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14:51h. Jueves, 21 de Marzo de 2019

La mujer, el hombre y el Señor de las Moscas. Sobre la concepción sexista en la novela de William Golding

Rafael Cisneros

En una breve introducción a la novela Lord of the Flies (1954), William Golding cuenta el origen de la trama y los comentarios referentes a la igualdad de sexos que recibió a partir de su publicación. El autor explica que durante una tranquila estadía en casa, frente a la chimenea, en compañía de su esposa, se planteó la idea de colocar a un grupo de niños en una isla desierta donde pudiesen probarse a sí mismos e intentar sobrevivir bajo un comportamiento adulto, ofreciendo otra visión de los niños a como suelen ser retratados en la literatura («Little saints[[1]]», los llama Golding.) Con el tiempo, la novela gana su debido reconocimiento, por lo cual el autor es cuestionado en ciertas ocasiones: ¿Por qué no colocar niñas en lugar de niños? ¿O por qué no colocar niños y niñas?

Sus respuestas, contrarias a evadir la cuestión, refuerzan su tentativa de representar a una sociedad violenta. Golding afirma que él fue alguna vez un niño y que, al ser hombre, no le correspondía proporcionar una visión femenina. Este argumento no es superficial, ya que podría plantearse el desvío de decir que el hombre no puede atenderse a la labor de retratar mujeres o viceversa, pero en cuanto a la tarea de relatar una visión específica de un mundo terrible, la invención de una rebelión masculina se antoja más certera (por no decir conveniente) a la decadencia social. Pero Golding tampoco pretende plantear estereotipos. Afirma que su principal deseo era retratar individuos en colisión del comportamiento civilizado (impuesto, heredado, aprendido) contra su naturaleza e identidad, que no trataba de igualdad de géneros (ni siquiera es tema central en su bibliografía, toda ella retrata a individuos deformados por aspiraciones destructivas o son víctimas de circunstancias controladas por la adversidad.) No se trata de una mera clasificación de labores, no se trata de apartar a la mujer de los modelos sociales, ni muchos menos de minimizarla en comparación con los atributos sociales del hombre, mucho menos si se trata de ejemplificar la malicia humana; es como un pésimo argumento que exige más asesinas seriales sólo porque no las hay lo suficiente.

En asuntos estrictamente sexuales, Golding aclaró que no quería involucrar nada referente al sexo en su historia, siendo éste un elemento trivial para lo que intentaba contar, por lo cual evitó el percance entre niñas y niños, sabiendo que el sexo sería de inevitable aparición en el conflicto de la trama. Se trata más bien de posicionar a los responsables de una civilización forjada a fuerza de palos que buscaba la supremacía, no tanto la supervivencia: el hombre es el principal proveedor del peso de los códigos sociales más estrictos en materia de clasificaciones, el hombre es quien propuso la guerra bélica como alternativa de poder. Han sido más hombres los que han firmado la posición separatista entre ambos sexos y por tanto la mujer, a través de las épocas, ha intentado debatir esta contradicción; pero la mujer es también participante activa del progreso, es ella quien inventa la agricultura, por ejemplo. La naturaleza del hombre facilitaba una visión donde la brutalidad llegaba a tales grados que los crímenes cometidos por los niños podían justificarse con la inquietud nata del hombre, en cuanto a practicidad de medios materiales y soluciones drásticas. La solución final de los niños en la novela es dividirse en bandos que conllevan a la violencia, y finalmente, a la quema de la isla y la muerte de varios de ellos.

¿La mujer no representa, en todo caso, a la civilización tanto como el hombre? ¿Es el hombre la afamada fuente de todos los males? ¿La mujer es siempre la víctima de los sistemas? ¿El hombre y la mujer son enemigos naturales persiguiendo su respectiva superioridad? Desde luego que no. Esto no quiere decir que, de haber sido un grupo de niñas en la novela, hubiese habido sólo diálogo o alguna que otra riña que podían aclararse con la pasividad o incrementarse con la envidia (toda esa cortesía victoriana); simplemente existe el misterio: nunca sabremos (al menos por parte de Golding) cómo se hubiesen comportado un grupo de niñas en aquella isla. La envidia, la maldad, el odio, el crimen y demás aptitudes destructivas, hubiesen aplicado y surgido en ambos casos, pero las cosas no hubiesen marchado igual (dramática, social y narrativamente hablando.)

Con lo anterior no pretendo generalizar ningún concepto o posibilidad respecto a los distintos quehaceres del hombre y la mujer, o la estrategia de supervivencia que sean capaces de aplicar en su debido momento. Es una interpretación que busca denotar la vulnerabilidad de ambos sexos en la peor situación, habiendo por encima un factor central: no se trata sólo de niños representando la destrucción, se trata de la infancia expuesta a la volubilidad educacional, las imposiciones, las pautas reglamentarias, niños reaccionando como lo haría un adulto en situaciones de peligro: al imitar al adulto (sea en los ámbitos que sea), el niño es capaz de caer en sus propias estrategias de supervivencia y se ve afectado por las mismas; el niño crea sus propias bestias de mar y tierra, así como la paranoia que lleva al desastre, a la inseguridad, a la pérdida de la inocencia.

En términos más actuales, el hombre y la mujer se han unido con mayor frecuencia al cuestionamiento de estas polémicas, tanto en la búsqueda de igualdades sociales como la aceptación de las diferencias, concluyendo que el mundo es realmente de ambos. El Señor de las moscas les sonríe a todos por igual desde la estaca en el centro del caos. El testigo de sus burlas es quien se somete al hipnotismo y, más tarde, a la mecánica de la indiferencia y la resignación. Porque nosotros mismos, en primera instancia, colocamos la cabeza en la estaca. Nosotros, fieles a nuestra contradicción, colapsamos ante el horror de nuestro propio reflejo.

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Rafael Cisneros
(León, Guanajuato, 1988) es escritor y cinéfilo. Ha producido, dirigido y editado numerosos videos para publicidad, grupos pop y cortometrajes artísticos. Ha publicado, bajo varios seudónimos, numerosos cuentos.

 

[1] Goldin’g introduction to Lord of the Flies, obtenido el 22 de mayo de 2010 en YouTube; video subido por el usuario AbecedariusRex.

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