El Evangelio Según • Masiosare • Víctor Hugo Pérez Nieto
Estas últimas semanas han sido polémicas en cuestiones del intervencionismo gringo en asuntos nacionales: que si hay agentes de la CIA operando en México, que ya solicitaron la presencia de altos personajes de la 4T en EU incluido un gobernador y un senador, o que ya un contra almirante preso en Argentina está a punto de cantar como Pavarotti solo para confirmarle a Trump lo que ya sabe: quién dirigen el negocio del huachicol fiscal.
La verdad no es nueva, ni siquiera de 2 sexenios: desde que tengo uso de razón, vengo habitando en un narco estado y nada ha cambiado para bien. Presidentes y gobernadores se convierten, si nos que ya lo eran, en padrinos de La Cosa Nostra mexicana.
Cuento con 53 años y de niño, cuando escuchaba decir que México era una nación en vías de desarrollo, me imaginaba que ya de mayor viviría en un país desarrollado, pero el destino nos alcanzó primero sin llegar a ser del Primer Mundo. Incluso en salud, educación y seguridad estamos peor.
México, antes de la llegada de los españoles eran muchos reinos y señoríos enemistados a muerte, no la visión idílica de los indigenistas, y cuando el hombre blanco llegó, tampoco vio como hermanos a los indígenas, como quieren hacer creer los hispanistas.
Estas fracturas persisten a través de los siglos y nos impiden el desarrollo: el michoacano, el guanajuatense y el Jalisciense desprecian secretamente y muy en el fondo de su corazón al chilango sin querer aceptarlo y sin siquiera recordar por qué. ¿La razón?: hace más de 600 años tuvieron una sangrienta guerra el reino Mexica y el Purépecha.
En la Ciudad de México tampoco quieren a los tlaxcaltecas, de quienes niegan su existencia, ni a los poblanos a quienes de manera despectiva llaman “pipopes” porque aún están resentidos, con justa razón, por la toma de Tenochtitlan en 1521.
El yucateco le dice wacho al del centro porque así sonaban las botas de los soldados “huach huach” cuando llegaron a reprimir a los mayas en la Guerra de Castas.
Tampoco es menor el rencor de los yaquis, los seris, los pimes y los chichimecas.
Esto es para probar que no necesitamos de “un extraño enemigo “. Para declararnos en rebelión y odiarnos con odio jarocho, basta una afrenta, una majadería, un menosprecio o un acto despótico y así despertar al Masiosare que todos llevamos dentro. No hay nada más profundo y duradero que el coraje.
Los gringos son hoy el gran conflicto de los políticos de la 4T, ahora sí quisieran tener a indígenas, blancos y mestizos del norte, centro y sur unidos para defenderlos (a ellos, no al país) y lanzarnos a la Guerra de ser necesario, porque “un soldado en cada hijo te dio”.
Pero para los guanajuatenses del sur y los agricultores del distrito de riego 11, Trump es el menor de nuestros problemas, porque al “extraño enemigo” lo tenemos en casa, enquistado en el poder comiendo de nuestros impuestos, cada vez más “carísimos por cierto” porque la soga para someternos les está saliendo más costosa de lo que esperaban.
La mafia mexicana no solamente tiene el mando de la 4T, también el de los estados en manos de la oposición, pero aún hay mexicanos valientes dispuestos a defenderse de los no tan extraños enemigos.