Escenarios • La danza también puede sudar • Paola Arenas
En la sala principal del Teatro del Bicentenario se presentó Tributo al arte del fútbol, una puesta de danza contemporánea de una compañía noruega que toma como punto de partida uno de los lenguajes más universales que existen: el fútbol.
Y quizá ahí radica una de las mayores virtudes del montaje: su capacidad de acercar la danza contemporánea a públicos que muchas veces sienten este lenguaje lejano, complejo o inaccesible. Porque aquí no hay solemnidad ni pretensión intelectual. Hay cuerpos jugando. Corriendo. Compitiendo. Sudando.
El espacio escénico está prácticamente vacío: un linóleo negro y cuatro intérpretes masculinos que atraviesan, desde el movimiento, distintas etapas y estereotipos del universo futbolístico. El entrenamiento, el partido, la derrota, la victoria, la celebración colectiva y también las masculinidades que habitan ese deporte: el agresivo, el presumido, el torpe, el líder, el que necesita demostrar constantemente algo frente a los demás.
La pieza encuentra humor y humanidad en todos esos códigos que reconocemos de inmediato. Y el público responde. Ríe, celebra, lanza vítores espontáneos. Por momentos, la sala parece más cercana a un estadio que a un teatro, y justamente ahí ocurre algo interesante: la danza deja de sentirse distante y se vuelve cercana, cotidiana, reconocible.
Los bailarines hacen gala de una técnica impecable y de un dominio absoluto del escenario. Cada personaje está claramente dibujado y cada transición corporal sucede con enorme naturalidad. No hay exceso ni subrayados. Todo fluye con una ligereza que hace que los 50 minutos de duración se escurran casi sin notarse.
Mención aparte merece el diseño de iluminación, particularmente bello en su aparente sencillez. A partir de estructuras de nueve pares y una paleta de temperaturas cálidas y frías, la luz construye distintos espacios: el estadio, los vestidores, los momentos íntimos posteriores al partido. Algunos especiales y una calle rasante lateral generan acentos dramáticos muy precisos sin saturar nunca la escena.
Y entonces llega el final.
Cuatro especiales con gobos simulan las regaderas de un vestidor. Los bailarines aparecen completamente desnudos. Pero el desnudo no se vuelve el centro de atención, ni el golpe efectista. La escena está construida con tal delicadeza y honestidad que el cuerpo deja de ser provocación para convertirse en vulnerabilidad. En cansancio. En nostalgia.
Es una imagen profundamente humana.
Tributo al arte del fútbol entiende algo importante: que el deporte y la danza no están tan lejos uno del otro. Ambos hablan del cuerpo llevado al límite, del entrenamiento, del espectáculo, de la competencia y también de la fragilidad.
Y quizá por eso funciona tan bien como puerta de entrada para quienes nunca han conectado con la danza contemporánea. Porque toma un tema familiar y popular para recordarnos que el movimiento también puede contar historias que reconocemos como propias.
Coreografía: Jo Strømgren
Elenco: Jakub Medrzycki, Kevin Haugan, Mikkel Are Olsenlund, Sverre Magnus Heidenberg
Diseño escenográfico : Stephan Østensen
Diseño de vestuario (original version): Ingvild Hovind
Musica: Jørgen Knudsen, Flugschädel, Jussi Björling & Nils Grevillius
Diseño de iluminación: Stephen Rolfe
Diseño sonoro: Lars Årdal