jueves. 09.07.2020
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Cien películas para una vida [I]

Rafael Cisneros

Foto: Tomada de Facebook
Foto: Tomada de Facebook
Cien películas para una vida [I]

Había comentado en anteriores ocasiones que el hecho de realizar listados (llámese obsesión o coleccionismo), más que otra forma de ñoñería, es una forma de retomar el viaje personal, un auténtico repaso de nuestros ensueños, inquietudes y temáticas predilectas (...aunque con los inevitables asomos de ñoñería, de eso desgraciadamente no se escapa uno).

Las películas, creo yo, son esa vía espiritual que difícilmente se halla en otras formas de vida: son el mundo paralelo, los sueños, el antes-durante-después, el hubiera, la incontable oportunidad, la real pérdida, la forma más directa de empatía y la peor pesadilla. El cine es la forma más completa (a mi personal parecer) del entendimiento humano, ya que no se trata de colecta insaciable de nombres y referencias, sino del privilegio de contar y saber (manifestar y recibir) las historias de los demás, el desarrollo y disección de una breve circunstancia humana que ocupa de minutos a horas enteras, incluso a días si se las ve por partes. El cine es nuestra total disposición de saber qué le sucede al otro. Por tanto, cada película es una oportunidad de saber que, efectivamente, otros viven las mismas historias o nos proveen una alternativa a las nuestras; no hay soledad en el cine, donde coexistimos en tal cantidad inconcebible de temas que, al no ser abarcados en su totalidad y teniendo un sinnúmero de versiones, nos confirman la inmortalidad de la búsqueda humana.

La siguiente lista fue realizada con suma dificultad, como es de suponerse y esperarse. Si bien hay algunas definitivas, mientras enumeraba notaba cuánto había cambiado desde que inició mi obsesión por el cine. Muchas de estas predilectas son tan actuales (respecto a que las descubrí hace apenas unos días o semanas) y otras tan de viejos tiempos (cintas de la infancia), que es imposible sentirse culpable al tener que excluir algunas. Pero como dice mi novia, que es muy sabia, “Ellas no se lo tomarán a mal; ellas saben que siempre estarás ahí para verlas”. Así pues, pudiendo fácilmente hacer trampa y explayarme en un listado de mil y un cintas, comparto y recomiendo cien de las historias que más amo. En muchos casos verán las mismas películas incluídas en todos los listados habidos y por haber, y aunque este “letargo” o “vía fácil” a descubrir nuevas cosas no es realmente nueva, siempre podemos brindarnos el redescubrimiento.

Personalmente, quería mencionar cintas que ya son ese canon indiscutible, pero creo que lo más importante a su inmortal respecto ya ha sido dicho y mis comentarios serían una simplona redundancia. Me refiero a cintas tan de cabecera en la historia y la cultura del ser humano como Citizen Kane, Casablanca, The Cabinet of Dr. Caligari, The Golden Rush, Sunset Boulevard, Singin’ In The Rain, North by Northwest, Ladrón de Bicicletas, Vértigo, Pulp Fiction, The Big Lebowski, Fantasia, Raging Bull, À Bout de Souffle, Ikiru, The Godfather I & II, Blade Runner, Manhattan, Aliens, The Dark Knight, Groundhog Day, Persépolis, The Harder They Come, Mullholland Drive, Rosemary’s Baby, Five Easy Pieces, Zerkalo, Zelig, Back To The Future, y un larguísimo etcétera, todas ellas tan significativas e indispensables para mí como lo son para sus respectivos seguidores. Sin embargo, algunos clásicos sí deberán hacer inevitable aparición dado que significan para mí en diferente tono al que les brindó su contexto histórico, pero en lo que respecta a las anteriores mencionadas, tendremos que darlas por hechas porque, así como los Beatles, son parte del ADN cultural.

Mi elección me resultaba en extremo difícil cada que un nuevo título reaparecía, ya que, como en toda buena lista, ameritaba sacrificios y descartes necesarios. Pero aquí están, y como toda lista aspirante a ser amena, es voluble a cambios en el tiempo y muchas, muchísimas inclusiones. El cine es inclusión, empatía, historias. Fuera absurdos y peyorativos términos como “cine de arte” o “cine comercial” o “cine de culto” o cualquier estúpida variante, aquí sólo El Cine, aquí la dicha de las historias, aquí Mis 100 Películas Favoritas de Todos Los Tiempos. Espero que el tedio y el hartazgo no embrolle su viaje, esto viene directamente de un entusiasta corazón cinéfilo. ¡Comencemos el trayecto!

NOTA: Las primeras películas que nombraré (de la 120 a la 51) se encuentran en orden alfabético. Las últimas 50 sí estarán en un orden específico y meditado.

100. WOLF CHILDREN (2012) de Mamoru Hosoda

Empezamos el recorrido con algo de animación. Y qué mejor que una cinta que rinde honores a tres grandes virtudes humanas: la maternidad, el esfuerzo y la aspiración. Un magnífico tributo de lo que significa ser madre de hijos sobrenaturales y ser hijo sobrenatural en un mundo que se empieza a vivir (llámese analogía gratuita o referencia literal de las circunstancias que plantea la película). Hana es una estudiante que se enamora de un hombre lobo, y cuya hermosa relación da a luz a Yuki y Ame, un par de niños que, al igual que su padre, pueden transformarse en lobo. Hana queda viuda y debe afrontar la dura pero bellísima crianza de sus hijos que, a su vez, deben ocultar su condición para lograr integrarse, ni siquiera a una sociedad grande, sino a la comunidad de un pueblo al pie de las montañas, donde los tres vivirán la trascendencia de las decisiones, los esfuerzos de la cotidianidad y la aspiración tanto de vejez como de juventud. La trama se desenvuelve con tal sazón de ternura y melancolía que bien pudo haberla escrito Hiromi Kawakami.

Como ingrediente extra, el propio director de la cinta fue rechazado, con puño y letra de Miyazaki, para formar parte del equipo Ghibli, justo cuando perseguía sus sueños de animador; circunstancia sin culpables, sólo duras circunstancias. Desde luego que esto le brindó una inspiradora perseverancia que lo llevó a la realización de varios largometrajes capitales de la animación japonesa actual. Mi predilecta de su acervo, Wolf Children, un relato que, al igual que su director, persevera en su propia inmortalidad, en ser cúspide de entendimiento humano y una proeza que debe ser vista por todos. No es que la recomiende mucho, es que la receto.

99. WIT (2001) de Mike Nichols

Basada en la obra teatral de Margaret Edson y dirigida para la televisión por Mike Nichols, cuenta los últimos momentos en la vida de Vivian Bearing, una profesora de poesía metafísica mientras lucha con cáncer de ovarios en etapa terminal. Al tiempo que debe soportar inhumanas quimioterapias por médicos negligentes en aspecto anímico y con la ambición (y descaro) de estudiar su caso, Vivian nos entrega las más íntimas causas y consecuencias de su historia, desde sus estudios sobre John Donne, la muerte y la metafísica, hasta el simple hecho de haber cedido un poco más en aspectos que, muchas veces, las mentes más densamente intelectuales tachan de nimiedades, como la misericordia y la disposición. A través de escenas que trascienden la buena actuación para transformarse en vida, se cuenta un camino breve pero de conmovedora vastedad, sin recurrir a sentimentalismos, sino a la sensibilidad que nos apega más a una protagonista que tiene tanto de nosotros mismos. Con cameos tan esenciales (y bellos) como el de Harold Pinter como el padre de Vivian, se trata de un poema cinematográfico que, como en toda gran poesía, disecciona el espíritu con la franqueza de la muerte próxima y la honestidad de quien lo ha repasado todo y, en vez de victimizarse en el “hubiera”, afronta el cómo y por qué llegó hasta ese punto final. Invaluable hasta las lágrimas, chéquense esta joya entre joyas de la metafísica y el cine.

98. THE WITCH (2015) de Robert Eggers

Fernando Cuevas de la Garza ya ha hecho un excelente comentario de esta bestia en anteriores números de Tachas. De hecho, la apertura de su texto condensa el espíritu de la cinta: “Vivir constantemente bajo el manto de la culpa, adquirida por el simple hecho de nacer como ser humano, puede generar un caldo de cultivo para que el mal, con todo y su angustiante abstracción, se anide en forma permanente cual orientador de conductas no deseadas”. Así pues, The Witch surge de una mezcolanza de folk tales perfectamente sazonada para desarrollar la perdición de una familia expulsada de su aldea por… la blasfemia que sea que hayan elegido los más enfermos puritanos. Dispuestos a iniciar de nuevo, se enfrentan a sus propios dilemas religiosos que los hacen dudar de su amor a su Dios y a su propia familia, desde el simple reojo al escote de la hermana hasta el jugar con un macho cabrío (que, juro por Kubrick, realmente luce como el Baphomet de Lévy, un animal de pesadilla que no sé cómo jodidas chingadas lograron conseguir), la tensión familiar se pudre entre secuencias de sueño y realidad tan perfectamente equilibradas, que la cinta reluce como un ideal entendimiento de lo que es el horror absoluto. Efectiva en atmósfera y actuaciones, absorbente en falta y sobra de sentidos, brillante en circunstancias y decisiones, The Witch es de las cintas que, uno como amante del terror, espera encontrarse en una época donde acontecimientos como éste ya no existen, ya no se crean, ya no se intentan. Obra maestra de pies a cabeza, siempre le agradeceré el horror anímico en cada una de sus espectrales escenas; es una pesadilla a la que volveré con sumo entusiasmo, una y otra vez.

97. DAS WEISSE BAND (2009) de Michael Haneke

Mi favorita de Herr Haneke, es la historia de un pueblecillo alemán, conservador hasta la médula, desde donde se forjan lazos a partir de la tensión psicológica creada por los mayores e impuesta por los jóvenes y niños, quienes padecen las afamadas restricciones religiosas que tanto se cuentan en las peores pesadillas. A partir de extraños crímenes, se buscan culpables y confesiones, todo mientraas se avecinan a la inauguración de la Primera Guerra Mundial. Siempre he amado los relatos de comunidades aisladas que padecen la maldad absoluta, ya sea por creación voluntaria o como inevitable consecuencia de sus severas restricciones. Desde relatos como La destrucción de Kreshev de Isaac Bashevis Singer, donde el propio Satanás nos narra el deterioro de un pueblo a partir de malentendidos y deseos impulsivos, hasta la cinta Blood On Satan’s Claw de Piers Haggard, donde la fuerza maligna es un literal demonio que posesiona a la atractiva juventud campirana, la maldad en Das Weisse Band no es ningún demonio o la seducción obsesiva, sino la estricta forma de vida con la que se debe llegar a una salvación que, a final de cuentas, se condena a sí misma con el contradictorio acto del sufrir para aprender, hasta que la venganza se manifiesta a niveles brutales y prolifera en permanente misterio.

Herr Haneke es extraordinario retratista de la crueldad y la bajeza de los problemas adultos, cada uno sirviendo de modelo disfuncional en sus historias, todo por sus deplorables códigos morales y sus peligrosas conclusiones sin antes haber siquiera preguntado, sólo sugestionado. Las preguntas adultas, contrarias a las infantiles que portan una auténtica curiosidad, suelen ser golpes al aire que aterrizan en el físico, espíritu y psicología de las generaciones jóvenes, condenadas a crecer con el odio impuesto por las buenas intenciones de sus mayores; sus repulsivos mayores. Un desfile de personajes severos y crueles (y en contadas ocasiones tiernos, atrapados por las faltas de fundamento y el maltrato), interactúan en una aldea cercada por la sospecha, la desconfianza y la amenaza. Por cada buena intención del bien común, siempre habrá alguna figura totalitaria que se encargará de mantener todo a raya; muy a raya con la resignación por leyes más allá del entendimiento divino: la propia ley humana, capaz de prohibir la consciencia por el bien de una causa perdida. Una predilecta personal, y una de las cintas más horriblemente crueles que se hayan filmado.

96. WATERSHIP DOWN (1978) de Martin Rosen

La atmósfera desolada que el director y animadores brindaron a esta historia es magia pura. El cuento de una manada de liebres que deben huir de la destrucción de su hogar, no languidece en mensajes ecológicos o moralidad gratuita; más que una mera fábula se trata de una road-movie a pleno peligro natural, la lucha cotidiana de mamíferos que deben confrontarse a todo tipo de depredadores, desde humanos (por fortuna en esta historia no somos criaturas totalmente antagónicas; sin prejuicios a nosotros mismos, el hombre representa la inevitable causa por la cual los conejos tuvieron que iniciar su viaje), aves, perros y trampas de caza, hasta de su propia especie, donde una manada enemiga les impide la estadía en la colina donde desean asentar sus próximas generaciones: Watership Down. Criticada por su extrema violencia (la cual complementa con suma sutileza los peligros reales de estas criaturas), y con escenas de lacrimosa melancolía y fortaleza de espíritu (como aquella en donde el conejo hermano mayor es herido de bala y dado por muerto, haciendo que la fuerte corazonada de su hermanito invoque al dios de la muerte para guiarlo hasta su rescate, esto mientras repasa el amor por su hermano a través de recuerdos de cuando lo enseñó a trotar por las praderas), Watership Down es en definitiva una historia para la eternidad. La fuerza en sus personajes la convierten en un milagro del relato infantil que, lejos de ser un filme de violencia gratuita, resulta en una sutil y necesaria pesadilla que enseña el triple que cualquier otra historia con “mensaje visible”. La fuerza no yace en la obviedad de mamíferos representando inquietudes humanas, tal cual las fábulas de antaño, sino en mamíferos manifestándose con sus propios temores, sus propios instintos y virtudes, haciéndolos personajes fascinantes con los que podemos identificarnos, al grado del temor por sus vidas, y del amor a sus semejantes. Impactante, sí. Violentísima, sí. Hermosa hasta sus más ínfimos detalles, por supuesto que sí: niños y adultos, ¡véanla! How can the light that burned so brightly… suddenly burn so pale?

95. VIVRE SA VIE (1962) de Jean-Luc Godard

He aquí una de esas cintas que son parte del ADN cultural: inevitables y necesarias. A mi personal parecer, la más íntima de las películas de Godard. ¡Y qué va! Los doce días de Nana, una mujer que deja a su esposo e hijo para seguir sus sueños de actuación y acabar como prostituta “por practicidad económica”, es sin duda la perfecta ejemplificación de las almas supuestamente libres y los inevitables destinos a los que afrontan tarde o temprano, resignándose a ellos, sorprendemente, casi a modo de recompensa. El rostro icónico de Anna Karina esplende en escenas fundamentales para definir los ensueños, la seguridad de su persecución y la aceptación de lo que ha de venir; al menos hasta ese impresionante final que, aunque inevitable a fin de cuentas, deja el suficiente shock como para hacer considerar nuestras decisiones y sus respectivas consecuencias, y  de paso atrofiarnos la respiración durante un buen tiempo. Un drama que bien pudo haber escrito Milan Kundera (y que para mayor fortuna fue concebida visualmente por Monsieur Godard), esta es, junto a Alphaville (spoiler para próximos domingos), mi cinta predilecta de las demasiadas que hizo el cineasta francés. Ya hablaremos de Alphaville en su momento.

94. I VITELLONI (1953) de Federico Fellini

Una de las favoritas de Kubrick, y sin duda, mi favorita de Fellini. Sincera hasta el desconsuelo, pero esperanzadora como pocas y sin recurrir a salidas fáciles (el arrepentimiento se dice fácil y se practica como lo imposible),  narra la historia de una bola de vagos en un pueblito de costa, vividores de la accesible flojedad y libres del peso de la responsabilidad. Sin la intención directa de la enseñanza, pero sí con el inevitable parangón de una prueba de vida, la cinta resulta un auténtico manifiesto del valor del compromiso y el esfuerzo que exige. Cuando uno de estos vagales debe afrontar la manutención de su familia al adquirir un trabajo de asistente en una tienda (que en un principio resulta una consecuente carga de sus descuidos juveniles), las posibilidades tanto de reformación como de desidia son igualmente tangibles, posibles, e impecablemente trabajadas.

Entre el coraje y la delicia de presenciar tanta holgazanería, así como el inevitable quehacer del corazón, hacen de esta narración una de las más perfectas que haya producido el cine. Repito, mi favorita de Fellini, y para mi ingenua casi infantil emoción, una personal predilecta de mi dios en la tierra, Kubrick.

93. LES TRIPLETTES DE BELLEVILLE (2003) de Sylvain Chomet

Siempre tengo el mismo problema con esta película: me resulta indescriptible. Así de simple. Es perfecta. Asombro en cada personaje, estupefacción en cada escena, felicidad en cada paso y satisfacción en cada reencuentro con ella. Amo esta película a niveles desproporcionados. Supe de ella por primera vez cuando, una noche, mi madre veía los banales “Oscares”, pero me daba curiosidad las nominadas a largometraje de animación. En las menciones pasaron la famosa escena donde la súper abuelita protagónica hace música bajo un enorme puente, cuando de pronto surgen las trillizas y le complementan el acto. Desde ese momento me obsesioné con encontrarla y saber la historia detrás de tan inventivos personajes. Lo que al principio los tráilers sugerían como un relato de cabarets en el París de los 20’s, se convirtió en un thriller que involucraba el Tour de France, los ensueños de un leal y enorme canino, las pesquizas de la abuela más chingona del mundo, la mafia francesa, las casas de apuesta clandestinas, ¡por Dios! ¡Chingomadrales de cosas! Quienes topen con esta obra entre obras maestras, se llevará una adictiva sorpresa. Querrán volver a ella una y otra vez. Además, las memorables y badass trillizas me recuerdan a otra magnífica tríada, bastante familiar: mi abuelita y dos de sus hijas, dos de mis más queridas tías que dedicaron su vida al cuidado de mi abue, puedo decir que las tres son toda una experiencia cuando vamos a visitarlas, y una experiencia tan acogedora y, hasta cierto punto excéntrica, como las que ofrecen esta tríada animada por el brillante Sylvain Chomet. Amo la versión animada tanto como mi versión real. Amo Le Triplettes de Belleville tanto como amo a mi abuelita y mis tías.

92. THE TRIAL (1962) de Orson Welles

Orson Welles dirigió lo que a mi parecer es la versión definitiva, no solamente de esta obra de Kafka, sino de la propia ambientación kafkiana en cualquier perspectiva comparable. La afamada historia de Joseph K en constante persecusión se manifiesta en el estilo ideal, captando a presición las atmósferas y sentidos que el mundo ha hallado en Kafka. El legendario Anthony Perkins luce como la única persona en la historia de la humanidad capaz de representar al trepidante Joseph K, denotando rasgos físicos que recuerdan al propio escritor de Praga, así como al modelo universal del civil abatido por las demandas sociales. Precursora de Brazil y de todas sus parecidas, imitadoras y tributos, desde sus aspectos técnicos (esos ángulos, esas sombras, esos enormes sets que delimitan espacios más que agrandarlos, ese delirio persecutorio, esos pasillos interminables), hasta el guión y sus actuaciones, The Trial podría tratarse de una cinta de horror a los grados de Psycho ó The Haunting, con su caos en equilibrio, a ritmo y con admirable crudeza literaria.

Mi aprecio por Kafka no viene directamente de sus obras, sino de esta perfecta monstruosidad del great magician himself, Orson Welles.

91. SPOTLIGHT (2015) de Tom McCarthy

Ya he hablado con anterioridad de este peliculón entre un millón. Temo que seré repetitivo, pero breve. La ganadora al Oscar por Mejor Película en 2015 fue, sin duda, la mejor película del año. El caso de los sacerdotes pederastas de Boston, investigado por el equipo ‘Spotlight’ del Boston Globe, pareciera a simple y conveniente vista una investigación que Hollywood podría destrozar con tendenciosos ataques a la iglesia y sensacionalismos buscando aleccionar y conmover. Maniobras dramáticas sin flexibilidad ni objetividad, simple y sencillo amarillismo. Pero topamos con una cinta como pocas ha producido la inteligencia colectiva, la consciencia social en su tono más reflexivo, el cine de los que se atreven a abarcar un tema sin manipulaciones o dramatizaciones forzadas para fines sentimentales. Nada de denuncias con gritaderas y pancartas. De no ser porque las contadas y valiosamente breves escenas de drama, la cinta puede llegar a confundirse con un documental de primera mano. Lo impactante de Spotlight es su entramado cuidadosamente expuesto, sin agotarnos en demasías y ofreciendo el suspenso más perturbador, todo a través de conversaciones que trascienden la actuación, datos concretos por parte de la gente correcta y, desde luego, testimonios de primera mano, logrando exponer —como el periodismo más fino exige a los grandes cuentacuentos de la no-ficción­— a quienes encuentran en la Iglesia una vía para realizar sus atrocidades, exponiendo a la propia Iglesia como un sistema viable para delincuentes, siempre conveniente a sus leyes, y convincente de que no hay absolutamente nada que temer, que unas cuantas manzanas podridas no afean la canasta. Para creyentes y no creyentes, este es un festín informativo que dará en el blanco de la objetividad y la empatía hacia las víctimas.

C O N T I N U A R Á

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Rafael Cisneros
(León, Guanajuato, 1988) es escritor y cinéfilo. Ha producido, dirigido y editado numerosos videos para publicidad, grupos pop y cortometrajes artísticos. Ha publicado, bajo varios seudónimos, numerosos cuentos.

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