Escenarios • Sol, playa y ópera contemporánea • Paola Arenas

Ópera Sun & The Sea - Foto, FIC
“Ninguno parecía escuchar al otro. Era un archipiélago de soledades en medio de una playa ficticia…”

Dentro del Festival Internacional Cervantino, en la Casa de Cultura de Guanajuato, se presentó Sun and Sea, una ópera contemporánea tan peculiar como hipnótica. Una pieza que, más que contarnos una historia, nos invita a mirar —a observar el comportamiento humano en su estado más cotidiano, más absurdo, más frágil.

La transformación del espacio fue impresionante: toda la planta baja cubierta de arena, paneles blancos delimitando el área y una iluminación potente —grandes reflectores tipo Ciclo Lights Arri, similares a los de televisión, de 400 watts cada uno, sumando en total 6.4Kw de luz y calor— que creaban una atmósfera de calor real, sofocante, casi insoportable. El público, ubicado en el segundo piso, observaba la escena desde arriba, sin sillas, bajo ese calor que se sentía como un sauna.

En la playa improvisada convivían cantantes, actores y extras, todos en trajes de baño, con pelotas, bocadillos, toallas, bebidas y hasta perros. No había una historia lineal ni una relación entre ellos: la puesta se compone de cuadros independientes, fragmentos de pensamiento. Cada personaje expresaba —a través de monólogos cantados— pequeñas reflexiones sobre su vida, su familia, su trabajo, sus miedos. Ninguno parecía escuchar al otro. Era un archipiélago de soledades en medio de una playa ficticia.

Uno de los elementos más llamativos fue que los cantantes interpretaban sus arias acostados sobre la arena, como si su canto emergiera del reposo, del cuerpo que se abandona al sol. Ese gesto, repetido y prolongado, dotaba a la pieza de una extraña quietud, una resistencia a la acción dramática que reforzaba la idea de contemplación.

La diversidad de edades, cuerpos y nacionalidades fue otro acierto. En escena coexistían jóvenes, adultos y personas mayores, todos unidos por la simple experiencia de “estar en la playa”. Además, para esta producción se realizó un casting local para extras, de modo que los guanajuatenses pudieron reconocer entre la arena a sus propios vecinos, a conocidos del barrio, a rostros familiares ahora convertidos en parte de una ópera internacional. Esa mezcla entre lo local y lo global, entre lo profesional y lo cotidiano, le dio al montaje una cercanía singular.

Durante una de las intervenciones corales tuve una sensación inquietante: por un momento imaginé que todos esos cuerpos habían muerto en un accidente aéreo rumbo a la playa, y que lo que veíamos era su tránsito eterno, un loop sin fin donde seguían repitiendo la experiencia del descanso, del ocio, del calor. Tal vez esa idea no estaba en la intención de la obra, pero la atmósfera lo sugería —ese estar suspendidos en un tiempo sin narrativa, en una playa que no es playa, sino memoria o limbo.

A lo largo de la función, los intérpretes salían por uno de los costados de los paneles blancos y regresaban con refrigerios: fruta, snacks, vasos de café. Algunos se mojaban el cabello o el rostro antes de volver a sus lugares en la arena. El acto de entrar y salir, de hidratarse o refrescarse, se volvía parte del ritmo escénico, casi coreográfico.

Todo esto ocurría bajo una paleta de color cálida, casi pastel, que generaba una sensación de calma visual. Los tonos arena, piel, coral y turquesa se mezclaban suavemente, pero ese equilibrio cromático contrastaba con el contenido de las letras, cargadas de tensión, duda y frustración. La armonía visual parecía encubrir las grietas de los personajes, como si la belleza fuera solo una superficie bajo la cual el mundo se descompone lentamente.

Sun and Sea me deja pensando en lo que hoy puede ser la ópera contemporánea: ¿una historia? ¿una instalación? ¿un espejo social? Quizá sea una mezcla de todo. Una pieza que nos enfrenta a la quietud, que nos priva del conflicto para devolvernos la mirada hacia lo esencial: la observación del comportamiento humano.

Es una ópera sobre el presente —sobre el cuerpo y el calor, sobre la inacción, sobre el planeta que se recalienta mientras nosotros seguimos tomando el sol.

Y aunque su formato limita el número de espectadores —cuatro funciones diarias, con intérpretes en escena durante cuatro horas continuas—, la experiencia es poderosa. Sun and Sea propone un arte que se siente, que se habita, que incomoda por su lentitud y su belleza. Una obra que no busca respuestas, sino hacernos permanecer un rato más en ese calor, bajo esa luz, pensando en qué tanto seguimos actuando, o simplemente existiendo, ante el mundo que arde.

Espectáculo: Sun & Sea  
Dirección y Escenografía: Rugilė Barzdžiukaitė
Letra: Vaiva Grainytė 
Composición y Dirección musical: Lina Lapelytė  
País: Lituania 
Disciplina: Ópera performance                                                              
Foro: Patio de La Casa de Cultura de Guanajuato 
Fecha y horario: Del 11 al 14 de octubre, de 14 h a 18 h
Duración: 4 funciones continuas de 60 min 


Estreno en México
Colaboración con estudiantes de la Universidad de Guanajuato