Medio ambiente y salud • Cine Colectivo quinceañero • Maricruz Romero Ugalde

Desde el fondo, Arturo Pons - Fotofija de la película

“Se trata de conservar el gusto, la diversión, la pasión de hacer cine en colectivo; de ahí la conservación del nombre “Cine Colectivo” con nuevas propuestas…”

El viernes 27 de marzo de 2026 el auditorio Mateo Herrera[1] fue la sede de la celebración de quince años de Cine Colectivo. El festejo incluyó la exhibición de dos ciclos de cine: el Fashion fest y una muestra de cortometrajes realizados en el Lab Kino Room, que en diciembre 2025 también cumplió quince años (nuestra siguiente entrega trata sobre ello).

En la celebración del XV aniversario de Cine Colectivo Guanajuato

Quince años se dicen fácil. Si hacemos la analogía con la tradición heredada de la época victoriana europea, al estilo bucólico de la famosa trilogía de películas como “Sissi”[2] dirigidas por Ernest Marisckka donde romantiza la vida de Isabel de Baviera, más conocida como Isabel de Austria. Influencia que entre muchas personas en todo México se ha convertido en una tradición, la de presentar a las mujeres jóvenes a la “sociedad”, con ese sentido patriarcal de mostrar que aquella niña ahora es joven casadera. Siguiendo ese sentido, 15 años de vida. Ahora el nacido como “Cine Colectivo Guanajuato” subraya un cambio, de nombre y estrategia de impacto. Se trata de conservar el gusto, la diversión, la pasión de hacer cine en colectivo; de ahí la conservación del nombre “Cine Colectivo” con nuevas propuestas.

En casi cuatro horas de convivio, el Mateo Herrera, de por sí un espacio elegante, con la fuerza de la madera, la buena acústica y la butaquería cómoda, permitió ver en pantalla grande, primero los cortos del Fashion Fest y luego, la producción de Cine Colectivo.  

Una probadita del Fashion Fest

El  Fashion Fest integra el gusto del cine con el registro de propuestas de moda, buscando ligarse con la identidad mexicana expresada en diseños, manejo de texturas, colores, poses, corporalidad, mismas que permiten conocer y disfrutar ideas creativas, innovadoras, provocadoras, renovadoras siempre experimentales. Una búsqueda auténtica donde las modelos jóvenes muestran su confianza en sí mismas y los proyectos que representan. Aquí sólo me detengo en “Las Altas”, que remitían a Jalisco, quizá a Los Altos de Jalisco. Ahí, la reminiscencia a la herencia española y a la forma de organización de la hacienda, el juego se da entre tres elementos: el encaje, la tierra y el caballo.  El encaje, una tela y textura tan representativo del trabajo femenino para su elaboración, y la elegancia al portarlo en mascadas o vestidos, se transforma en símbolo, primero cuando cubre los rostros de las mujeres, luego cuando el viento lo eleva y se subraya su textura al descubrirlo en la sombra, ahí donde el sol permite que la tierra se impregne de su figura; para después  revelar las diferencias entre las mujeres, cada una con su belleza y fuerza, al vincularlas con el caballo, donde al fondo se percibe la entrada de piedra a un rancho.

 

En esa primera parte, el eje narrativo de los documentales giraba en torno a la moda, buscando vínculos con elementos emblemáticos de diferentes contextos locales. Cada una de las exhibiciones contó con la presencia de las y los directores, lo que hacía muy cálida la función.

Los cortometrajes de Cine Colectivo

Cine colectivo expuso 15 cortometrajes, quizá con la lógica de uno por año, aun cuando ninguno fue del periodo 2011 a 2014. La curaduría estuvo a cargo del equipo de Cine Colectivo, el orden de exhibición lo decidió Jonathan Hernández, joven director estudiante de la Universidad Meridiano. La cartelera estuvo integrada por las películas:

  • “Domingo” de Erika Oregel, 2015
  • “Desde el fondo” de Arturo ‘El Chango” Pons, 2016
  • “El vuelo de la golondrina” de Yannik Nolin, 2017
  • “Ataraxia” de Iván Zárate, 2018
  • “Los no nacidos” de Christian Cornejo, 2018
  • “XV años” de Froylán Ávila, 2018
  • “Creí que no me ibas a esperar” de Franco Acosta, 2019
  • “Y mi celular” de Laura Zacanini, 2019
  • “Mary es mi amor” de Rodrigo Barquera, 2020
  • “El mensaje” de Omar G. Neri, 2021
  • “La nevería” de Alejandro Pantoja, 2021
  • “No me entierres” de Ricardo Huerta, 2023
  • “La casa que guarda nuestras voces” de José Luis Murillo, 2025
  • “Cuéntame otra vez” de Olivier A. Dubois, 2025
  • “La llama que queda” de Brenda Martínez, 2025.

Estos fueron los exhibidos en el Auditorio Mateo Herrera. Al día siguiente se presentó la muestra en el Centro de las Artes de Salamanca, con una ligera variación. Según el anuncio de la Secretaria de Cultura, se incluyó “Hablando contigo mismo”.

Por cuestiones de espacio, sólo me centraré en cinco de los quince cortos que impactaron mi ser, uno por la maestría del manejo artístico y la osadía técnica: “Desde el fondo” de Arturo ‘El Chango´ Pons. Sin la intención de “spoilear” el corto -lo tienen que ver-,  la historia tiene el mínimo de diálogos, es la indumentaria y el contexto que expone la crisis de pareja. El trabajo de los actores representó una osadía que implicó la asesoría y presencia de buzos profesionales, ya que todo fue filmado bajo el agua. Es impresionante cómo todo está en su justa medida artística. 

El segundo, “¿Y mi celular?” de Laura Zacanini me hizo reír a carcajadas. Un montaje sencillo, una sola secuencia, donde la actriz y el actor, con un guion irónico completamente verosímil, da cuenta de cómo el ladrón es robado.  

“La casa que guarda nuestras voces” de José Luis Murillo y “La llama que queda” de Brenda Martínez son el resultado del Lab Kino Room 2025; ambos cuentan con el talento infantil de la Casa de Cultura de León. En el primero es una niña que representa la unión de varias generaciones de artistas; la historia de la pérdida y el encuentro nos lleva por lugares emblemáticos de León y técnicamente, la animación de las raíces cautiva, igual que los fragmentos narrativos transmitidos en los reflejos. Un ritmo pausado, nostálgico, que amorosamente nos permite conectar con las ancestras desde un presente atemporal.

En “La llama que queda”, Brenda Martínez da la vuelta a una leyenda de León abriendo nuevas posibilidades de interpretación. El pequeño gran actor, el niño que interpreta al infante triste que ha perdido su mascota, tiene el lugar protagónico que lleva con desenvoltura. Una de las locaciones y la interpretación del(a) “brujo/bruja” te transportan a otra época. La obra y las palabras compartidas por la cineasta al final de la exhibición me llevaron a recordar lo que Jorge Pantoja Merino mencionó alguna vez: “el cine es la memoria de la identidad”.

Como si la exhibición fuera haber bailado el vals, Cine Colectivo fue presentado a la sociedad en su nueva época. Hay que estar pendientes de nuevas propuestas como la app, los estrenos de los resultados del Lab Kino Room 2025 como parte del 450 aniversario de León, y más.

En la próxima entrega hablaremos también de los XV años del Lab Kino Room, una forma de hacer cine colectivo en el estado de Guanajuato.

 

 

 

 

[1] https://inverarte.com/artista/mateo-herrera/obra/564/ en esta página se pueden conocer al menos 5 de sus obras. El pintor, académico, restaurador mexicano y director de la Academia de San Carlos en 1918, es reconocido por el manejo de la luz y la sombra en paisajes, naturaleza muerta y composición histórica. Nacido en León en 1867 y fallecido en la Ciudad de México en 1927, ahora se le honra en su estado natal al llevar su nombre el Auditorio del Forum Guanajuato en León, Gto.

[2] Para conocer la historia de la trilogía -y las películas- de Ernst Marischka recomiendo revisar los siguientes enlaces:       https://www.youtube.com/watch?v=7t0p1rlcxhQ&t=91s