domingo. 12.07.2020
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ESTA CANCIÓN PODRÍA SER TU VIDA [NOVELA POR ENTREGAS, IV]

Doce variaciones sobre «Ah vous dirai-je, Maman» en do mayor, K. 265/300e (Wolfgang Amadeus Mozart, 1781 o 1782)

José Luis Justes Amador
Doce variaciones sobre «Ah vous dirai-je, Maman» en do mayor, K. 265/300e (Wolfgang Amadeus Mozart, 1781 o 1782)
Doce variaciones sobre «Ah vous dirai-je, Maman» en do mayor, K. 265/300e (Wolfgang Amadeus Mozart, 1781 o 1782)
Doce variaciones sobre «Ah vous dirai-je, Maman» en do mayor, K. 265/300e (Wolfgang Amadeus Mozart, 1781 o 1782)


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1.
Mi psiquiatra dice que quien no recuerda su infancia es porque fue feliz en ella. Isabel no entiende que vaya al psiquiatra.

2.
Nadie me ha contado nunca nada sobre mi infancia más temprana. Ni siquiera mi madre. No sé nada sobre dolores de parte, ni noches en vela. Apenas hace unos años supe a qué hora nací exactamente y fue porque pregunté. Lo que no logro recordar ahora es el motivo de la pregunta.

3.
Los recuerdos son siempre inventados. Ya sea que los haga aparecer la memoria o que tengamos que fiarnos de lo que otros dicen que pasó. Y creerlo. En ese sentido, nuestros primeros años y una buena borrachera se parecen. Nuestro futuro depende de ellos y tenemos que conformarnos con lo que cuentan que fue.

4.
Mi primer recuerdo contado trata sobre mi primer año escolar. En el kínder, el jardín de niños, o como quiera que se llamara entonces. Siempre me han dicho que llegué sin uno de los zapatos a casa. Tal vez por no incomodar y en parte no tener que obligar a mi interlocutor a reconocer que mentía, nunca me he decidido a preguntar sobre la veracidad del acontecimiento.

No queda más remedio que quedarme con unas preguntas que cada vez queda menos gente que puede responder. ¿Cómo logré llegar yo solo a casa si era tan pequeño? ¿Quien fue a buscarme no se dio cuenta de que lo había perdido? ¿Lo perdí o me lo robaron?

Esa historia volvería a aparecer dos veces más en mi vida. Una, siendo todavía un niño, cuando mi madre me señaló a la maestra en cuya clase había ocurrido el incidente. “Ella fue tu primera maestra”, dijo. Era patizamba. Siendo ya joven, llegue a mi casa después de la primera borrachera con un zapato de menos. Si pudiera saber si era verdad lo que me contaron tal vez pudiera entender algo de las dos anécdotas.

5.
En casa sólo había una fotografía de mi hermana muerta cuando yo tenía seis años. En las familias normales se suele hablar con los hijos cuando crecen de cómo eran de pequeños. Muchos años después me di cuenta de que esa hermana menor, a la que aunque llegué a conocer, me dicen, pero no traté, debe ser en parte la responsable del silencio en mi familia. Tal vez no ella sino su ausencia.

6.
Estuve dos veces amenazado de expulsión en mi colegio. Las dos tenían que ver con cosas sexuales. Una en primero de primaria, la segunda en quinto. De ambas, aunque ya debería acordarme, también tengo únicamente los recuerdos construidos en conversaciones. La primera vez me salvó mi corta edad. La segunda, lo estúpido que había sido. Tan estúpido que el maestro que me descubrió no pudo evitar la risa, y de tanto reír fue rebajando el castigo que me correspondía. Cuando pudo detenerse todo quedó en un regaño. Yo jamás había pensado que descubrirían que lo que había engrapado bajo las tapas arrancadas de un libro de texto de ciencias era una revista pornográfica. ¿En serio vigilan a los alumnos que están en el receso estudiando? Supongo que algo parecido debí pensar. Debió ser mi primer acercamiento serio a mi futura carrera.

7.
Descubrí muy pronto, de eso tengo recuerdos y nadie me lo ha contado porque nunca he hablado de eso con nadie, ni siquiera con el interesado, lo poco que separa la vida de la muerte. Un accidente cualquiera, un segundo. Estábamos estudiando. Le dije a la hermana menor de mi amigo que le lanzara unas tijeras con las que estaba recortando, mucho antes de la obsesión por la seguridad de los artefactos que usan los niños. Me hizo caso. Por azar el levantaba el brazo en aquel momento. Salió mucha sangre, pero de su brazo. Si no hubiera sido por ese azar estaría ciego o muerto. Yo, en cambio, tuve que acostumbrarme a hacer mi tarea solo.

8.
Mi primer castigo serio fue quedarme seis horas al día en una biblioteca de un centro deportivo. No sé, supe pero lo he olvidado y nunca quise preguntar, qué hice.

9.
Siempre he peleado con mi hermana. Con la otra. Con la que sobrevivió. Y ella, a cambio, me ha salvado mil veces. En todos los sentidos.

10.
Mi infancia terminó cuando mis recuerdos comienzan a ser claros. Y míos.

11.
Por accidente, una indiscreción de uno de mis tíos, tengo un recuerdo de mis padres antes de que yo naciera. La noche anterior a su boda se fue de putas.

12.
Me gustaría escribir que mi vida es una mierda porque mi infancia fue una mierda. No puedo.
 

 


***
José Luis Justes Amador (España, 1969). Es filólogo con un posgrado en Cambridge sobre poesía inglesa contemporánea. Sus publicaciones más recientes son 99 (2019, UAA) y El poeta, enamorado, escucha 'The Velvet Underground and Nico' (2018, IMAC).

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