¿Sí hay violencia? • María Esther Bonilla López

“…ni los gobiernos ni los ciudadanos hemos valorado la necesidad de atender este grave problema…”

En nuestro país, como en todo el planeta, el fenómeno de la violencia es multifactorial por lo que, si queremos atacar las causas, deberíamos estar actuando de manera planeada, simultánea y efectiva por lo menos en 4 ámbitos: el ámbito familiar, el ámbito escolar, el ámbito social (con especial énfasis en los medios de comunicación y redes sociales) y el ámbito de las políticas públicas.

Tanto el gobierno en sus tres niveles como la sociedad civil, deberíamos estar actuando de manera intensa en estas cuatro dimensiones, para ir disminuyendo las situaciones de violencia que en cada instante se están viviendo, hasta lograr disfrutar de un país en paz que favorezca el desarrollo de las potencialidades humanas de bebés, niños, jóvenes, adultos y adultos mayores.

Tristemente, ni los gobiernos ni los ciudadanos hemos valorado la necesidad de atender este grave problema, simplemente nos hemos acostumbrado a leer o ver o escuchar las abundantes noticias de balaceras, hallazgos de cabezas, asaltos a mano armada, fosas clandestinas y un sinfín de hechos que hace algunas décadas eran solo esporádicos y ahora son cotidianos.    

Para diseñar un plan de acción que vaya solucionando paulatinamente la violencia en México, es necesario primero realizar un diagnóstico y a partir de él diseñar los caminos de solución. Nada logramos con seguir ignorando o minimizando la actual realidad y los daños inmediatos y mediatos en las familias y en la sociedad. Mucho se ha mencionado en los medios de comunicación sobre la ignorancia[1] de los gobiernos respecto a las desapariciones forzadas, por lo que son los grupos de madres buscadoras quienes han estado llevando a cabo la tarea que corresponde a las autoridades.

Con la finalidad de aclarar que “sí existen” estas problemáticas, podemos acudir a los informes que realizan grupos de familiares de desaparecidos y asociaciones civiles como Amnistía Internacional México quien señala que en nuestro país desaparecen entre 40 y 90 personas cada día, por lo que sus familias se ven obligadas a dedicar días, meses y años a buscarlos con pico y pala en la mano; esta agrupación afirma que:

En México, ante la grave crisis de desapariciones, las mujeres han sido quienes han encabezado la búsqueda de sus seres queridos. Organizadas en más de 230 colectivas a lo largo del país, han exigido justicia, verdad y reparación, logrando impulsar leyes, políticas públicas e instituciones. A pesar de que las autoridades tienen la obligación de buscar a las personas desaparecidas, su omisión e ineficacia han forzado a las familias, madres, esposas, hermanas e hijas a asumir esta labor en condiciones de alto riesgo, enfrentándose al crimen organizado, la violencia institucional y múltiples obstáculos sociales, políticos y territoriales.

El informe “Desaparecer otra vez”, basado en las experiencias de más de 600 mujeres, documenta el patrón de violencias y afectaciones que enfrentan quienes buscan. A través de testimonios, encuestas y grupos de enfoque, Amnistía Internacional identificó cómo las mujeres buscadoras sufren una acumulación de violencias, derivadas de la discriminación estructural por razón de género, clase, etnia, nacionalidad, orientación sexual o lugar de residencia (“Desaparecer otra vez: Violencias y afectaciones que enfrentan las mujeres buscadoras en México” https://amnistia.org.mx/contenido/index.php/desaparecer-otra-vez-violencias-y-afectaciones-que-enfrentan-mujeres-buscadoras-en-mexico/).

Así pues, las Desapariciones Forzadas sí existen, fenómeno que muchas veces se relaciona con el Reclutamiento Forzado de Niños, Niñas y Adolescentes por parte del Crimen Organizado, hecho que también es ignorado por los gobiernos de los tres niveles. Esta realidad indiscutible a lo largo de todo el territorio nacional puede constatarse por las investigaciones realizadas por asociaciones civiles; al igual que el delito de las Desapariciones Forzadas, el Reclutamiento Forzado de Menores de Edad también es estudiado a través de la observación directa, entrevistas y programas para reinsertar en la sociedad a los niños y adolescentes que fueron coptados por grupos criminales.  

Aportaciones muy valiosas las ha realizado la organización Reinserta, que desde el año 2013 ha estado investigando e interviniendo de manera muy profesional; en una frase breve pero contundente afirma que: “Transformamos la vida de niñas, niños y adolescentes, marcadas por la violencia en México” (reinserta.org). En el apartado “¿Por qué existe Reinserta? Responde porque:

“-Más de 500 mil niñas y niños tienen madres o padres privados de la libertad. -En México, más de 32 mil niñas, niños y adolescentes sufren algún tipo de violencia al año. -140 mil niñas, niños y adolescentes son reclutados por el crimen organizado. -No existen espacios exclusivos para niñas, niños y madres dentro de los centros penitenciarios. -Casi 800 niñas, niños y adolescentes viven en orfandad a causa de feminicidio al año. -9 de cada 10 personas privadas de la libertad estuvieron involucradas en alguna actividad delictiva antes de los 6 años” (Id.).

Mucho tenemos qué aprender los gobiernos y los ciudadanos en general de este tipo organizaciones que de manera aislada han estado realizando acciones en las que todos podemos colaborar y aportar caminos de solución a seguir para contrarrestar esa violencia normalizada que se ignora; frecuentemente se habla de los narco-delincuentes como si se tratara de robots o alienígenas que están programados para realizar acciones inevitables. Ese círculo vicioso de “formar” criminales debe ser eliminado al atender justamente las causas: re-educando, reinsertando, humanizando, construyendo nuevas relaciones de respeto, previniendo la respuesta que deben dar niñas, niños y adolescentes, cumpliendo cada mexicano/a con nuestra amorosa responsabilidad en nuestra condición de padre, madre, hijo, hermana, trabajador, profesionista, etc.

El punto de partida es no ignorar todas las modalidades de violencia, lograr que los funcionarios de gobierno no se dediquen a volver la mirada a otra parte y a ignorar esta lastimosa realidad que arrebata la vida de las personas. Aquí algunos testimonios de niñas, niños y adolescentes:

“La primera vez que maté a alguien no fue con una pistola, fue con un cuchillo, lo dejé hecho pedazos. Todo se iba aprendiendo sobre la marcha, mis compañeros más grandes me enseñaban cómo y dónde cortar (…) Una vez que secuestrábamos a la víctima, el primer paso era obtener información, si la obteníamos rápido, le iba bien a la víctima, un tiro en la cabeza y ya. Si se rehusaba, recurríamos a la tortura, los cortaba de abajo para arriba, primero los pies… puedes ir quitando dedo por dedo o las puras uñas. La tortura a veces duraba varios días, aunque eso no era muy común, era mucho gasto estarles dando comida y agua a las víctimas (…) dentro del cártel te enseñan eso, a ser despiadado, poco a poco se te va quitando la humanidad, ya después pensaba: ´No los voy a estar acariciando, ni que fueran perros´, y les cortaba un dedo…” (https://reinserta.org/wp-content/uploads/2023/10/ESTUDIO-RECLUTADOS-POR-LA-DELINCUENCIA-ORGANIZADA.pdf, p. 226)

Otro menor de edad declaró:

“A los catorce años empecé a administrar un punto de venta yo solito, consumía cocaína, tachas, LSD y piedra. También a esa edad me agarraron por primera vez de manera ´oficial´, me dieron setenta y dos horas por andar involucrado en una pelea de pandillas, nos detuvieron a varios, unos mayores de edad, otros chavillos como yo. Como yo ya andaba bien metido en eso de la venta de droga, me agarraron los policías, pero no para entambarme, sino para sacarme información del grupo para el que trabajaba. Yo les dije que no trabajaba para nadie, que era independiente, y los cabrones me dijeron que a partir de ese momento iba a vender para ellos. Y estuvo chingón, por cuatro meses estuve vendiéndoles coca a los federales y nadie me hacía nada, los federales me decían: ´Alguien que te moleste, o sepas que está vendiendo, dinos y nosotros vamos, lo levantamos y lo desaparecemos´. Ellos me pagaban hasta cuarenta mil pesos a la semana por mi trabajo, además de mis ganancias independientes, a lo mejor por eso me eligieron, porque sabía vender. Pero nunca me sentí a gusto ahí, sentí que un día me iban a hacer una mala jugada…”  (https://reinserta.org/wp-content/uploads/2023/10/ESTUDIO-RECLUTADOS-POR-LA-DELINCUENCIA-ORGANIZADA.pdf, p. 240).

Este tipo de experiencias que ningún menor de edad debería sufrir se han estado multiplicando en los últimos años, sobre todo a partir de la llegada de Andrés Manuel López Obrador a la Presidencia de la República en 2018 y su política de “Abrazos y No Balazos”. Hoy en día vemos que sí hay detenciones de criminales pero no es suficiente. El estado de Sinaloa por ejemplo ya cumplió un año de violencia exacerbada y la autoridad no ha ido a “las causas” para detener tantos asesinatos, siguen matando a ciudadanos inocentes. El problema es complicado, pero precisamente por eso es fundamental que todos los/as mexicanos/ as tomemos cartas en el asunto, debemos encontrar la manera efectiva de intervenir para que México pueda vivir en Paz y sean respetados los Derechos Humanos de todos los que aquí vivimos. Es indispensable conocer lo que está pasando y después atender por lo menos los cuatro ámbitos que he mencionado, cada quien desde su propia condición, todos podemos hacer algo para construir la Paz en nuestro país.

 

(Continuará)



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María Esther Bonilla López es licenciada en Letras Españolas por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Guanajuato; maestra en Desarrollo Educativo, y doctora en Educación por la Universidad Pedagógica Nacional.

 

 

[1] La voluntad de ignorar.