Martes. 15.10.2019
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ENSAYO

Salinger o la espera eterna

Ezequiel Carlos Campos

Salinger o la espera eterna
Salinger o la espera eterna
Salinger o la espera eterna

 

 

Según los datos que dio la Fundación de  J.D. Salinger, algunas de sus obras serían publicadas en el lapso de 2015 y 2020. Ya han pasado cuatro años y seguimos esperando el milagro divino. Me da miedo que se echen para atrás. Aunque, por otro lado, pienso que debemos ser pacientes: si él lo dijo se va a cumplir. ¿Quién más que él era así de estricto con sus ideas? Qué lástima que lectores suyos ya hayan muerto y jamás logren conocer los demás escritos; supongo que se siente como alguien que espera la paz en el mundo o el apocalipsis pero nunca llega (todavía). Si yo hubiera sido uno de ellos, ya en el lecho, a minutos de morir, sería lo último que pensaría; y no exagero, en serio, por qué el hijo de puta de Salinger no sacó más libros antes de morirme, así es cuando me daría cuenta la mierda de vida que vive el lector. 2019.

He leído todo Salinger. Leí El guardián entre el centeno en la edad inmejorable. Conocía la historia de memoria, porque la mayoría de los trabajos que revisaba para que se publicaran en una revista de estudiantes eran sobre ese libro. Yo no me había atrevido a leerlo en la preparatoria. En ese momento mi mundo estaba cegado por otros menesteres literarios y no quería que se juntaran. Fue hasta la mitad de la licenciatura. La tarea más complicada: conseguir la obra completa para un ensayo final.

Ha sido el trabajo más extenso en mi vida, casi las treinta cuartillas que hablan sobre la guerra y el matarse a sí mismo: la fiebre de la banana, la llamé. No sé si es lo mejor que he escrito, pero el proceso de las lecturas y la escritura, en un semestre entero, hicieron darme cuenta que la literatura sobrepasa la vida.

¿Qué pasaría si mañana mismo todos los encabezados de los periódicos y páginas rezaran: “Hay nuevo libro de J.D. Salinger”? Ese libro sería un bestseller inmediatamente, supongo que en Estados Unidos habría un caos para conseguir un ejemplar; después de casi más de cincuenta años sin saber nada de él –a excepción de su muerte en 2010, claro está–, ese evento sería el más significativo en el nuevo siglo, o quizá el único caso de locura lectora en la historia de la literatura estadounidense por un libro póstumo. ¿Cuál sería? ¿El manual del vedanta? ¿Las novelas sobre la II Guerra Mundial? ¿Los relatos que darían continuidad a la familia Caulfield? ¿Todo el universo de los Glass, por fin? ¿Cuál sería la lista de lanzamiento que dio el autor para cuando se cumpliera el plazo? ¿Saldrían los que tuvieran el punto rojo, los acabados? ¿O, acaso, primero los de punto verde, los incompletos, aquellos destinados a parar en las manos de los editores para darles el último retoque y por eso se están tardando más de tres años?

Cuando pienso en Salinger y en sus últimas palabras, lo imagino diciendo: “Odio el mundo”, y cerrar los ojos para no abrirlos de nuevo. 2019…

Señor Salinger, tengo una visión: en ella veo a sus millones de lectores vivos esperando un nuevo libro. Y la espera se vuelve eterna y sus palabras siguen igual de sepultadas que su cuerpo. Y es que no es justo. También pienso que desde que publicó lo último, allá por los años sesenta, toda la gente le dijo lo mismo, que por qué no pensaba en ellos, no debía ser cruel con la gente que lo admiraba. Y me digo: si a ellos los ignoró en vida, ahora muerto ni siquiera nos reconoce.

Eso me lleva a otra cuestión: ¿todo eso de los manuscritos no sería una mentira para mantenernos con la esperanza? ¿No los quemaría un día antes de morir y sólo hay papeles llenos de odio bajo llave? Sólo quiero que me hable de nuevo a través de Holden o Seymour Glass, diálogo necesario para continuar salvaguardando mis días para no cometer el error de morirme antes. Ya no quiero caminar todos los días e imaginarme siendo usted en Cornish en medio de la hierba. Sólo quiero escuchar la última voluntad de J.D. Salinger.

2019. ¿Cuánto falta exactamente para el 2020? He esperado todo este año algo por el centenario… Quizá ya mero. Quizá mañana dan una noticia. O quizá nunca.




***
Ezequiel Carlos Campos (Fresnillo, Zacatecas, 1994). Ha publicado en Luvina, Círculo de Poesía, Punto de partida, Corre, Conejo, El son del corazón, entre otras. Escribe la columna semanal “El pequeño guardatextos” en Crítica de El diario NTR. Becario del Festival Interfaz-ISSSTE: Desdibujando límites, Monterrey, Nuevo León, 2017. Es autor de Aquello que no se cuenta, Quizá por miedo a la noche, El beso aquel de la memoria y El Infierno no tiene demonios. Dirige la revista virtual El Guardatextos.

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