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Tiempos de la pandemia

Arturo Mora Alva | Doctor en Estudios Científicos-Sociales, Maestro en Educación y Biólogo. Profesor universitario y consultor independiente.

Arturo Mora Alva | 13 de julio de 2020

"... cierta dosis de esperanza ante el dolor y la tragedia..."

Me interesa el futuro porque es el sitio donde voy a pasar el resto de mi vida.
Woody Allen

 

 

Hace unos días concreté una idea que fui desarrollando, impulsado por una gran y querida amiga: ofrecer un breve seminario —ahora desde la virtualidad- sobre lo que nos pasa en estos tiempos, bajo el título “Sociedad y Salud Mental en tiempos de la Pandemia”. Lo vi como una oportunidad de animar un diálogo colectivo, que veo necesario iniciar y sostener en diversos ámbitos sociales y múltiples espacios.

Esta tarea de pensar qué decir en el seminario, implicó estar atento en ubicar y leer textos de difusión de un pensamiento emergente, que diversos autores han planteado ante las distintas situaciones producidas por el COVID-19. Expertos en diversos campos de saber han puesto su mirada y su voz en el contexto de la crisis sanitaria mundial y analizado el devenir de las sociedades y el actuar de los gobiernos ante lo incierto. La riqueza de un pensamiento crítico aflora y da perspectiva con cierta dosis de esperanza ante el dolor y la tragedia.

En estos días la muerte se hace presente. Cada vez son más personas cercanas las que enferman de covid-19, lo que junto con las muertes por otras causas, hacen que la vida se sienta con más intensidad. Las crisis son oportunidad de cambio, estás no dejan de ser catastróficas y dramáticas, pero también alientan la ilusión y la formulación de utopías; si bien muchas de ellas no son inéditas, sí recuperan la rebeldía que nutre al espíritu humano y la crea la esperanza en el cambio social.

La pandemia nos vino a recordar que la muerte es una certeza. La distracción que el capitalismo y la sociedad de mercado hacen para hacernos creer que vivimos eternamente y en la fantasía, como la de un juego que nunca termina y que se trata sólo de un “game over” en el que se puede volver a empezar, porque hay “vidas” que se pueden comprar o ganar —la cultura del éxito y la del consumo-, como si estuviéramos viviendo dentro de los video juegos. La realidad que se ha expresado con la pandemia ha puesto al descubierto la gran mentira de “la felicidad individual del consumidor y el desarrollo económico como única aspiración posible”. La pandemia vino a recordarnos que hay miles de personas desechables. La pandemia no es democrática y se ensaña con los más vulnerables, con los excluidos.

La agenda social se amplía para pensar desde la justicia social, y para pensar el futuro de la sociedad, la economía, el sistema de salud, el medio ambiente y la política. Todo está en revisión. Es el momento de preguntarnos sobre todo lo establecido, sobre la imposición de lógicas de consumo y sobre la forma en que está organizada la sociedad de mercado. Nos obliga a reaccionar críticamente ante la tentación del control y de los autoritarismos.

La pandemia y sus consecuencias nos obligan a pensarnos desde las emociones y las necesidades humanas, reales y urgentes. Nos coloca en la posibilidad de dar valor a la convivencia y en la necesidad de poner al ser humano como centro del desarrollo económico y social, pero también sobre sus necesidades afectivas.

Hasta hace poco era impensable una sociedad sin futbol y el mundo ha sobrevivido sin esa industria. Esto quiere decir que hay muchas cosas por hacer y muchos otros motivos para vivir.

En estas búsquedas de ideas para comprender lo que nos viene pasando encontré el siguiente texto de Mariana Romero, joven mexicana, artista y docente, que pone en palabras lo que tal vez muchos sentimos y nos preguntamos en estos tiempos de pandemia.


 

Mudar de Tiempos

(Entre paréntesis) y puntos suspensivos…
navegamos los días,
días de lejanías y añoranzas
en los que las puertas nos parecen fronteras peligrosas
y las ventanas remansos contra el encierro

Después de un tiempo se acorta el horizonte
y se ensanchan los espacios internos
destapando sus entrañas
mostrando sus luces y sus sombras

En universos confinados nos resguardamos
y lanzamos anzuelos para no perdernos
Nos sostienen algunas voces, oídos y miradas virtuales
mientras los besos y los abrazos se vuelven un lujo, o una amenaza.

Si vas a salir no olvides tener todas las precauciones:
Hay desabasto de certezas, contrabando de dudas, sobreabundancia de rumores.
La confusión se vende en envases herméticos, el porvenir empacado al vacío y los sueños previamente esterilizados.

El sentido común escasea y el miedo se vuelve la moneda de cambio más cotizada.

En la cercanía o en la distancia obligadas se resignifican los afectos.

Cuestión de vida o muerte: resguardarnos, reducir los contagios.

Ojalá sin perder la perspectiva de lo que es también prioritario para el buen vivir.
¿Cómo cuidar la vida sin sacrificar lo que es vital?
¿Cómo reintegrarnos al mundo de a poco sin tropezar con las minas?
¿Cómo reinventarnos las formas de estar juntos sin seguir alimentando el miedo a la otredad?
¿Cómo salvaguardar la proximidad necesaria de los cuerpos, la radical necesidad de sentirnos piel con piel, de por sí herida tiempo atrás?

 

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