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Chismes históricos

Chema Rosas

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El Rey Canuto
Chismes históricos

Hay una famosa frase de Eduardo Galeano:

«Dicen los científicos que estamos hechos de átomos, pero a mí me contó un pajarito que estamos hechos de historias.»

Claro que podríamos discutir el hecho de que en realidad no estamos hechos de átomos, sino de partículas más pequeñas y energía. También resulta inverosímil el hecho de que un pajarito se haya acercado con el escritor uruguayo a contarle cosas –sabemos que ahora los pajaritos se dedican más bien a entregar mensajes políticos a dictadores venezolanos– Lo que sí es indiscutible es esa afirmación de que estamos hechos de historias. Sí, también de átomos y otras cosas, pero las historias son lo que realmente nos importa.

Y es que podríamos asegurar que si nos dan a escoger entre un evento o hecho real, científico y verídico o un chisme jugoso… lo más seguro es que terminemos eligiendo la segunda opción. No es que prefiramos ser engañados, es simplemente que estamos hechos de historias y nuestro cerebro está diseñado para retener aquellos elementos que, sin importar su veracidad, tenga morbo o por lo menos sean divertidos. Con el paso del tiempo eso es lo único que la memoria colectiva retiene y se convierte en la nueva verdad… independientemente de los hechos.

El fenómeno antes descrito fue documentado por Sebastopol Zeromski, un famosísimo historiador polaco que me acabo de inventar para dar credibilidad a este escrito. En su tratado, Zeromski resume lo antes dicho bajo el aclamado Teorema de Waterloo:

«Si fuéramos conscientes de que en realidad Napoleón Bonaparte medía un metro con setenta centímetros –promedio para un francés de su época-, sabríamos también que fue Rey de Italia… pero preferimos recordar que era zotaco, su fobia a los gatos y que se agarraba la panza en las pinturas.»

Así es como personajes de la historia son recordados más por cosas que se dijeron de ellos que por lo que realmente hicieron. Algunos de los casos más conocidos son:

Nerón: Es cierto que, hasta los romanos, que hacían orgías en los templos, lo consideraban un depravado sexual, que ejecutó cristianos a diestra y de forma siniestra – aunque eso de que los aventara a los leones no ha sido probado. Sin embargo, lo que todos recordamos de él es esa historia en la que estaba encaprichado y por eso mandó quemar Roma y que mientras ardía él tocaba su lira. Lo cierto es que no hay pruebas de que él provocara el incendio. Incluso hay historiadores que aseguran que cuando Roma ardió él se encontraba en su casa de campo y que ordenó que lo llevaran a la ciudad para ayudar a apagar el incendio. La teoría es que los antiguos nobles romanos eran obligados a asistir semanalmente al karaoke que organizaba Nerón; él se apropiaba del micrófono y cantaba tan mal que prefirieron morir incinerados a seguirlo escuchando.

Sir Walter Raleigh: Lo recordamos porque compartió su nombre con una marca de cigarrillos y por tender su capa en el lodo para que la reina Isabel I bajara de su carruaje. El caballeroso evento fue inventado por el historiador Thomas Fuller porque le gustaba ponerle crema a sus narraciones cuando se ponían aburridas… y la verdad suena mejor eso de la capa a reportar algo así como que «la reina avanzó por la calle y el señor de los cigarros se le quedó viendo».

María Antonieta: Dicen que en la rebelión de las mujeres en 1978 oyó gritar al pueblo que tenía hambre y no tenían pan… así que ella, sin mala intención acuñó la frase: «¡Que coman pasteles!» La realidad es que la manifestación estaba formada en su mayoría por hombres vestidos de mujer (Francia y sus revoluciones precoces) y que eso de los pasteles fue muy probablemente un chisme que propagó Jean Jacques Rousseau porque la muchacha le caía gorda.

El Rey Canuto: Claro, gobernó Inglaterra, Dinamarca y Noruega en el siglo I, pero la historia que nos importa es que una vez ordenó al mar que se retirara y como respuesta sólo recibió un remojón. Unos dicen que lo hizo por soberbio, otros que en realidad fue una demostración de humildad del Rey ante la corte que se la pasaba haciéndole la barba y diciéndole que era el ser más poderoso sobre la tierra. Tal vez sólo tenía calor y ya estando ahí se le ocurrió intentarlo, por si las dudas; capaz que funcionaba y tendría un buen truco para animar las fiestas.

Científicamente podemos estar hechos de cualquier cosa; si somos poderosos o famosos habrá historiadores que lleven un registro más o menos certero de nuestras acciones… sin embargo, lo único que verdaderamente queda de nuestro paso por el mundo son las historias que se cuentan de nosotros así que ¡qué importa que no sean ciertas! Ya sabemos que los pájaros se la pasan contando chismes… y creo que es más interesante vivir en un mundo en el que el emperador es un enano, hay un romano psicópata que canta en pleno incendio, los caballeros tiran su capa al lodo por una dama (por más insensible e cuanto a repostería que ésta sea) y en el que un monarca reta al mar a que se mueva.

notengomeil@gmail.com




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Chema Rosas
 (Ciudad de México, 1984) es bibliotecario, guionista, columnista, ermitaño y papa-de-sofá, acérrimo de Dr. Who y, por si fuese poco, autoestopista galáctico. Hace poco incursionó también en la comedia.

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