Diario de Campo • Mis primeros mundiales • Luis Miguel Rionda

"Los jugadores profesionales comenzaron a ganar cantidades obscenas de dinero. El deporte dejó de serlo para convertirse en una industria capitalista...."

Los deportes profesionales me resultan especialmente desagradables, por la mezcla de beneficios económicos de enormes dimensiones con el cultivo de las artes del desempeño físico y mental. Es decir, la revoltura del pecado de la codicia con la virtud del ejercicio del cuerpo y el alma. Los deportes son una de las expresiones excelsas del ser humano: la competencia por la excelencia, el desarrollo de la fuerza, la agilidad y la estrategia; el esfuerzo en equipo, colaborativo y solidario; la entereza y la paz interior del individuo; el desfogue creativo de la violencia animal.

En mi niñez y juventud practiqué deportes de equipo. Nunca fui bueno, pues nací con dos pies izquierdos. Pero me encantó el básquetbol y el frontón mano, en los que llegué a ser buenecillo. Me encantaba nadar, pero en el México de entonces, al menos en su altiplano, casi nadie nadaba por carencia de infraestructura. En la prepa de la UG en Guanajuato había alberca, pero sucia y helada. Ya como adulto joven me acostumbré a trotar en la carretera panorámica de mi ciudad, pero sufrí agresiones porque entonces nadie corría ahí. La cultura del spinning se popularizó hasta los noventa.

Mi primer contacto con el deporte profesional fue a través de la televisión (nunca en mi vida he acudido a un estadio), cuando se trasmitieron los partidos del mundial de futbol de México en 1970. Por cierto, no existía Televisa sino Telesistema Mexicano, y había sólo tres canales en el cuadrante. Tenía diez años, y sólo porque mi amigo Raulito Varela me explicaba lo que pasaba en la cancha disfruté un poco los partidos. Pero más que nada me gustaba observar el ambiente de alegría. Siempre me simpatizó Pelé y su escuadra brasileña, que habían entrenado en la cancha Nieto Piña en Guanajuato, y sembraron un notable amor por ese deporte en una ciudad tradicionalmente beisbolera. Ese mundial lo asocio con las pantallas en blanco y negro y las figurillas grises que corrían por canchas que me parecían diminutas.

Todos recordamos cómo se coronó el conjunto de Brasil frente al de Italia. Antes éste había librado un partido épico para eliminar a Alemania. Las ganancias económicas consolidaron a la FIFA como el cártel empresarial que es hoy. Televisa nacería tres años después como el monopolio más grande de medios en nuestro país. Los jugadores profesionales comenzaron a ganar cantidades obscenas de dinero. El deporte dejó de serlo para convertirse en una industria capitalista. Para conocer mejor el fenómeno recomiendo este video independiente: https://t.ly/OrDI4

Al año siguiente se realizó un mundial femenil, que también seguimos por la tele. Sólo participaron seis equipos nacionales, cuando en el de varones se anotaron 16. Provocó mucho interés, pero no tanto en los medios de entonces. Era exótico ver a chicas dando patadas y peleando el duro balón de cuero cosido, un misil temible para cualquiera. La final fue disputada por el equipo local mexicano y la selección de Dinamarca en un estadio Azteca a reventar. Perdió México. Estos campeonatos femeniles desaparecieron, hasta 1991.

En mi próxima contribución compartiré mi experiencia personal en el Mundial de 1986, desde dentro de una televisora francesa. Nos leemos entonces…

 

 

 

 

 

(*) Antropólogo social. Profesor de la Universidad de Guanajuato, Campus León. luis@rionda.net – @riondal – FB.com/riondal - ugto.academia.edu/LuisMiguelRionda