La misteriosa (e inquietante) figura de John Ackerman         

"... el apoyo de Ackerman a Andrés Manuel es incondicional. Nunca lo critica y cuando se refiere a su persona, lo hace con aires mesiánicos parecidos a los que llevaron al poder a personajes como Fidel Castro, Hugo Chávez e incluso Hitler. Morena está construyendo en torno a su líder un culto a la personalidad digno de una secta"

La misteriosa (e inquietante) figura de John Ackerman         

Las presentes líneas no son fruto de una exhaustiva investigación periodística. Tampoco se basan en información privilegiada proporcionada por una fuente anónima.  Son deducciones hechas a partir de noticias leídas aquí y allá, y de la información —escasa—  que se ha podido recabar en internet sobre el personaje que nos ocupa. Es lo que podríamos llamar una “meta-noticia”.

La primera pregunta que surge espontánea es por qué un extranjero, un gringo, está tan interesado en la política de nuestro país y por qué la izquierda, tan celosa de las soberanías, le abre las puertas de par en par. Cuando alguien se preocupa demasiado por un país que no es el suyo, es porque está implementando una agenda supranacional.

Llama más la atención, mejor dicho, horroriza que el principal asesor ideológico de Andrés Manuel López Obrador haga afirmaciones como esta: “Venezuela es mucho más democrático y respetuoso a los derechos humanos que México” (La Jornada 27-mar-2017) y que lo diga dos días antes de que Nicolás Maduro suprima las competencias de la Asamblea Nacional (Cámara de Diputados), en otras palabras, dos días antes de que se consolidara la dictadura en el país caribeño.

Ackerman, además, suele terminar algunas de sus intervenciones citando las palabras del Che Guevara: “¡Hasta la victoria, siempre!” (véase, por ejemplo, Proceso 5-mar-2017).

La postración económica en que viven Cuba y Venezuela nos es conocida de sobra. Para el segundo caso puede leerse, por ejemplo, el artículo publicado por The Economist, titulado “Let them eat chavismo: as Venezuela crumbles, the regime digs in” y explica “En 2001, Venezuela era el país más rico de Sudamérica; ahora está entre los más pobres” (28-ene-2017).

Por lo demás, el apoyo de Ackerman a Andrés Manuel es incondicional. Nunca lo critica y cuando se refiere a su persona, lo hace con aires mesiánicos parecidos a los que llevaron al poder a personajes como Fidel Castro, Hugo Chávez e incluso Hitler. Morena está construyendo en torno a su líder un culto a la personalidad digno de una secta.

Todos sabemos que en México prácticamente ningún político vale la pena y que la grandísima mayoría son susceptibles de críticas. Si Ackerman nunca toca a López Obrador, es porque está empujando una agenda más amplia. De hecho, no sabemos quién está usando a quién.

Todo parece indicar que Andrés Manuel está limpio de corrupción. Tomando en cuenta los recursos con que cuentan tanto el PRI como el PAN para investigar a las personas, ya habrían encontrado algo (o quizás no se ha encontrado nada porque la única que no lo investiga es Carmen Aristegui…).

En realidad, no tememos a López Obrador porque vaya a robar como los gobiernos de los últimos tres sexenios. Lo tememos por sus simpatías hacia esa izquierda destructora de riquezas que ha llevado a la postración a países otrora boyantes como los ya mencionados Cuba y Venezuela. En estos momentos, en México, hay mucha corrupción; pero también hay libertad (si no, no podría estar escribiendo esto) y, a pesar de las tremendas desigualdades, hay crecimiento económico y no conocemos eso del desabasto de productos básicos.

Sabemos que “chango viejo no aprende maroma nueva”. Estos cinco años hemos visto con horror qué significaba eso del “nuevo PRI” y cómo, corregido y aumentado, siguió haciendo las mismas maromas que hacía antes del paréntesis panista. ¿Nos estamos preparando para ver también a una “nuevo” López Obrador, rodeado esta vez de ideólogos de la izquierda latinoamericana?