Martes. 15.10.2019
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CINE COLISEO

Amor de lejos

Gerardo Mares

La producción fílmica de Bélgica, tanto para el caso de los hermanos Jean-Pierre y Luc Dardenne –cineastas de resonancia universal apenas difundidos de manera marginal- u otros directores de estatura menor que no cuentan con la empatía de los distribuidores mexicanos, es prácticamente desconocida en el panorama local.

Por eso, ni raro resulta que una de las realizaciones emblemáticas del país europeo y que llamó poderosamente la atención en el festival de Cannes a mitad de la década de los ochenta, sea muy poco rotada y exhibida incluso en el movimiento cineclubístico de León. Nada del otro mundo, salvo de que se trata de una de las mejores películas del género romántico. De hecho, Crazy Love fue programada dos veces por un servidor en los tiempos que coordiné el cineclub de la Casa de Cultura Diego Rivera con resultados por demás disímbolos.

Basado en el texto de Charles Bukowski The Copulating Mermaid of Venice, CA, la sutilidad del relato fílmico y la resolución formal de la adaptación fue lo primero que asombró a la crítica internacional. A través de una estructura episódica, el filme narra las diversas manifestaciones sobre la corrupción de un ideal amoroso, el desencanto posterior y finalmente la desesperanza, el gandallismo delincuencial y la necrofilia como asidero emocional; tres etapas en la vida de Harry Voss marcadas por la crueldad y el desamor, la cara fea de un destino que se ensañará con un tipo que se las verá duras y que terminará convertido en un loser, muy parecido al borracho buscapleitos de apelativo Henry Chinaski.

Sin nada qué perder, el entonces desconocido talento pudo capturar la esencia provocadora de Bukowski en un filme que se distancia por su belleza plástica y una tristeza casi indescriptible; la mejor interpretación hecha a la prosaica propuesta de don Charles, dada la espeluznante moda que se dio a la tarea de trasladar a mansalva la literatura del autor norteamericano, de cuyos desalentadores resultados resultan ser los acartonados y pretenciosos largometrajes Factotum (Bent Hamer. 2005); Barfly (Barbet Schroeder. 1986) y lo que se acumule al paso de los años.

En un cariz adyacente, no fue asunto menor que el director pusiera de relieve en el mapa geopolítico a la producción belga de pronunciación flamenca con su Crazy Love, titulada en nuestro país con el más literario, poético y evocativo El amor es un perro infernal.  

Proyecto tramado y producido como un trabajo de cortometraje en primera instancia, dado el lirismo alcanzado, los productores ofrecieron a Dominic Deruddere la alternativa de completar un largometraje. Este inusual apoyo fue narrado ampliamente por el autor en la excelente entrevista publicada en la revista Dicine. El resultado, bien pensado y planeado, fue una de las películas de amor (o de su ausencia y carencia, se entiende) más devastadoras que hablan acerca de la pérdida de la inocencia.

Técnicamente el filme está dividido en tres capítulos, casi de la misma duración y con similares dosis de inteligencia. El primero cuenta la historia de un espejismo: Harry Voss niño nutre su imaginación a través de la cinefilia, y glorifica el sentimiento amoroso manipulado por las películas épicas de caballeros y princesas. Este ideal se verá destrozado por el aprendizaje carnal que le imparte un amigo –bastante verijón, por cierto- en un inquietante ánimo corruptor, llevándolo a experimentar con la masturbación, y a una primera experiencia sexual castrante con una madura mujer alcoholizada.

Deformado en su juventud por una espantosa infección cutánea, Harry es objeto de burlas por sus compañeros de escuela. La fiesta de graduación se torna para el solitario ser en una tortura, al no atreverse a bailar con la chica de la que está enamorado en secreto debido a su timidez y franca fealdad. Animado por un compañero para echarse un faje en el auto de un amigo que le consiguió el favor, la chica se arrepiente con horror al sentir los granos en la cara y en la espalda de Harry. Al chico no le queda de otra que armarse de valor, y con papel higiénico como máscara, logra entablar el único acercamiento de toda su vida con una fémina melancólica, bailando la melcochosa canción (Love Hurts) en una escena memorable por la carga de patetismo implícita, aportación en gran medida por la soberbia actuación de Josse De Pauw.

Convertido en un paria en su vida adulta, Harry y un compinche hurtan el cadáver de un auto fúnebre (el verdadero leitmotiv de la película), fiambre que se convertirá por obra y gracia de la metáfora visual en una sirena de belleza sepulcral. Subyugando a Harry de forma impulsiva, una mujer que nunca había tenido en la vida –y que no lo pudo rechazar, podemos agregar-, a la que termina desposando en una noche densa con atmósfera de fábula macabra; un clímax de antología, y que, como buena historia de amor, obedeciendo al canto de estas criaturas míticas, terminará en tragedia.

Crazy Love (El amor es un perro infernal)/ D: Dominique Deruddere/ G: Dominique Deruddere y Marc Didden/ F en C: Willy Stassen/ E: Ludo Troch/ M: Raymond van het Groenewoud/ Con: Josse de Pauw, Geerts Hunaerts, Michael Plas, Gene Bervoets y Amid Chakir/ P: Kabinet van de Gemeenschminister van Cultuur, Ministère de la Communauté Française de Belgique, Multimedia. Bélgica. 1987

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