en definir que un barrio es una subdivisión de una ciudad o de un pueblo, que suele tener identidad propia y cuyos habitantes cuentan con un sentido de pertenencia. 

En algunos países, incluso, la noción de barrio se asocia con las poblaciones de escasos recursos y con viviendas precarias. Aquí en la “ciudad de los cueros”, San Juan de Dios, San Miguel, Barrio Arriba, El Coecillo y San Pedro de los Hernández, son nuestros barrios más emblemáticos. Estos lugares pertenecen a León, una ciudad tradicional y cosmopolita, pero comparten un rasgo en común: fueron las primeras colonias habitadas en la ciudad y sus habitantes comparten una identidad. Estadísticamente, alrededor del 15% de la población leonesa vive en “barrios” si atendemos a la definición aquí presentada. 

Con el crecimiento urbano de nuestra ciudad y el cambio de vocación industrial, el Barrio Arriba y el Coecillo se fueron despoblando y bajando su densidad poblacional, pues los “negocios húmedos” debieron salir y la dinámica se fue reduciendo en los últimos 30 años, pues las tenerías debieron migrar a la periferia del sur al evitarse las descargas de aguas con metales pesados. Así, decenas de naves industriales se fueron quedando vacías y parte de los habitantes del barrio, debieron voltear a otra actividad. Podrían ser alrededor de 100 fincas de grandes dimensiones que quedaron solas. El cambio de sede del Hospital General incrementó este fenómeno y el polígono cambió de perfil paulatinamente. 

En otros países esta salida de industrias llevó, como a Bilbao y a Barcelona, a construir alternativas para volver a poblar las áreas, dándole al “uso de suelo” un valor, pues la autoridad puede a través de planes maestros, facilitar el cambio. En la Ciudad de México se reactivó así el Centro Histórico, la Condesa, la Roma Sur, con inversiones y nuevas vocaciones económicas. Con esto, se crearon empleos y disminuyó la inseguridad, aunque parte de los habitantes “originales” debieron migrar al encarecerse la renta y el valor del suelo. Este mecanismo de inversiones propicia nuevas actividades y se conoce como “gentrificación “;  es una reestructuración espacial de una determinada área urbana, lo cual implica el desplazamiento de los residentes de bajos ingresos que habían vivido en estos espacios (Glass, 1964; Clark, 2005), pues las rentas y el suelo se encarece. Es un proceso de transformación de un espacio urbano que se encuentra deteriorado o en proceso de declive, a partir de la rehabilitación o reconstrucción de una parte importante de sus edificaciones.

Aquí la cuestión es cómo reactivar esos barrios y darles valor cultural, arquitectónico, turístico, e incluso visualizar nuevas “industrias del conocimiento” para dar pleno uso a los espacios, a las edificaciones, ganando vitalidad las calles. Hoy en países como Colombia y España, tenemos nociones de barrios como espacios verdes, donde hay baja criminalidad, áreas culturales, buenas escuelas, movilidad en ciclovías, coworking, tiendas y restaurantes, posibilidad de caminar, y permanencia de símbolos de la identidad del barrio. En el Barrio Arriba persiste la marginación urbana y social de grupos sociales. Esta marginación se produce por la carencia de la aplicación de políticas urbanas o de planes maestros de regeneración. Todo ello conlleva también la privación de la participación social para la realización de proyectos productivos de mejora social y urbana. Esto requiere escuchar a los actores urbanos y sociales del barrio, para la construcción colectiva, con posibilidades hacia nuevas vocaciones del polígono, pues el Barrio tiene actualmente posibilidades para ecosistemas de industrias “secas” y de salud. 

Esto es viable en León para evitar la “gentrificación” acelerada, pues hay que recuperar las calles y los barrios para apostar por un modelo mucho más sostenible, apostando por la autogestión, por el pequeño comercio de barrio, por el desarrollo comunitario y la participación ciudadana, para crear modelos diferentes de ciudades y de sociedad. Requerimos “orquestar” a los actores para fortalecer nuestros barrios. Hace pocos años Don Chuy Vázquez me invitó a formar parte de la asociación civil “Fundación Mi barrio” que se ha concentrado desde su origen en el fortalecimiento del Barrio de San Juan de Dios, y que entiende la gestión cultural como un medio para realzar el valor simbólico en nuestros barrios y sostenerles más allá del tiempo.