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Cassandro el Exótico: la soledad en el pancracio / Oscar Luviano

Oscar Luviano

Oscar Luviano
Cassandro, The Exotic (2018)
Cassandro el Exótico: la soledad en el pancracio / Oscar Luviano


Arrastrando una larga capa que es, en realidad, la larga cola de un vestido de novia, el indiscutible rey de los exóticos se aleja hacia el desierto de la frontera. Ese desierto puede ser la lucha libre y las leyes que impone a los que son como Cassandro (subir al ring como la parodia de un luchador de verdad, sin importar cuántos títulos se hayan ganado), pero también puede ser la vida de un luchador cuando las fracturas, el alcoholismo y la soledad del freak al fin pasan factura.

La imagen proviene del enorme, pero breve, documental de la francesa afincada en Nueva York, Marie Losier (1972), Cassandro, The Exotic, un título que se ubica de lleno entre los mejores retratos que se han hecho sobre la lucha libre mexicana, y uno de los contados sobre los exóticos, antecedentes del drag y de la visibilidad del movimiento gay en México.

Antes de ser Cassandro, Saúl Echeverría fue un niño nacido en El Paso que se escapaba de la escuela para huir del abuso sexual y cruzar a Ciudad Juárez, donde podía ver a hombres de carne y hueso hacer lo que hacía su amado Santo en sus películas: definir la línea que separa el bien del mal con maromas y sangre. Saúl se cansó de ir y regresar a través de la frontera (“pagando el pasaje con mamadas”) y se quedó en las cercanías de la arena de Ciudad Juárez para convertirse en luchador, bajo la protección y entrenamiento del Rey Misterio.

Todo esto es contado por Cassandro a cuadro, con una voz dulce y una arrebatadora elocuencia, sumergido en los colores desvaídos de la película de 8 mm. El enorme acierto de Losier al usar este tipo de material imprime al documental un estilo de película casera, y por ende, testimonio de un mundo irrecuperable.

Llegado el momento de subir al ring como luchador, y como es menester de todo superhéroe, Saúl debió elegir su nombre y la identidad que le acompañaría por el resto de su vida. El bautizo correspondió a su mentor y Rey Misterio decidió homenajear en vida a una legendaria sexoservidora de Ciudad Juárez, Cassandra, agonizante tras toda una vida de usar parte de sus ganancias para ayudar a los niños de la calle. Tras tomar su nombre, Cassandro tomó la decisión que le haría singular dentro de la historia de la lucha libre. Ni máscara ni cabellera, ni rudo ni técnico:  maquillaje y fijador para el cabello.

La documentalista siguió durante siete meses a Cassandro, sin haber previsto que sería su último periodo de actividad tras una mala caída en un auditorio con apenas un puñado de personas como público. La cámara no elude mostrar la soledad del luchador al acercarse a la cincuentena, el abandono del gran público y una marginación (familiar, social, gremial…) consecuencia de una larga serie de adicciones, temporadas en la cárcel y, desde luego, de la incómoda identidad de género de Cassandro.

El maquillaje y la cola de vestido de novia se convirtieron, desde su primera salida al ring, en el uniforme del mayor de los exóticos. Su cuerpo breve y musculoso, de asombrosa elasticidad, era tanto su mejor capital contra sus adversarios como la mayor ofensa contra sus admiradores, que no paraban de insultarlo por su feminización adrede. El exótico usaba el beso en la boca como as bajo la manga contra sus rivales.

Los exóticos son una figura burlesca dentro de la lucha libre, al nivel de los enanos. A diferencia de las luchadoras, los exóticos no han tenido una reivindicación y mucho menos una Liga propia. Ni rudos ni técnicos, son el comic relief que recibe insultos y objetos contundentes en una ceremonia homofóbica que era y es, a partes iguales, sincera e impostada: la mayoría de los exóticos se decían heterosexuales fuera del ring, para evitar el estigma.

Cassandro fue uno de los pocos que se declaró abiertamente homosexual.

De esa misma manera, el documental de Marie Losier evade el carácter objetivo e informativo que se demanda a este género, y entrega un retrato en el que se mezclan, con cierta aleatoriedad, imágenes de archivo, las remembranzas de una época dorada de viajes recurrentes a Japón o sobre la vez que actúo en Londres con un modelo en homenaje a Lady Di, y el doloroso proceso de recuperación tras la caída que llevó a Cassandro a retirarse del pancracio y recaer en el alcoholismo.

Entre este testimonio sobre el cuerpo, el género, la fama y sus traiciones, Losier incluye imágenes de una espiritualidad que evaden el kitsch que suele asociarse a la lucha libre, entre las que se incluyen paseos desoladores en el desierto juarense o entre el cascajo de la casa inacabada de Cassandro y su propio velorio rodeado de enmascarados, velas rosas y purpurina: el simulacro de ese homenaje que la lucha libre no va a rendirle a un gladiador que cambió las reglas del deporte sin que nadie se diera cuenta.

(Aunque Gael García ya ha proclamado que hará la película.)


 

Cassandro, The Exotic (Marie Losier, 2019) se puede ver en la plataforma Mubi.

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