Diario de Campo • Me dueles, Raúl • Luis Miguel Rionda
Hay pérdidas que sacuden el alma y lastiman la memoria. Pérdidas de seres queridos o de amigos entrañables. Ya he padecido varias en estos años, cuando se me ha acumulado la existencia y comienzo a padecer vacíos para los que nunca me había preparado. Pero esas ausencias inesperadas son aún más dolorosas cuando la partida no responde a causas naturales, sino patibularias.
El lunes me enteré por medio de un colega del fallecimiento de un amigo mutuo, un brillante académico, el querido doctor Raúl Pacheco-Vega, de 55 años de edad. Al principio pensé que era una mala broma, pero rápidamente se confirmó su deceso en los medios locales. Mi incredulidad respondía a que Raúl era un hombre de gran vitalidad, con una inteligencia privilegiada, que compartía con asiduidad en redes sus retos, aventuras, logros y afanes. Era una explosión de vida.
Lo conocí hace muchos años, veinte tal vez, gracias a su adorable madre, la doctora Obdulia Vega, profesora de la Escuela Preparatoria de León, y excolega mía en el Centro de Investigación en Ciencias Sociales de la Universidad de Guanajuato. Obdulia era, es, muy talentosa, y me pareció evidente que ese talento fue bien heredado (en particular, yo le envidiaba su caligrafía).
Raúl estudió en la antigua Facultad de Química de la UG en Guanajuato capital. Estoy seguro de fue un espléndido estudiante, que no se conformó con el grado, porque de inmediato se lanzó a hacer posgrados en el extranjero. Primero en Vancouver, Canadá, en la Universidad de la Columbia Británica, donde estudió una maestría en Gestión de la Tecnología Avanzada, y el doctorado en Administración de Recursos y Estudios Ambientales. Ahí definió la pasión de su vida: el estudio y cuidado del entorno natural, particularmente de un recurso tan vital como el agua. También cursó una especialización en esta materia en la Universidad de Manchester, Inglaterra.
Pero su otra pasión fue el estudio de las políticas públicas vinculadas al aprovechamiento racional de los recursos hídricos mundiales, así como su gobernanza. También le interesó la aplicación de métodos cuantitativos y cualitativos al estudio de lo social, inclusive la etnografía de comunidades vulnerables, o bien, la ecología política y el activismo ambiental en entornos amenazados por el desarrollo irracional. Una enorme gama de intereses que desarrolló con brillantez y pasión por el conocimiento.
Fue académico en el CIDE, en el CIATEG/CIATEC, en el Canadian Institute for Environmental Law and Policy, y al momento de su partida era profesor de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, en su sede México.
Curiosamente, ambos teníamos la intención de acudir al congreso de la Latin American Studies Association que se realizó la semana pasada en París. Pero, por diferentes razones, no asistimos. Me duele pensar que, tal vez, si él hubiera podido acudir a ese encuentro, no se habría presentado la circunstancia que le privó de la vida el domingo. Pero el hubiera no existe.
Mucho lo admiré, y muchos lo quisimos. Deja huella, recuerdos y un caudal de productos de conocimiento medioambiental, que bien harían las autoridades en conocerlos. Hasta siempre, amigo Raúl…
(*) Antropólogo social. Profesor de la Universidad de Guanajuato, Campus León. luis@rionda.net – @riondal – FB.com/riondal - ugto.academia.edu/LuisMiguelRionda