sábado. 20.04.2024
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Mujeres y Arte • Los derechos de las mujeres en México • Mónica Muñoz

“…la perspectiva de género promueve la igualdad a través de la equidad, e invita a reflexionar sobre las relaciones entre hombres y mujeres…”
Mujer sufragando por primera vez en México, 1955 - Foto, portal del Gobierno de México
Mujer sufragando por primera vez en México, 1955 - Foto, portal del Gobierno de México
Mujeres y Arte • Los derechos de las mujeres en México • Mónica Muñoz

En un texto de. Roxana Rodríguez Bravo (Bravo, 2015), entre cuyas líneas de investigación están la historia del feminismo, y la historia de la participación política de las mujeres, además de su autoría de artículos y capítulos de libros sobre estos temas, se detallan brevemente los derechos de las mujeres en México. Ahí la autora cuenta cómo en nuestro país los derechos de las mujeres se encuentran fuertemente ligados al sufragio, fundamental para otorgarles la ciudadanía. Recordemos que en 1953 durante el gobierno encabezado por Adolfo Ruiz Cortines se les concedió el derecho a ejercerlo y, con ello, su calidad de ciudadanas.

Rodríguez Bravo menciona que las luchas por la obtención de los derechos de las mujeres en México se remontan al siglo XIX. Desde el Porfiriato se encuentran escritoras como Juana Belén Gutiérrez de Mendoza y Dolores Jiménez y Muro, quienes denunciaron las injusticias del gobierno y llamaron a la rebelión. Respecto a la obtención del sufragio femenino en 1953, hay que decir que desde el siglo XIX hasta esa fecha, todas las luchas se centraron en lograr los derechos políticos y la ciudadanía para las mujeres.

El tema es retomado en forma reciente por investigadoras que lo reconstruyen desde la perspectiva de género. Han sido muy importantes los estudios biográficos que dan luz sobre la trayectoria de mujeres cuya actuación forma también parte de los procesos históricos. De este modo se ha estudiado a figuras como Hermila Galindo, Juana Belén Gutiérrez de Mendoza, Esther Chapa, Amalia Castillo Ledón, y muchas otras.

En los años veinte y treinta del siglo XX surgieron muchas organizaciones de mujeres que lucharon por obtener el sufragio femenino. Algunas, como Hermila Galindo, tuvieron ideas avanzadas para su época, como el defender la libertad sexual para las mujeres y el uso de métodos anticonceptivos (Bravo, 2015). Galindo también tuvo una participación activa en el Segundo Congreso Feminista Mexicano, celebrado en 1916 en Mérida, Yucatán, con respaldo del gobernador Salvador Alvarado (1915-1918). Algunas asistentes al evento, como Elvia Carrillo Puerto, hablaron respecto al derecho de las mujeres sobre el amor libre y otros derechos sexuales y reproductivos. Pero el tema que más influencia ejerció fue la exigencia de reformar el Código Civil, generando efectos positivos en la Ley de Relaciones Familiares, y el del sufragio femenino, que fue visto bajo dos enfoques: 1) las que tenían una ideología revolucionaria y 2) las de ideología conservadora.

México en los años treinta vivió un auge de movimientos feministas y de mujeres que luchaban por la obtención de sus derechos políticos. Así también, en 1935 con la participación mayoritaria de mujeres comunistas, se formó el Frente Único Pro Derechos de la mujer (FUPDM). Posteriormente, en las décadas de los cuarenta y cincuenta fue notoria una disminución en las organizaciones de mujeres. Esto se relaciona con el hecho de que fue en 1953 cuando el Estado mexicano otorgó el sufragio a la población femenina (Chapa, 1936).

Sin embargo, cabe destacar que el derecho al sufragio universal en México, otorgado por Ruiz Cortines en 1953, no se debió a las luchas e impulsos de mujeres ni a las exigencias feministas; fue una “concesión” del Estado mexicano. Debimos esperar hasta 1968 para que se viera el resurgimiento de movimientos de mujeres.

De esta manera, el movimiento estudiantil de 1968 y la influencia de los movimientos feministas norteamericanos durante la década de los setenta conformaron la segunda ola del feminismo en México, como lo denomina la historiadora Ana Lau Jaiven. No obstante, el hecho que sí marcó la lucha de las mujeres en México fue la celebración del Año Internacional de la Mujer en 1975. A partir de ese momento se comenzó a discutir sobre sexualidad, anticonceptivos y derechos a decidir sobre la reproducción y la interrupción del embarazo, temas hasta entonces tabúes en la sociedad católica y conservadora mexicana. En esos años las feministas consideraron la maternidad como un ejercicio voluntario y no como destino inevitable, por lo que demandaban el derecho a anticonceptivos y a la educación sexual

Ya en la década de los ochenta surgieron otros movimientos de mujeres vinculados a las organizaciones urbano-populares. Roxana Rodríguez dice que determinadas investigadoras mencionan la existencia de un “feminismo urbano-popular”. Las demandas principales en esta época fueron establecer derechos laborales y el derecho a la vivienda, así como detener la violencia hacia las mujeres. Pero continuó quedando rezagado en la agenda el derecho al aborto.

Los años noventa del siglo XX se caracterizaron por la institucionalización de muchas demandas feministas y su traducción en leyes. A partir de 1995, con la representación mexicana en la Conferencia de Beijing, se empezó a incorporar en los programas gubernamentales a las mujeres, sus derechos y necesidades. Así, en 1996 se logró la creación del primer programa gubernamental de atención a las mujeres. Y por fin, luego de tantos esfuerzos, en 2001 se fundó el Inmujeres. Con esta iniciativa se empezó a introducir la llamada perspectiva de género en casi todas las instituciones gubernamentales. Grupos de mujeres feministas y de otras afiliaciones fueron sumando esfuerzos para lograr la igualdad. Un caso aparte ha sido la Ciudad de México, donde además se han promulgado iniciativas importantes sobre derechos reproductivos y de la población lésbico, gay, bisexual, transexual, travestis, transgénero e intersexual.

México se suscribió en el año 2000 a la Declaración del Milenio que funcionó para medir los resultados de estas luchas, así como la relación entre género, educación y violencia. El país se comprometió a cumplir objetivos de rubros como la erradicación de la pobreza, y a promover la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres (Bravo, 2015). En agosto del 2015 se reportaron avances en el cumplimiento de los objetivos mencionados: en materia de educación sí se presenta un avance en el acceso igualitario para niños y niñas. lo mismo que en cuanto a paridad en la política (Bravo, 2015). No sucede lo mismo con la tasa de mortalidad materna, que sigue estancada prácticamente desde el año 2000, lo que significa un importante rezago sobre la igualdad de género. Este estancamiento también se refleja en la atención a personas que viven con VIH (virus de la inmunodeficiencia humana).

De esta manera, como podemos vislumbrar, seguimos apuntando hacia la equidad e igualdad de género y, sobre todo, hace falta mucho trabajo sobre los derechos de las mujeres. Recordemos que la perspectiva de género promueve la igualdad a través de la equidad, e invita a reflexionar sobre las relaciones entre hombres y mujeres, por ejemplo, las distribuciones del trabajo doméstico y de los recursos, diferenciadas para uno y otro género. Y como bien dice la psicóloga Tere Díaz: “Necesitamos por eso distinguir que las diferencias biológicas entre hombres y mujeres no justifican los abusos ejercidos desde las distinciones construidas socialmente respecto a lo que significa ser hombre y ser mujer”. (Sendra, 2021)

 

Bibliografía

Bravo, R. R. (2015). Historia de las mujeres en México. México: Instituto Nacional de Estudios.

Chapa, E. (1936). El derecho al voto para la mujer,. México: Fupdm,.

Sendra, T. D. (2021). ¿Por qué nos mentimos si nos amamos? México: Editorial Planeta Mexicana, S.A. de C.V.