Es Lo Cotidiano

Djangology (1910-1953)

Javier Morales i García

Djangology (1910-1953)

Mito y leyenda del jazz mundial, Django Reinhardt (Jean Baptiste era su verdadero nombre) nació en Charleroi, Bélgica, el 23 de febrero de 1910, en una parada de la caravana de la tribu de la cual formaban parte sus padres. Tras viajes por Italia y el Norte de África, se quedaron en la afueras de París. A los pocos años ya era un instrumentista meritorio que se ganaba la vida tocando el banjo para los paisanos, como él llamaba a los no gitanos. Uno de éstos fue el pintor Émile Savitry, que quedó impresionado por su sonido y le ayudó a meterse en el ambiente jazzístico parisino. Era 1928.

En 1922 había caído en sus manos una guitarra y se había olvidado del banjo. Nunca tomó clases. No sabía leer ni escribir y no le gustaban las partituras. Era libre. No quería contratos ni ataduras. Así fue hasta el final.

Django no escuchó a guitarristas norteamericanos hasta más tarde, pero en París escuchó jazz. Aún no se sabe cómo o qué tocaba antes... es un misterio.

Sus primeros pasos los dio con Stephen Mugin, que fue uno de los introductores de la nueva música en Francia, y más tarde con el contrabajista Louis Vola, en cuya orquesta debutó. 1932, de Cannes a París. Ya en esos momentos gozaba del respeto de míticos jazzmen franceses como Alix Combelle y, más tarde, del violinista Stephane Grapelli, con quien formaría un dúo clave en el jazz.

Pero ocurrió un grave accidente: Django se quemó la parte izquierda de su cuerpo... y perdió el dedo meñique y anular, vitales para un guitarrista. Así que tuvo que empezar a aprender a tocar de una manera que sólo él sabía, superando todos los problemas y sin perder las ganas de vivir, ni su forma de ser. Él era una estrella antes de serlo de verdad.

En 1931 dio un concierto con el Hot Club du France, una institución nacida con la década, y causa estragos, dejando a todos anonadados. En 1934, la revista Jazz Tango le pone por las nubes. En diciembre de ese año ya se forma el famoso quinteto con el violinista Grapelli, Roger Chaput y su hermano Joseph, que era como el esclavo de Django, llevando su guitarra, cargando sus maletas, cambiando las cuerdas y otras cosas. Se convirtieron en el grupo de jazz europeo más famoso del período de entreguerras.

En 1936 Django ya era una estrella. Se peleó con su hermano y éste se fue, harto. Entró Marcel Bianchi, también a la guitarra de acompañamiento. El gitano quería ganar más dinero y todo lo demás le daba igual. Tocaba cuando le daba la gana, sin importarle no presentarse a un concierto ya pactado y pagado, o ausentarse a la mitad del mismo sin motivo aparente. Eso sí, cuando tocaban juntos algo mágico pasaba. Reinhardt y Grapelli eran dos personas opuestas desde todos los puntos de vista, menos el musical, que era algo más sólido que cualquier motivo de discordia.

Ese mismo año comenzaron las giras por otros países, con éxitos en Holanda, Bélgica, Escandinavia e Inglaterra, y la grabación de discos que se vendían como lechugas. En 1937, Django grabó con músicos americanos como Shad Collins, Dickie Wells, Benny Carter y Coleman Hawkins, todos grandes fans del gitano. Las sesiones se llevaron a cabo en Inglaterra.

En 1939 cumplió varios sueños. Grabó en París con Duke Ellington y tocó en una jam session del Club Bricktop con su gran ídolo, Louis Armstrong. No hay pruebas documentales de esto. Otro encuentro importante fue con el violinista Eddie South. Así, Django comparó estilos y sin su otro yo, Grapelli, ¡también sonaba muy bien!

En agosto de 1939, el quinteto se encontraba de gira en Inglaterra cuando estalló la guerra. Django y sus tres acompañantes regresaron a París rápidamente. Grapelli se quedó en Londres. El grupo se había roto, pero para nuestro protagonista los primeros años de la contienda fueron su mejor época: ahora él era el líder, los grupos eran suyos y la gloria también.

Durante 1940 y 1941 dio unos conciertos triunfales por toda Francia, acompañado por el clarinetista Hubert Rostaing, el batería Pierre Fouad, el bajista Francis Luca y su hermano Joseph Reinhardt como segundo guitarra. Se habían reconciliado ¡y la juerga fue histórica! Django era una celebridad. Rico, se permitía grandes lujos y tocaba en el Chez Janestick, el local más cool de la época. Hacía más de un año que los nazis ocupaban París cuando se decidió a formar una big band para algunos conciertos especiales, ya que el quinteto se le empezaba a quedar corto. Su genio ya quería tocar otras artes.

Aún con el quinteto, volvió a tocar en Inglaterra, incluso en Argelia. ¿Te imaginas los clubes en la Kasbah? ¡1942! Le seguían pasando cosas como que Jean Cocteau le encarga una ópera, Manoir de mes reves, que nunca se conoció. En París montó su propio local, La Roulette, también conocido como Chez Django.

Presionado por varios elementos intentó exiliarse en Suiza con su familia, pero las autoridades le denegaron la entrada al no ser judío o negro. Como siempre, esas leyes extrañas para Django.

Los días de la liberación fueron felices para el artista. Los soldados americanos preguntaban por el "legendario guitarrista gitano" y querían verlo tocar. Fue un honor aparecer en un cartel junto a Fred Astaire en un espectáculo del teatro Olimpia. Fue a oír a la orquesta de Glenn Miller y tocar con alguno de sus músicos en una jam session.

Estaba de gira en el sur de Francia cuando le hablaron de viajar a los Estados Unidos. Django quería saber cuánto le iban a pagar: sus deudas de juego ya empezaban a ser preocupantes, pero el viaje no llegaría hasta 1946. Antes hubo un reencuentro con Grapelli. Hacía diez años que no se veían; no duró demasiado, ya que Django enfermó gravemente, tanto que ni podía tocar bien la guitarra.

Django descubrió la pintura y la convirtió en su nueva pasión, aunque no tan grande como para olvidar la guitarra.

Tras un pequeño contrato en el Café Society Uptown, volvió a París desilusionado pero hablando maravillas de Frank Sinatra, la voz. En Francia se enteró de que Bing Crosby le había estado buscando para llevárselo en una gira internacional, y después a las sesiones de la radio. No llegaron a verse. Pero el destino le llevaba a encontrarse con su amigo/enemigo Grapelli en las sesiones de 1949 con músicos italianos. Ambos se seguían odiando, sus duelos se notan en las canciones. El Reinhardt maduro era más libre, obstinado y petulante que nunca. Todo a su alrededor estaba cambiado. Pero, sobre todo, cambiaba el jazz.

Django siguió actuando en Italia, Alemania e Inglaterra. Grabó con músicos de be-bop franceses, en extrañas mezclas. Hubo nuevas propuestas, no aceptadas, de volver a América.

Llegó por primera vez al aburrimiento: tocar ya no le divertía más. Se buscó su paz en Samois, cerca del Sena, y no tenía el vicio del juego, sólo quería pescar y hablar con los amigos. Su nueva pasión era el billar, peros los dedos ya fallaban y tenía unos dolores de cabeza terribles, aparte de pánico a los médicos. Django Reinhardt murió un 16 de mayo de 1953. Sólo tenía 43 años.

Fue un virtuoso pionero de la guitarra, pero también un compositor fértil e innovador. Django era capaz de grabar un disco original sin necesidad de recurrir a esquemas prefijados. Inventaba melodías y armonías sin dificultad. Dejó más de quinientos temas grabados.

¿Quién mejor para definir al Gran Gitano que su compañero, amigo y enemigo Stephane Grapelli?: "Su modo de tocar era diferente al de cualquier otro, y lo bello del jazz está en eso, justamente. Habrá otros buenos guitarristas, pero nunca habrá otro Django Reinhardt, de eso estoy seguro".

Uno de los padres de la guitarra moderna, junto a nombres como Eddie Lang o el genio Charlie Christian. Django era extraño. Imprevisible. Único. Gitano. ¡Y olé! El mejor guitarrista del mundo.

Con inspiración y referencias del libro Django mon frère de Charles Delaunay.

***

Javier Morales i García (Tenerife, España) es editor del fanzine Ecos de Sociedad, la publicación mod más longeva en Europa. Desde inicios de los 80, escribe, reseña y edita; hoy, Ecos puede leerse en ecos-de-sociedad.blogspot.com.es. Es obseso de la música y el cine.

[Ir a la portada de Tachas 163]

Comentarios