miércoles. 22.09.2021
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La dama guerrera o Camila la amazona

Karen Edith Salazar Martínez

La dama guerrera o Camila la amazona


También está Camila,
del pueblo ilustre de los volscos,
al frente de tropas a caballo
 y batallones que relucen de bronce.[1]

Una mujer en el centro del combate, armada y con aptitudes para la guerra es algo fuera de lo común. En tiempo de la Roma antigua, la mujer debía estar relegada al hogar, al servicio del hombre y de los hijos, la armonía de la casa era su principal tarea, los roles establecidos estaban fijos y quien no lo disponía así sufría el rechazo de las polis, como si fuera una amenaza, como si fuera una bárbara. Esto sucede porque “a través de la mujer se perpetúa el linaje. […] La mujer debe cuidar las costumbres y las tradiciones, en ella el ritual y la significación se hayan totalmente identificados. […] La mujer debe permanecer fija en la casa porque de algún modo esto asegura la cohesión y la unidad del grupo familiar, que, sin un punto fijo de referencia central, se extraviaría”.[2]

Se marcan los roles y las estrategias, cada persona debe estar en el sitio que le corresponde para no alterar la armonía del cosmos, mentalidad que ha perdurado durante muchos siglos después, la mujer se encuentra en el centro, pasiva y atrayente, como un ancla en el mar, como un punto de referencia y orientación. En la mayoría de las culturas se relaciona a la mujer con elementos sin movilidad, como la tierra, al hombre con elementos que fluyen, como el agua o el fuego. El agua ha de penetrar en la tierra y ésta dará frutos, igual que una mujer. Una concepción lógica pero no precisa. Tampoco podemos hablar de filosofías equivocadas o inequívocas, sólo distintas a las nuestras, nunca bien o mal, sólo diferentes.

¿Cómo podemos saber las concepciones que se tienen del papel de los hombres en alguna época o en algún lugar? Supongo que a través de la literatura y los mitos, que se complementan y se homogeneízan, por ejemplo ahora, siglo XXI, podemos conocer el modo de pensar y vivir de los griegos a partir de la Iliada,[3] no se necesita ser perspicaz para nombrar la importancia de la guerra para los hombres de este tiempo, ni tampoco para notar el papel fundamental de los dioses en las decisiones de los hombres, la virilidad, la belleza y la lealtad: virtudes importantes que los héroes debían poseer.       

Los innumerables estudios realizados en nuestro siglo y en el precedente, acerca de mito, nos permiten establecer que es éste una estructura polisignificativa que explica no sólo el ámbito físico, sino también el moral, el psicológico y el histórico, en los que da la actividad humana. Así pues, la estructura del mito se liga estrechamente tanto al ámbito natural como al social, e instrumenta una forma peculiar de lenguaje que permite la simultaneidad de la explicación.”[4]

El mito que nos ha de servir como puente, como ventana y como punto de contacto, todo lo que existió quedará en la incógnita, pero la duda permanece, el pensamiento asciende y el hermetismo se torna lejano. Podemos vislumbrar ahora una vida o una actitud, actividad o existencia. Esta existencia que se va delimitando al paso del tiempo y de las concepciones, nuestra concepción es un cadáver exquisito de las filosofías de los maestros de la antigüedad. Todo ha sido parte del proceso de emulación que el hombre se ha caracterizado de utilizar para perpetuar su especie, a modo de supervivencia, de adaptación y selección natural.[5]

Es ahora el mito de las amazonas la que nos ha de interesar, aquellas mujeres guerreras que vivían sin varones y que iban a luchar contra ellos para llevar rehenes a sus dominios y así reproducirse para que su especie no muriera. Cuando el producto nacía y era niño era asesinado, cuando era niña era confinada para educarla de acuerdo a sus normas. A la hora de la pubertad se les cortaba un seno para facilitar el tiro en arco, de ahí que proceda el nombre, cuya etimología es amazon: sin pecho. También tenían otras armas y eran unas jinetes expertas, algunas reinas amazonas fueran raptadas por héroes romanos, pero sobre todo griegos.[6]

Camila es una amazona, ha sido compañera de destierro y discípula de Artemis, es ágil y lucha con los hombres sin temor a la muerte, es la representación leal y completa de una dama guerrera, se nos ha presentado como una mujer íntegra que antepone sus armas y su pueblo a la caridad y la piedad. No le importa matar y perder la vida en combate siempre que sea como signo devoto dedicado a “Artemis y Ares”,[7] entablar una pugna y ser vista como un combatiente más, incluso dignificando el valor del vencimiento de las amazonas. Es realmente fuerte el hombre que logre dominar una amazona y vencerla le dará gloria. La mujer es suspicaz, es más fuerte mentalmente y esa fortaleza es mejor que la física.

Podemos observar en los mitos la naturaleza femenina, la caracterización de las mujeres reflejada en las deidades y los personajes, mas son estas deidades las que nos presentan una descripción un tanto resquebrajada. Las mujeres actúan según sus preferencias y conveniencias, los hombres por su valor y orgullo, las mujeres pueden ser fuertes e inteligentes, pero deben ser el magnetismo del hogar, dualidades en la caracterización que se ven disminuidas por la imposición de personajes distintos, aquellos que nos dan noción de otro parámetro dentro de los roles de género. “La feminidad en la mitología griega no sólo es variada sino compleja; esto obedece sin duda al hecho de que las deidades no aparecen en el marco de la mitología con todas sus características definidas y limitadas desde el principio, sino que la configuración del mito es un producto histórico cuya elaboración se da a partir de la realidad concreta.”[8]

Camila, la amazona de Virgilio en la Eneida, es descrita en muchos sentidos, conocemos el arma que ella utiliza en combate: “Camila con su aljaba, y bien multiplica flexibles astiles lanzándolos con la mano, bien incansable empuña con la diestra la pesada segur; suena el arco de oro en su hombro y las armas de Diana. Ella asimismo, si a veces volvía la espalda rechazada, apunta con el arco hacia atrás dardos fugitivos.”[9] Encontramos el factor extrañamiento en la Eneida, el rol de la mujer se ve extraído de un mito emulado a los griegos, la mujer comienza a tener un papel distinto, Camila es una mujer dispuesta a demostrar la valentía no propia de los varones.

“Al margen de si en realidad las mujeres deseaban o no luchar físicamente, la simple mención de una mujer legendaria que así lo había hecho establecía una tradición de fuerza y competencia en el ámbito especialmente masculino de la guerra”. Las amazonas son el paradigma perfecto y ellas lo saben, son la excepción y eso las convierte en entes misteriosos y atrayentes, sensuales y difíciles.

Camila es el cambio de percepción de una cultura, la resistencia a ver a la figura femenina en el mismo nivel que el hombre, omitir “los errores del pasado”, como las actitudes enmarcadas por Helena de Troya[10] y desdeñadas por los hombres ilustres. Eneas[11] cuenta: “Erinia[12] común de Troya y de su patria, se había escondido y, odiada, estaba sentada en los altares. Llamas ardieron en mi corazón; una ira me nace por vengar a mi patria en su ruina y castigar tan grandes crímenes.”[13] ¿Es la naturaleza la que comienza a mutar o es la percepción del hombre la que no culpa a la mujer de todos los males?      En este periodo el hombre toma más conciencia de él, es él quien decide y quien se equivoca, tanto los dioses como la mujer ya no son inculpados por las fallas de la humanidad.

Camila es un personaje que lucha, pero además es un personaje que derrota, una mujer que derrota al hombre, una feminidad que derrota la concepción homocentrista, propia del género masculino de un modo literal. “Virgen fiera, ¿a quién tumbas primero con tu dardo y a quién después? ¿O cuántos cuerpos moribundos por tierra? […] y cuantos dardos salieron volando de la mano de a virgen, tantos guerreros frigios cayeron”.[14]

La mujer ya no es relegada a esposa o madre, comienza a vislumbrarse esos aspectos que la nombran distinta, ya no es la culpable de las fatídicas consecuencias; ya no es la que llora a la puerta de la casa, sino aquella mujer que lucha incluso contra hombres, de ser necesario; ya no es la que se abandona por su inutilidad, sino la que marcha junto a sus hombres en señal de apoyo y consuelo. La mujer va realizando cambios en ella, la cotidianidad le da otros matices y los hombres comienzan a cederle un lugar dentro de la vida pública.

Ya esto comenzaba a verse con algunos griegos, quienes planeaban hacer, de cierto modo, una jerarquía esquematizada, no de poderes sino funciones, que diera a la sociedad mayor eficacia, demandando la cooperación de la población sin tomar en cuenta el sexo. Por ejemplo en “La utopía platónica, en relación con la educación femenina, manifiesta una serie de ideas contrarias a la concepción ideológica general y a las prácticas concretas sociales que rodean a la mujer ateniense. Así la educación musical y gimnástica de la mujer en la República no va contra la naturaleza femenina, sino que, por el contrario, es el estado de cosas entonces actuales (en la polis ateniense), lo que impide desarrollar a la mujer las dotes que le han sido conferidas.”[15]

Camila es el esbozo enmarcado, una mujer a quien se le da un pequeño papel dentro de la Historia oficial, la mujer que, si bien amenaza, también es defensora. Esta figura contiene matices distintos a los establecidos, los roles van cambiando y Virgilio la toma en cuenta para dar una descripción de su cosmogonía. Ahora se le permite a la mujer tomar parte en la pugna para no ser sólo el eje central. Ante tales cambios las consecuencias vienen paulatinamente, Camila es la portadora de armas, es la que lidera a otras mujeres y es temida por hombres, es asesinada, pero eso no es importante en cuanto que los ideales siguen en pie de lucha. Ella ha muerto pero la dama guerrera ha despertado y comienza a sobresalir dentro de los mitos, la literatura y la realidad misma.

 

[1] Virgilio, La Eneida, Alianza, Madrid, 2005, p. 288.

[2] Laura Benítez, La mujer en la perspectiva mítica e ideológica de la cultura griega, en La naturaleza femenina, UNAM, México, 1985, p. 29.

[3] Obra de Homero, autor de la Grecia antigua.

[4] Laura Benítez, op. cit., p. 25.

[5] Lo que es aprendido debe ser heredado a la descendencia para asegurar de algún modo la supervivencia de la especie.

[6] Parafraseando a Ángel Ma. Garibay, Mitología griega, Dioses y Héroes, Porrúa, México, 2002, p. 48.

[7] Divinidades principales de las amazonas por su similitud. Ángel Ma. Garibay, op. cit., p. 48.

[8] Laura Benítez, op.cit., p. 25.

[9] Virgilio, op. cit., p. 295.

[10] Personaje femenino de la Iliada, la causante de la guerra de Troya.

[11] Protagonista de la Eneida de Virgilio.

[12] Helena de Troya.

[13] Virgilio, op. cit., p. 68.

[14] Ibid., p. 295.

[15] Laura Benítez, op. cit., p 34.

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