El Evangelio según • Defensa personal• Víctor Hugo Pérez Nieto
“Si en ese hogar hubiesen contado con un arma de fuego para la defensa, probablemente no estarían hoy lamentando la desaparición de la periodista…”
Esta semana vi un video que me causo mucha indignación. Unos sujetos armados entraron a la casa de la periodista Roxana Berenice Guzmán para secuestrarla frente a su familia y hacerle daño.
No es un caso aislado, pero quedó registrado en video como tres hombres rompen los vidrios de la vivienda, la puerta y entran. Se intuye que antes ya se habían saltado una barda perimetral que se ve al fondo en la grabación.
Para la defensa personal y del hogar, los segundos en los que forcejeaban con las ventanas y las chapas de la puerta eran vitales, ya que desde adentro veían a los sicarios e incluso los grababan, pero desde afuera no miraban a los ocupantes de la casa. En esos momentos era de mucho más utilidad un rifle que un celular.
Si en ese hogar hubiesen contado con un arma de fuego para la defensa, probablemente no estarían hoy lamentando la desaparición de la periodista.
Lo peor es pensar que a nosotros nunca nos va a ocurrir y por eso caemos en un estado que incluso califico yo como negligente, no para no pedir, sino para exigir nuestro derecho a la legítima defensa ante unas autoridades sobrepasadas. Hoy está incluso mal visto por la misma sociedad hipócrita que tengas una arma de fuego, o que te guste el tiro deportivo o la cacería. Como le conviene al estado, han enseñado a asociar las pistolas con la muerte y no con la supervivencia.
Y es que una cosa es que te levanten en la calle y muy distinto que se metan hasta tu recámara por ti y no puedas hacer absolutamente nada. Esa sociedad que crítica no va a poner el pecho para defenderte.
Hace unos días, en horas de la tarde llegaron a mi domicilio y me tocaron de manera insistente. Por las cámaras de seguridad vi que eran 3 hombres con fornituras e inmediatamente tome dos de las 10 armas de fuego que tengo registradas ante la SEDENA (cosa que es muy cara e incluso prohibitiva para muchos mexicanos) y me acerque a la puerta, que por fortuna es un portón antiguo de madera sin ventanas y con tranca de seguridad, para preguntar que querían. Yo del otro lado ya me esperaba lo peor: traía una escuadra fajada y una retrocarga en mano con el tiro arriba. Me
ordenaron que saliera, cosa que por supuesto no hice y luego me dijeron que eran ministeriales y querían entregarme una orden de presentación que ni a mi nombre estaba. Seguí sin abrir en espera de que intentarán tirar la puerta para proceder a actuar en defensa propia, porque realmente no me constaba que fueran autoridades ministeriales. Afortunadamente cuando vieron que no abriría y que había cámaras,
dejaron en el buzón la orden de presentación que era para un vecino, no para mí. Solo así comprobé que eran policías y al día siguiente que volvieron me identifique y les aclaré el error de domicilio que habían tenido. Todo se solucionó y se disculparon por el susto que me pegaron un día antes. Les dije que la burra no era arisca pero los golpes la hicieron.
Sin embargo lo que quiero tocar es que si no hubiesen sido policías o hubieran ido con mala intención por mi o por alguien de la familia, por lo menos vivos no nos llevaban, porque la defensa es un derecho consignado en el Artículo 10 del Capítulo I de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos que establece el derecho de los habitantes a poseer armas en su domicilio para su seguridad y legítima defensa. De cada quien depende hacer valer ese derecho.
La tramitología y sobre todo la prohibición de poseer armas para el resguardo del hogar (no estoy hablando de portación ya que ese es otro tema) en un país tan peligroso para la gente de bien como México, es solo para que la gente de mal, el brazo paramilitar del gobierno siga haciendo de las suyas a sus anchas: callando periodistas y luchadores sociales que se opongan al régimen o sus sicarios. No vaya a ser que en una de esas lastimemos a alguno de sus narcos de confianza.