De internos, pasantes y residentes
“Si el canciller elegido por el presidente para hacer frente a la amenaza trumpista no tiene carrera ni experiencia diplomática, puede hacer el mismo daño que un estudiante de medicina inexperto intentando una cirugía a corazón abierto, nada más que a toda la nación.”
Hace pocos días, leí la propuesta que un joven becario jalisciense hizo a través de la plataforma change.org, al diputado federal Macedonio Tames Guajardo en relación a mejorar las condiciones de los médicos internos, pasantes y residentes, quienes bajo el argumento que “están en formación y haciendo sus rotaciones para aprender”, son sometidos a extenuantes jornadas de trabajo a veces superiores a las 40 horas seguidas y sin tiempo para las necesidades humanas básicas, mucho menos para el esparcimiento o las relaciones sociales, y todo a cambio de una beca que no alcanza ni para el pasaje (aproximadamente mil pesos al mes para los internos). Tal vez por esa razón existe el dicho que “los amores nosocomiales son resistentes a todo”, ya que por lo regular éstos germinan entre dos seres caídos en desgracia, con sus vidas familiares y su futuro muy próximos a malograrse, sin otra realidad ni otra vida social que el hospital.
Yo, después de 5 años de carrera, 1 año de internado, otro de servicio, 4 de especialidad y 2 de subespecialidad -además anduve un año en el conservatorio y otro en filosofía tratando de encontrarme-, comencé a tener un sueldo de adulto después de los 35 años, hace poco menos de 10. Antes de eso por supuesto no pude ahorrar, ni construir un patrimonio, mucho menos mantener una relación estable, pero no me pesa, porque ese tiempo lo invertí en mi enseñanza.
El maltrato a los aprendices viene desde el inicio del cristianismo. A los catecúmenos (principiantes de la religión católica) en la antigüedad se les diferenciaba de los fieles por el lugar que ocupaban en los templos. No entraban a la iglesia al inicio de la ceremonia y se acomodaban junto a los penitentes bajo el pórtico. Tampoco se les permitía asistir a la dedicación de los santos misterios y entraban al recinto inmediatamente después del evangelio, aunque tampoco se les permitía hacer oración con los feligreses: sólo se les daba pan bendito, llamado el pan de los catecúmenos, como un símbolo de la comunión, a la cual podrían ser admitidos en adelante.
Pero no todo ha sido tragedia para los aprendices, ni todos están por debajo del umbral de la pobreza, con menos de un salario mínimo o sometidos a extenuantes jornadas laborales y vejaciones. Para muestra Luis Videgaray, el nuevo practicante de la Secretaría de Relaciones Exteriores. No sé si por su falta de experiencia, estará un tiempo como meritorio, oyente, genuflectante o defecante, pero de que nos saldrá muy caro su salario a los contribuyentes, sin duda (en 2015 que fue el último dato que pude encontrar en El Economista: el entonces Secretario de Relaciones Exteriores ganó 3 millones 358,199 pesos en percepciones ordinarias brutas). Para quienes aún tenían vacilaciones del porqué del aumento en los precios de los combustibles, he aquí la respuesta: para poder sostener el pago de diletantes como Luis Videgaray, Alfredo Castillo, Carmen Salinas y el propio Peña Nieto en la función pública. Si el canciller elegido por el presidente para hacer frente a la amenaza trumpista no tiene carrera ni experiencia diplomática, puede hacer el mismo daño que un estudiante de medicina inexperto intentando una cirugía a corazón abierto, nada más que a toda la nación.
Solo un imbécil sería capaz de dejarle un bisturí en la mano al segundo, y sólo esto justificaría la imprudencia del primer ejemplo.
Ante esta situación propongo tres cosas: 1) que mejoren el sueldo y las condiciones de los practicantes del área de medicina (sean médicos, enfermeras u odontólogos); 2) que este año no paguemos prediales, tenencias, multas ni cualquier otro impuesto que nos toque ir a solventar de manera voluntaria, para dejar de mantener a los practicantes de la función pública como Luis Videgaray, que tanto daño le han hecho al país; 3) que se cumpla el juramento de los servidores públicos, quienes prometen en su toma de protesta: ”si así no lo hiciere, que la nación me lo demande”.
Pues bien: una nación entera les está demandando que se larguen de una vez por todas.