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Las ausencias infinitas de Yann Tiersen • Fernando Cuevas

“Pronto se volvió una especie de hombre orquesta que iba y venía con su espectáculo propio…”

Yann Tiersen
Yann Tiersen
Las ausencias infinitas de Yann Tiersen • Fernando Cuevas

La nutrida y larguísima tradición estética de la chanson (canción francesa), que amplió sus fronteras en el siglo XX con artistas como Aznavour, Gainsbourh, Piaf, Brel y Brassens, entre otros, ha ido evolucionando desde sus orígenes, hace más de trescientos años, incorporando elementos y estructuras sonoras de otros ámbitos, como la música clásica, el folk galo, la vanguardia y el rock alternativo. Particularmente durante el siglo XXI, Yann Tiersen ha continuado esta premisa, buscando el eclecticismo y la apertura de horizontes estilísticos como forma de expresión, junto con Benjamin Biolay, Dominique A y Miossec, por mencionar un trío de colegas insertos en esta tendencia.

Nacido en Brest, la Bretaña francesa, el 23 de junio de 1970, Tiersen estudió piano y violín desde pequeño en tesitura clásica, aunque de manera simultánea con la llegada de la adolescencia, cual debe, llegó el interés por el punk y el postpunk inglés y estadounidense. Pronto se volvió una especie de hombre orquesta que iba y venía con su espectáculo propio, tocando cuanto instrumento se le pusiera enfrente, desde el piano de juguete hasta el acordeón, pasando por la guitarra, la armónica, el clavecín, el banjo y las campanas tubulares, por mencionar algunos de ellos.

Mostrando sus dotes como multiinstrumentista y compositor, debutó con La valse des monstres (1995), en el que se integraron algunas piezas compuestas para filmes cortos grabadas con anterioridad en efusiva clave instrumental. En esta primera etapa de su trayectoria, tan interesante como la que siguió ya con cierto reconocimiento más allá de su patria, presentó Rue des cascades (1996) y Le phare (1997), que incluyó el exitoso corte Monochrome, interpretado por el mentado Dominque A y que le brindó una ventana hacia un público más amplio, si bien insertado en las músicas propias de la región que lo vio nacer.

Para cerrar el siglo, grabó La Vie rêvée des anges (1998), música para la película de Erick Zonca y que significó su primera incursión en la composición fílmica, no obstante ya había trabajado para algún documental televisivo y un corto; presentó la obra en directo Black session (1999), con la participación de Neil Hannon (Divine Comedy) y el propio Dominque, y A Tout est calme (1999), en la que incorporó un aliento más roquero con la presencia de bandas como Les Têtes Raides y The Married Monk.

El ecléctico músico bretón inició fuerte el nuevo milenio con Trois Huit (2001), música para el film de Le Guay y con el brillante y juguetón score Le fabuleux destin d'Amélie Poulain (2001) para la famosa película de Jean-Pierre Jeunet, sobre una joven en busca del disfrute sencillo de la vida, interpretada con justa mezcla de picardía e inocencia por Audrey Tautou. Los ecos de Michael Nyman se dejan escuchar en esas secuencias inspiradoras que suben y bajan por las escalas, mientras intentamos descubrir cómo se puede entender que aquí nos tocó vivir.

L'absente (2001) confirmaba el intenso momento creativo, cargado de contrastes y una soltura plástica de gran alcance y versatilidad para fundir géneros y viajar por estilos de una canción a otra, con todo e invitados de lujo entre quienes se encontraba Lisa Germano: acaso se trate de su obra más redonda y consistente a la fecha. Vendrían después otro disco en vivo titulado C'etait ici (2002), seguido de Good bye, Lenin! (2003), soundtrack de la película envuelta en tono de farsa dirigida por Wolfgang Becker, y por Yann Tiersen & Shannon Wright (2004), una colaboración con el cantautor estadounidense.

El reencuentro con la isla del día de antes

Les retrouvailles (2005) y el álbum en vivo On tour (2006), que representa una buena muestra de su expresivo desempeño en el escenario, se acompañaron de sendos DVD’s: La traversée (2005) y  On tour (2006), ambos dirigidos por de Aurelié du Boys. El primero, grabado en una isla cual contexto inspirador, revisita sonidos evocativos conducidos por el piano y el clavecín, los juegos de cuerdas, el acordeón y su aliento atemporal, los sentidos cantos masculinos de Miossec y Stuart Staples (Tindersticks), así como las vocales de Elisabeth Fraser (Cocteau Twins), con su habitual intimidad luminosa, y la mítica Jane Birkin, figura central de la canción francesa a partir de los sesenta –a pesar de haber nacido en Londres- y quien desprende aquí una frágil sensualidad otoñal.

Después de musicalizar Nos retrouvailles (2007), drama francés sobre la relación entre padre e hijo, y el documental Tabarly (Marcel, 2008), en el que se retoma la vida del gran navegante galo, grabó Dust Lane (2010), reflexionando sobre la muerte y continuando con esta inclinación hacia el rock ahora con un enfoque relacionado con la electrónica, y Skyline (2011), mirando hacia el cielo con un dejo de post rock al estilo, justamente, de bandas representativas del género como Explosions in the Sky y Mogwai.

El álbum Ciclo (2013) pedalea a la par del documental de Andrea Martínez acerca del famoso recorrido en bicicleta del la ciudad de México a Toronto realizado por los hermanos Martínez en 1956, visto ahora desde la perspectiva de los personajes ya septuagenarios. Con ∞ (Infinity) (2014), aunque en ambientes que nos sitúan en los fríos parajes islandeses mostrando a un artista en plena ebullición creativa, que lo llevó a formar ESB, un trío sostenido en el krautrock con el que, además de dar algunos conciertos, produjo el homónimo ESB (2015), en complicidad con Lionel Laquerrière (miembro de su banda en vivo) y Thomas Poli.

Llegaría una etapa de conexión con la naturaleza, su propia tierra y la belleza del mundo: compartió sus sonidos para varios cortometrajes, entregó el score para la película animada Malá z rybárny (Balej, 2015) y grabó el documental Ouragan, l’odyssée d’un vent (2015), haciendo equipo con los realizadores Cyril Barbançon, Andy Byatt y Jacqueline Farmer, además de la NASA, y así seguir el rastro de ciclones alrededor de 12 países, complementado con Hurricane, a Wind Odisey (2016). Volvió al terruño con Eusa (2016), en honor a la isla bretona donde vive y a la cual le regaló composiciones pianísticas a sus diversos rincones; siguió Hent (2018), con un solo corte de aliento reflexivo, y ALL (2019), en efecto abriendo las puertas y ventanas al mundo con invitados como Anna Von Hausswolff y Denez Prigent, entre otros.

En Portrait (2019), el compositor revisitó varias de sus piezas para darles un tratamiento a la lauz del tiempo, como una especie de meta-compilación en las que él mismo observa su recorrido y lo reinterpreta en compañía de Blonde Redhead, Gruff Rhys, Stephen O’Malley, Ólavur Jákupsson, Quinquis y John Grant. Apareció Kerber (2021), integrado por canciones otra vez referidas a Ushant, la pequeña isla de la costa del mar celta, pero ahora intervenidas con artilugios electrónicos por Gareth Jones, al le siguió el numérico 11 5 18 2 5 18 (2022), nueve cortes nombrados con dígitos entre los que se retoman algunos de su álbum anterior, integrando el piano a lógicas de intervenciones digitales; en este mismo año, participó también en el la comedia romántica italiana Leonardo and the Love (Alexander N, 2022). Estará de visita en nuestro país esta semana.

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