A la Alegría

A la Alegría




La comprensión o la intuición son imprescindibles para anticipar la incertidumbre.
Jorge Wagensberg

El que vive con alegría trata mejor a aquellos con los que vive. La alegría personal promociona la alegría política. Y viceversa.
José Miguel Valle

 

 

Para A.E. por la alegría de estar vivos.

 

 

Andante 

Llegamos en 10 días más al inicio del 2021. Esta semana que inicia también da paso a la llegada del invierno y la Navidad llega una vez más. Esta vez es diferente. La zozobra y la muerte ha sellado las conversaciones y los enfermos nos van llenando de agobio y tristeza el corazón. Nada fácil se presenta el fin de año y la incertidumbre hace de las suyas y nos deja en quicio de la puerta, entre entrar y salir en una realidad por demás dura y cruel, pero a la vez desafiante al espíritu humano y a todo aquello que permite soñar la utopía de la justicia social, y con ello dar paso a la alegría.

André Comte-Sponville recoge en el Diccionario Filosófico que:

La alegría es uno de los afectos fundamentales en los seres humanos. La alegría brota cuando se satisface un deseo intenso, (la alegría del bachiller el día de la entrega de notas) cuando se evita una desdicha, (la alegría de quien se ha recuperado de una enfermedad, o del convaleciente) cuando nos invade la felicidad o parece hacerlo (la alegría del enamorado cuando se sabe amado). […] La alegría es el paso del hombre de una menor a una mayor perfección. […] la alegría es el sentimiento que acompaña en nosotros a una expansión o intensificación de nuestra potencia de existir y de obrar. Es el placer -en movimiento y en acto- de existir más y mejor.

¿Cómo estar alegres en estos tiempos que se ensañan con el dolor y el sufrimiento humano? ¿Cómo encontrar la alegría a la vuelta de la esquina? Habrá que ver y reconocer que la perfección de la que habla Spinoza es la realidad, esa realidad misma en la que estamos inmersos, esa que se teje todos los días con el hacer humano y con la búsqueda de resolver situaciones y problemas. Es esa realidad en la que se procura que las personas que queremos y amamos estén lo mejor posible. Es la posibilidad subjetiva de pensar y sentir por el bien del otro. No se trata de un falso optimismo, no se trata de repetir frases de autoayuda y de postearlas en las redes sociales. No se trata de una alegría descarnada. Lo ideal es que la alegría y la felicidad se tomaran siempre de las manos y ahí nos encontráramos las más de las veces como seres humanos.

Lo cierto es que estamos una sociedad de mercado que ha querido convertir la felicidad en cosas y que ha querido convertir a la alegría en egoísmo. José Miguel Valle*, filósofo y escritor, señala que la sociedad que estamos en una sociedad que promueve “una felicidad que nos hace infelices, porque se presenta inconquistable” desde lo material. Sólo unos pocos pueden lograrlo, y la idea de felicidad no lograda se convierte en decepción. El mercado juega con la ilusión de la felicidad que solamente se logra con el consumo, pero lo que se encuentra con toda seguridad es frustración, fracaso y desesperanza. Byung-Chul Han en la Sociedad del Cansancio ha analizado estas expresiones del capitalismo contemporáneo, que son necesarias reconocer. Así, José Miguel Valle escribe:

Para eliminar equívocos conceptuales prefiero emplear la hermosa palabra alegría, el sentimiento que emerge cuando estamos involucrados en situaciones que favorecen nuestros planes de vida. Necesitamos apropiarnos de la semántica de las palabras en las que habitamos, porque solo podemos vivir bien si tratamos bien a las palabras que nos posibilitan sentir bien. Esos proyectos vitales que al desplegarse nos donan alegría solo pueden llevarse a cabo en marcos de interdependencia.

Y él mismo apunta sobre lo que hace el mercado con relación a la alegría:

Sin embargo, la industria de la autoayuda ha impuesto un macrorrelato que ha despolitizado por completo la reflexión sobre la alegría (que ellos denominan felicidad). Cuanto más se despolitiza el mundo, cuanto más frágiles son los lazos comunitarios, cuando más decrecen tanto los tiempos como los espacios para una vida en común ajena a las experiencias lucrativas, más atomizados e inermes nos hallamos. He aquí el marco modélico para el florecimiento del mercado de la autoayuda.

 

Andante con moto

Alondra Flores Soto**, escribió en La Jornada el texto: “Himno a la Alegría: Esperanza en la pandemia y celebración de Beethoven”, ya que el mundo celebró el pasado 16 diciembre el nacimiento hace 250 años de Ludwig van Beethoven. La música es universal y el legado de “Beethoven nos puede llevar de la más profunda desesperación al lugar más exaltado como lo expresó en las palabras del chelista Yo-Yo Ma. […] Pandemias vienen y van, así como dictadores y presidentes, pero Beethoven permanecerá con nosotros mientras la humanidad exista, escribió el pianista y compositor ruso Evgeny Kissin” y en ese mismo tenor Álvaro Cepeda Neri***escribió hace un año el texto “ Schiller y Beethoven: El himno a la alegría y La novena sinfonía -y en la que apunta que-:

En la Novena Sinfonía, el coro cantó lo que Schiller simplemente tituló A La Alegría, que se publicó en 1786. Su lectura entusiasmó a Beethoven y de inmediato compuso la música. Ambas fueron un himno a la libertad, como anunciando la Revolución Francesa de 1789 que proclamó la fraternidad, la igualdad y la libertad; el tríptico que apuntaló a los nacientes derechos del hombre y del ciudadano. Y de ahí la larga lucha por los Derechos Humanos.



Allegro

Schiller el poeta escribió:

¡Alegría, hermoso destello de los dioses, hija del Elíseo! Ebrios de entusiasmo entramos, diosa celestial, en tu santuario. Tu hechizo une de nuevo lo que la acerba costumbre había separado; todos los hombres vuelven a ser hermanos allí donde tu suave ala se posa. Aquel a que la suerte ha concedido una amistad verdadera, quien haya conquistado a una hermosa mujer, ¡una su júbilo al nuestro!

Los seres toda alegría beben y un amigo probado hasta en la muerte… ¡salvación de tiránicas cadenas!… alegría es el muelle poderoso… alegres, tal como sus soles vuelan, por el brillante prado celestial, haced vuestro camino, oh hermanos, ufanos como un héroe va a triunfar.

Que aflicción y pobreza se presenten, para alegrarse con quienes se alegran, que rencor y venganza ya se olviden, y al mortal enemigo se perdone: ninguna lágrima apremiarlo debe, ningún remordimiento atormentarlo.



Alegro vivace

El Himno de la Alegría es la “coral” de la Sinfonía n.°9 en re menor, op.125 y es una invitación a la vida, a una vida con otros, en comunidad. Beethoven creó y plasmó una de las obras más trascendentales y que es un símbolo de la Libertad humana. Desde 1972 es el himno de la Unión Europea.  Miguel Ríos hizo una adaptación con una la letra que es muy conocida y que refrenda esta idea hermandad, de fraternidad y sororidad que son urgentes y necesarios en estos tiempos.

José Miguel Valle nos invita a retomar la a alegría, pero una alegría encarnada, siguiendo el pensamiento de Adela Cortina, de Bertrand Russel y de Victoria Camps apunta:

En los lenguajes éticos más contemporáneos ambas dimensiones reciben la nomenclatura de ética de mínimos y ética de máximos. Los mínimos son los recursos materiales requeridos para que una persona pueda acceder a una vida digna y estimable. Para evitar agotadoras discusiones bizantinas sobre el repertorio de estas necesidades primarias, desde 1948 quedaron compendiadas en los treinta artículos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Los máximos son los contenidos optativos con los que cada uno de nosotros rellena el contenido de su alegría, los fines con los que brindamos sentido e integridad a nuestra existencia y nos vamos configurando en una particularidad diferente a todas las demás. Esta tarea en perenne transitoriedad es la que nos imanta a la alegría. […] “Mi posicionamiento es que necesitamos tejido conjuntivo que facilite que cada una de nosotras y de nosotros tenga intactas las posibilidades de elegir, es decir, de sacar brillo a la dignidad, rellenando con sus predilecciones aquello que le aproxime a vivir alegremente. El que vive con alegría trata mejor a aquellos con los que vive. La alegría personal promociona la alegría política. Y viceversa.



Coral

Por ahora, entre reflexiones, buenos propósitos y deseo en Navidad y Año Nuevo 2021, necesitamos dar cabida a la Alegría, y con ello poder conversar de la realidad por la que estamos pasando y desde ahí poder enfrentar la incertidumbre y crear esperanza y felicidad en nuestros entornos de vida, pese a la pandemia. Necesitamos a la Alegría, esa que se siente en el alma y en el cuerpo, que nos entusiasma y nos hace ser mejores personas. La alegría es contra cultural a lo establecido, - y lo es porque es una alegría con el otro y para el otro, no es individual o egoísta- y lo es por lo que la Alegría es al final de todo es la libertad de amar lo que se vive.

 

* https://culturainquieta.com/es/pensamiento/item/17388-una-felicidad-que-nos-hace-infelices-por-el-filosofo-jose-miguel-valle.html

**https://www.jornada.com.mx/ultimas/cultura/2020/12/17/2018himno-a-la-alegria2019-esperanza-en-la-pandemia-y-celebracion-a-beethoven-5634.html

*** https://www.contralinea.com.mx/archivo-revista/2019/09/13/schiller-y-beethoven-el-himno-a-la-alegria-y-la-novena-sinfonia/

 

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